27 de octubre de 2009
Los bastardos de Tarantino
LOS BASTARDOS DE TARANTINO
Liliana J. Guzmán
Hay una hermosa cancion del último disco de Gustavo Cerati cuyo estribillo sintetiza la magia de la ultima película de Tarantino, Bastardos sin Gloria. Dice Cerati, en Amor sin Rodeos:
Pueblo chico, infierno grande,
somos caballos salvajes,
Ya desafiamos la ley,
De trampa se hizo la ley.
Y no otra cosa que esos caballos salvajes son estos bastados personajes de Tarantino. Quizás lo que mas define la película, en sí, de Tarantino sea la última oración que el guión pone en boca del personaje de Brad Pitt, Aldo Raine, que dice: “Puede que ésta sea mi obra maestra”. En efecto, y por muchas razones, todo indica que ésta es quizás la obra maestra de la reconocida producción de Quentin Tarantino. Al menos, al alcance de mi mirada, la reunión de elementos que harían de esta obra de Tarantino su mejor producción estarían en el orden de lo estético, lo filosófico, y lo epocalmente testimoniado a modo cinematográfico con el sello particular del director.
Acerca de los elementos estéticos de la obra, encontramos una fusión interesante entre lo que hace propiamente a la marca Tarantino, como su huella singular y que se define bajo un particular modo de acción (sangrienta, descarnada, despiadada), de suspenso, de tratamiento de la ironía (no sólo en el texto del guión sino también en el tejido visual del poder de la imagen… pensemos sino en la marca de la esvástica con puñal en la frente de los victimarios ajusticiados por los bastardos), en el empleo (nada sutil) del morbo, en el develamiento desgarrado con el que se desempolvan todas las verdades con un solo golpe de gracia de la cámara o de la palabra del director (como bien lo representa la huida veloz de Shoshanna del sótano de la casa francesa de Perrier, en las primeras escenas del film). E indudablemente, el recurso estético de la música, esa música que en los films de Tarantino hacen convivir lo clásico con la magia de la acción, lo incidental con la orquestación singular bajo la cual se reivindican melodías caras a nuestra formación cultural (nunca Para Elisa sonó con tanto suspenso), y con la cual se acentúan signos específicos de la obra del autor.
Por otra parte, encontramos esas inquietudes filosóficas imperdibles en toda obra de suspenso, y Tarantino no es la excepción. Inquietudes que atraviesan los cinco capítulos del guión, que serían: “Erase una vez… en la Francia ocupada por los nazis”, “Bastardos sin gloria”, “Noche alemana en París”, “Operación Kino”, “La venganza del rostro gigante”. En los cinco capítulos de la obra se advierten las mismas inquietudes transversales a la linealidad del texto cinematográfico: ¿en qué lugar específico, y simbólico, de la historia contemporánea suceden los acontecimientos?, ¿quiénes son los bastardos sin gloria?, ¿cómo se identifican, a sí mismos, estos personajes sin padre que salen a la guerra y viven experiencias intraducibles a otro ámbito de la existencia como no sea el de sus propias elecciones, su propia libertad?, ¿qué papel juega el cine, en esos (y en estos) tiempos de sombras?, ¿qué modos de acción producen estos hijos sin padre, en circunstancias donde sobrevivir tiene tanta urgencia como amar, elegir, vengarse, huir? En la trama de esas preguntas tan bien planteadas por Tarantino, planteadas como ficciones fantásticas y a su vez verosímiles, aparecen con golpes de acción inescatimable algunas acciones que sobrepasan con la fuerza de la ética la fuerza del horror: la solidaridad, la lealtad, la fortaleza construida en los vínculos de amistad y los lazos de amor que se van tejiendo entre los personajes. De la misma manera que la película va dejando testimonio (y creciente) del papel del cine como arte y como propaganda: en un caso, como arte de ficción (en la puesta en escena de la obra de Tarantino) y en otro caso, al interior de la obra de Tarantino, como el cine como instrumento al servicio de la política propagandística del nazismo (y con esa crítica, sea el ismo que fuese, en cualquier caso, igual da).
En ese tejido ficcional, donde las mentiras son ficciones verdaderas según el joven Nietzsche, me llama mucho la atención este doble juego de Tarantino: la posibilidad de hacer un retrato (irónico y filosófico) de tiempos de guerra, y a la vez, la posibilidad de interrogar la condición contemporánea del fin del arte. Ese doble juego, ese juego de simultaneidad, hace convivir en la singular pluma de su autor, la obra como un una ficción que narra, que relata experiencias terribles en situaciones terribles y que lindan lo siniestro, y a la vez, son ocasión de pensar el arte como experiencia temporal que (nos) da a pensar aquello que debe ser pensado –la finitud en las sombras del horror, en este caso- y el juego del arte como ese evento en el que se consuma (epocalmente) la marca de un tiempo en agonía y el comienzo de otro tiempo, un tiempo en el que las experiencias –si acaso son posibles- serán puestas en palabra por obra del cine como texto en y por el cual nos pensamos a nosotros mismos, nuestras incertidumbres, miserias, terrores, y encantos.
Quizás Hegel se hubiese sentido muy a gusto, sentado en la butaca y asintiendo a los guiños de Aldo Raine con su mueca hacia el costado, cual sátira de Vito Corleone. Quizás Hegel se hubiese sentido muy a gusto asistiendo, con esta película de Tarantino a una fiel representación y puesta en escena del arte como esa doble experiencia: el arte como experiencia o evento del pensar, y la muerte del arte y su consumación. Muerte del arte muy bien escenificada en el capítulo “La venganza del rostro gigante”, con la quema contundente del cine en la noche parisina del estreno alemán. Quizás Hegel se hubiera sentido muy a gusto, viendo en la obra de Tarantino el agotamiento de cierta idea del arte como lugar de la belleza cediendo paso al arte como evento que (nos) expone, (nos) habla, (nos) atraviesa en nuestras contingencias epocales… a la vez que se autorrepresenta a sí mismo, así sea en un incendio fantástico de más de 300 rollos de celuloide y la detonación entre las butacas que hacían de espacio cómodo y seguro a una élite implacable, despótica y cruel. Como fuere, en esta obra de Tarantino, el ejercicio lúdico del pensamiento se nos da en carne viva, en la pluma del director, y en la sonrisa con guiño de unos bastardos sin gloria, hombres sin padre y sin ley, hombres a la deriva de sus patrias y al borde de todos los abismos. Hombres crueles, fugitivos, buscadores insaciables, hombres sin gloria en tiempos de sombras donde el único sueño sea acaso soñar la gloria. Demasiado humanos. Demasiado crueles. Caballos salvajes, dirían Piñeyro y Cerati, caballos salvajes sin honor, sin penas ni gloria. Pero que, por obra de la batuta del cineasta, nos dan que pensar, en tiempos de guerra y no tanto, en tiempos como los nuestros, hoy.
Web oficial: http://www.bastardossingloriapelicula.com/
21 de septiembre de 2009
Cavernas de la Cascada: los espejos de Piñeyro entre las ruinas burguesas

CAVERNAS DE LA CASCADA
Los espejos de Piñeyro entre las ruinas burguesas
Liliana J. Guzmán
Para no perder la buena costumbre de hacer cine de primer nivel, Marcelo Piñeyro (n. en 1953) retoma lo abordado en Cenizas del Paraíso (1997) y El Método (2005): la así llamada angustia de la clase media (y todos sus síndromes). Las viudas de los jueves (2009) es el retrato vivo de una trama oscura, tan oscura como las sombras arropadas en las apariencias que el dinero puede (o simula) lograr en un barrio privado. Pues lo cierto es que el country Altos de la Cascada, hacia fines del año 2001 en que transcurre el relato de Claudia Piñeiro, no es otra cosa sino una representación al desnudo de una caverna de prisioneros enceguecidos, tal como nos retrata Platón en la célebre alegoría de República (Libro VII). ¿Qué es el country Altos de la Cascada, sino una prisión oscura donde los adinerados creen ser felices en el magro supuesto de creerse “ricos”, “prósperos” y “seguros”? ¿Qué lugar más lleno de apariencias que Altos de la Cascada, donde hasta lo que no se puede aparentar debe ser puesto igualmente en apariencia? Pues en el country se vive de supuestos, de la confianza incierta en unas pocas verdades que el dinero puede (o parece que puede) comprar, y que no son sino verdades prendidas en los alfileres de una prisión subterránea de ciegos.
En efecto, los personajes de Las Viudas de los Jueves son precisamente eso: un simulacro de sí mismos, un espejo ilusorio que distorsiona por obra del dinero las imágenes de sí que cada persona pueda llegar a tener. Cada quien es la sombra ni siquiera de sí mismo, sino de la apariencia según la cual cada quien cree saber quién es. Así como en Cenizas del Paraíso, todos los protagonistas mienten para cubrir muchas verdades terribles atrás de un par de asesinatos prácticamente mafiosos, de la misma manera, en Las Viudas… los protagonistas mienten (y se mienten a sí mismos) acerca de sus propias verdades y experiencias… o al menos eso creen, al menos creen mentirse hasta que los cadáveres sumergidos en la piscina pone en relieve el develamiento de verdades terribles de esa caverna acuática en la que culmina (y comienza) un intento de camino de exclaustración de la caverna verdadera (espacial, temporal y construida en forma de un country perfecto). Y así como
El Método pone en visibilidad las mayores miserias humanas (vestidas en trajes y decorados top) para defender la ecuación CV + puesto de trabajo = demoledora necesaria para la cultura de la empresa… De la misma manera, Las Viudas de los Jueves pone al desnudo las mayores miserias humanas a la hora de asumir la vida como un cálculo despiadado, donde el otro no es sino un medio para conseguir fines particulares y réditos materiales. Y entre esas miserias, todos los síndromes de la adicción al dinero: medicaciones psicotrópicas, engaños inescrupulosos, suicidios planificados, seguros estafados, incomunicaciones intergeneracionales e interpersonales, etc… (cualquier parecido con la vida cotidiana, es pura coincidencia). Todo ello sumado a que en esa nube idílica de algodón evanescente es una nube de seguridades afirmadas (y aseguradas) por la prosperidad que encubre todas las inseguridades de cada una de las cuatro familias del relato, como así también las inseguridades de cada personaje.
Personalmente, en la primera escena del film tuve la sensación de cierto regreso a las páginas de La Náusea, de Sartre, en este caso, un estado de tres náuseas ahogadas bajo el agua con el efecto de un equipo de música afectado por cierta avería en la instalación eléctrica. Las náuseas ahogadas en la piscina son el develamiento final (pero dicho al comienzo del film) que resulta de una muerte anunciada, anunciada desde los brindis soleados con ropas blancas, hasta los parlamentos llenos de preguntas de cada habitante del idílico country. Lo que resulta llamativo es cómo el desbordamiento de un individualismo enajenante puede llegar a ahogar la náusea de cada existencia, en un efecto de implosión puertas adentro de un estado de explosión social que vivía el país en ese momento: por un lado, las estafas de los bancos bajo el mote de “corralito” para la clase media, y por el otro, las hambrunas y estallidos sociales que lograba una pobreza extrema construida por obra y gracia de las mismas políticas a las que adherían éstos y tantos propietarios de country. Ahogos sociales que no fueron precisamente suicidios, sino el efecto de un sistema de políticas fielmente acompañadas de quienes compraron tickets a una vida próspera, feliz y segura en la prisión ciega de una caverna lujosa.
Quizás uno de los guiños constantes en toda la obra cinematográfica de Piñeyro, incluso en esta terrible y trágica Las Viudas de los Jueves, sea aquello que Gustavo Cerati se ha ocupado de confirmar en su último disco, Fuerza Natural (2009) especialmente en la canción Deja Vu, que dice:
Todo es mentira, ya verás
La poesía es la única verdad
Sacar belleza de este caos es virtud
¿o no?
Verdad poética que obras de Piñeyro como Plata Quemada, por ejemplo, ha dejado plasmada de modo más que claro, afirmativamente claro: la poesía emerge entre las ruinas, entre las llamas, entre las sombras de los fragmentos de ilusiones y apariencias, un vano y pasajero mundo de apariencias.
Dra. Liliana J. Guzmán
Pagina oficial de Las Viudas de los Jueves:
http://www.lasviudasdelosjueves.com/
Blog de Leonardo Sbaraglia:
http://leonardosbaraglia.blogspot.com/
Horarios en Cinemacenter (San Luis): 15:00 - 17:15 – 19:40 – 22:00
http://www.cinemacenter.com.ar/ver_cines_argentinos.asp?ciudad=8
5 de septiembre de 2009
PRIMER ABIERTO DE NATACION: Una mirada de entusiasmo para pensar la formación deportiva
PRIMER ABIERTO DE NATACION:
Una mirada de entusiasmo para pensar la formación deportiva
Entrevista con Lucas Giménez
Durante los días 29 y 30 de agosto, se realizó en Club El Área el Primer Abierto de Natación Promocional. El evento se nutrió del entusiasmo que acompañó a este último período de formación del equipo y que, básicamente, responde a un fuerte impulso de preparación y compromiso con la actividad deportiva. Este Primer Abierto de Natación fue impulsado y producido por los profesores Damián Stol y Lucas Giménez. En esta entrevista con Lucas Giménez, compartimos algo de esa experiencia, una experiencia pionera en San Luis y que, como tal, abre un interesante campo de posibilidades de formación deportiva a futuro.
Lucas, ¿en qué consistió, básicamente, la propuesta de este Primer Abierto de Natación Promocional que realizaron en el club?
La iniciativa de hacer un Primer Abierto de Natación en San Luis fue a partir de un proyecto 2009-2010 que compartimos con mi compañero de trabajo, Damián Stol. La idea es que podamos empezar después de este evento con una etapa nueva: que los chicos puedan entrenar más de lo que venían haciendo y que todos los meses puedan participar en un evento de competencia. Por eso esta propuesta fue una primera experiencia, quisiéramos darle continuidad anual en San Luis, con la idea de hacer un torneo de invierno en pileta cubierta, como la de este club, y otro torneo al aire libre.
¿O sea que este Abierto fue consecuencia e impulso de las prácticas de formación que están realizando en El Área?
En parte, sí. Somos un equipo de profesores jóvenes, con mucho entusiasmo, tenemos el apoyo del profesor coordinador general del Club, Gabriel Rivero, y nos estamos capacitando en Buenos Aires, eso nos incentiva a generar o proponer cosas que por ahí son distintas a las que habitualmente hacen otros clubes o provincias.
¿Qué expectativas tienen de esta experiencia, y las que sean posibles a futuro, para que puedan desarrollarse como experiencias de formación?
La idea es, en nuestro caso, capacitarse lo máximo que se pueda como para llevar adelante un equipo de competición. Este proyecto 2009-2010 es de federado promocional, el paso siguiente es el federado nacional. Y para esa instancia hay que hacer un esfuerzo muy grande, hay que entrenar más, los chicos antes no habían entrenado en doble turno de lunes a sábado y ahora entrenan con una carga horaria de 10 horas semanales, y la idea sería llevar el equipo a su más alto rendimiento.
¿Qué edades comprendía este primer Abierto? Mejor dicho, ¿cómo estaban organizadas las competencias y los equipos?
Este torneo fue específicamente para federado promocional. Para un federado promocional uno tiene que contar con una licencia anual que le habilita a competir a distintas categorías desde Infantil A hasta Juvenil 3. Eso comprende desde los 6 hasta los 17 años cumplidos.
¿Qué expectativas o proyectos tienen para ampliar el nivel de participación de los chicos, pero ampliando no sólo su nivel de formación sino también su participación en otros lugares?
La idea para este año fue buscar un rendimiento máximo con el mayor entrenamiento posible del equipo, y avanzamos bastante, al menos en entrenamiento y rendimiento del equipo del club. Sería muy bueno que esto suceda con otros clubes, que haya más equipos y más formación. Hasta ahora, no hay una política deportiva general que nos permita hacer demasiados viajes, todo esto fue un esfuerzo de los padres y de los chicos. Tratamos de impulsar la posibilidad de viajar y, por suerte, pudimos ir a varios torneos que hubo, la vez pasada estuvimos en Córdoba y nos gustaría mucho participar en Buenos Aires. El proyecto siguiente sería ir a Rosario, donde realizarán un torneo el 24 y 25 de octubre. Sería el torneo más importante que hay en el país, el Argentino de Natación, con jornadas completas y pileta olímpica de 50 mts por 8 andaribeles, lo cual a los chicos les pone algo nerviosos porque aquí no tenemos la posibilidad de entrenar en pileta larga. Ese torneo además permite la participación de entre 700 y 800 nadadores. El nuestro fue de 150, es decir que son como 5 veces más de lo que tuvimos este fin de semana aquí.
Ese viaje es inminente, casi, dentro de pocas semanas…
Sí, falta muy poco. Ahora ya estamos trabajando en la puesta a punto para ese torneo, puesto que fue uno de los objetivos del año, el único objetivo de nuestra planificación. El año próximo sumaremos más objetivos, por ahora la idea es participar en Rosario. Estamos muy entusiasmados con eso y hemos logrado varios avances en este tiempo.
¿Cómo les gustaría ampliar este campo de experiencias de los chicos, como parte de una formación general?
La idea de este año fue no sólo dedicarnos al entrenamiento técnico para formar un equipo de alto rendimiento, sino también dedicarnos a charlas paralelas con kinesiólogos, nutricionistas, como para que los chicos no se queden sólo en lo que es el entrenamiento en pileta sino que también aprendan temas directamente vinculados a su alimentación, nutrición, salud y cosas que no sólo afectan a una formación deportiva de alto rendimiento, también a las cosas cotidianas, como qué comer en la escuela, en los recreos, o cuando no están los padres en casa. Obviamente, estas charlas son abiertas a los padres, para que estén mejor informados de cómo educar un chico bien alimentado.
Qué buena iniciativa, porque lo más frecuente es considerar el gimnasio o la escuela como una guardería donde el chico queda y el padre se olvida por un rato de su cuidado…
Lamentablemente hoy es así. Son los tiempos que vivimos. No podemos pretender que los padres se ocupen con mayor interés de las actividades de formación de sus hijos cuando ambos deben trabajar muchas horas por día para mantener sus familias. Eso produce que muchas veces los chicos estén solos, van y vienen y se comen un sándwich en la esquina sin saber que así ingiere más calorías y menos proteínas que con otros alimentos. La cuestión sería que aprenda a ver qué puede comer en lugar del sándwich, qué alimentos son más sanos, cómo puede reemplazar en la escuela algunos alimentos por otros. A algo de esto queremos afinar mas para el próximo año, sin descuidar el objetivo fundamental de lograr un equipo de alto rendimiento.
¿Hay posibilidades de que eso suceda en estos meses?
Todas las posibilidades. Al menos, estamos en firme trabajando para eso.
En líneas generales, carecemos de cierta política deportiva, como señalabas antes. ¿Qué líneas te parece que debiera adoptar una política deportiva, si la hubiera?
Quizás no es que no exista una política deportiva, sino que está mal aplicada. Es decir, está aplicada a casos específicos, muy en particular a personas de alto rendimiento, por ejemplo a personas que ganaron una instancia internacional, que se los apoyó mucho antes y después de eso y después sucede que ya tiene más de 32 años y la peor parte la pasó. Como ves, es uno sólo el que llega a beneficiarse con ese apoyo. Lo ideal para una política deportiva, me parece, sería formar a los chicos de 12, 13 años, que tienen futuro y que uno debiera poder ayudarles. Porque lo que sucede, generalmente, es que por ejemplo en este deporte (natación) llega aquel chico cuyo padre tiene dinero y le puede costear gimnasio, transporte, viajes, indumentaria, nutricionista, fisioterapeuta, etc.
Quizás sucede eso porque la formación deportiva, sistemáticamente, aún no está instalada en nuestra cultura.
Claro, aún no está instalada. Una evidencia de eso es que no tenemos un polideportivo municipal o provincial en el que los chicos puedan entrenar. En el caso de natación, hoy, es para unos pocos, nada más.
Y no sucede sólo con la natación.
No. Sucede a nivel general, yo hablo de esto porque es lo más cercano en este momento, pero lo cierto es que es no hay formación deportiva sistemática, y es un hecho complicado y triste. La verdad, es una lástima porque hay mucho talento deportivo aquí en San Luis, pero lamentablemente muchos fracasan y terminan tomando gaseosa en la plaza con los amigos toda la tarde y ocupando el tiempo en nada.
¿Cómo se te ocurre que se podrían potenciar más algunas acciones de formación deportiva?
Lamentablemente, al no tener hoy espacios públicos bien preparados para formarse en serio, lo poco que se hace pasa por la parte privada. Desde que un chico quiere empezar a hacer algo, no tiene otra opción que no sea pagar para entrenarse. Porque tampoco tenemos talleres o centros de preparación de gestión estatal, entonces desde que el niño empieza o elige hacer algún deporte, tiene que pagar y eso ya le limita bastante porque no todos tienen esa posibilidad, mucho menos si se trata de una pileta cara, o un club de tenis o vóley, que son caros no sólo por la cuota sino también por todo lo que implica hacer ese deporte: desde las zapatillas hasta la ropa, la alimentación y el transporte. Al menos si se quiere formar a nivel de atleta, no meramente en un deporte recreativo.
Lo que pasa, sobre todo en América Latina, es que la formación educativa general va divorciada de la formación deportiva. Y es notorio en lo cotidiano: la hora de Educación Física es en la percepción de maestros y alumnos como una hora libre, o una hora recreativa en la que no se aprende nada y no se le da el valor que tienen otras materias de conocimiento.
Sí, eso pasa por una falencia del sistema educativo, y de la estructura escolar, que no está dispuesta para hacer formación deportiva, y también porque el docente no tiene la motivación necesaria para impulsar más la formación deportiva en la escuela. Pero eso difícilmente suceda si uno no sabe si la escuela permite tal o cual actividad, entonces a veces es menos riesgoso que los chicos jueguen al fútbol a que hagan una escalada al cerro, y es más sencillo tener todo el patio controlado sin que nadie se lastime, las condiciones son muy limitadas para que los profesores trabajen bien y con más objetivos de formación. Otro riesgo grande que tienen los establecimientos educativos es que el profesor nunca puede saber del todo en qué condiciones llega un chico a una pileta, a un club, a una clase deportiva de lo que sea. Porque no todos los niños tienen la posibilidad de hacerse una ficha médica, cosa que sí puede suceder en la esfera privada, donde es más accesible exigir una ficha o un estudio o test de esfuerzo que indique si el niño está en condiciones óptimas para hacer tal o cual deporte.
¿Algo que quieras añadir? ¿Perspectivas generales que dejó el Abierto de Natación del fin de semana, además del cansancio?
No, el cansancio es normal pero se recupera. Fue un agotamiento lindo porque la verdad es que todo salió muy bien, tuvimos mucho apoyo del club y de los padres de los chicos. En general, no hubo problemas, todo lo planificado salió bien y nos da más impulso para seguir trabajando en eso.
Muchas gracias.
Lucas Giménez es Profesor de Educación Física, Entrenador de Natación e Instructor de Spinning.
3 de septiembre de 2009
Teatro: Galileo Galilei… la aventura de observar
Teatro:
Galileo Galilei… la aventura de observar
El próximo martes 8 de setiembre se estrenara la obra GALILEO GALILEI… LA AVENTURA DE OBSERVAR, en la Universidad Nacional de San Luis.
La obra fue escrita y dirigida por Cecilia Etchegaray, y producida como una obra de divulgación científica para niños mayores de 8 años. Esta iniciativa, a su vez, se encuentra en el marco del Año Internacional de la Astronomía, por tanto sus objetivos generales son los de promover un mayor acercamiento a la ciencia como conocimiento del mundo y de nosotros mismos, abordar miradas del microscopio y del telescopio como instrumentos que amplían nuestras percepciones, y difundir la figura de GALILEO GALILEI (1589-1642) como prototipo de científico, investigador e inventor.
Estreno: 8 de setiembre, 21 hs. Auditorio “Mauricio López”
31 de agosto de 2009
FICCIONES VERDADERAS Acerca de Mentiras Piadosas (D. Sabanés, 2009)

FICCIONES VERDADERAS
Acerca de Mentiras Piadosas (D. Sabanés, 2009)
Liliana J. Guzmán
En un nutrido y hermoso ensayo de juventud, F. Nietzsche afirmaba que las verdades son ficciones que hemos olvidado que lo son (Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, 1873). De ello se deducía que las comunidades humanas tejían mentiras con las palabas, mentiras verdaderas, mentiras que definidas más allá del ámbito de lo moral, construían verdades o convenciones aceptadas socialmente para dar significado, interpretaciones, metáforas, sentidos a las experiencias que se ponían en juego en la trama de las palabras. Las verdades, dijo Nietzsche, son ilusiones, son mentiras que con el tiempo y el uso vamos olvidando lo que son, y las hacemos verdaderas. Las mentiras, esos juegos de palabras para telarañas de ilusiones verdaderas. Las verdades, esos juegos de palabras que juegan a la ficción para hacernos creer sentidos verdaderos en los sinsentidos ilusorios. Las palabras, “juegos de la imaginación, dijera un señor loco que nunca falta entre los cuerdos”, según escribiera Julio Cortázar.
Y sobre las palabras de Julio Cortázar, sobre esa rayuela de ilusiones, es que Diego Sabanés construye un laberinto encantador con su película Mentiras piadosas (2009). Tejida con un encanto singular, devoto y fiel al lenguaje visual de Julio Cortázar, la ópera prima de Diego Sabanés (rodada en San Luis) ofrece un retrato celebrativo de la poética cortaziana (que se suma al tren de celebraciones que cineastas como Michelangelo Antonioni o Fabian Bielinsky han hecho con la obra de Cortázar) con una representación muy plena en todas las imágenes recurrentes en el escritor: la casa de familia como una “casa tomada”, los viajes a París, las cartas a tía y a mamá y a los hijos viajeros, la familia ampliada, las ilusiones cotidianas, la música, los conejos, las clases, los negocios familiares, las inquietudes filosóficas, las preguntas por la verdad tras las apariencias de las mentiras, los engaños recurrentes, etc.
En efecto, Mentiras Piadosas no sólo que contiene muchísimos elementos de la poética y la literatura cortaziana, sino que además representa el juego de las palabras cuando entretejen ficciones que devienen en ilusiones verdaderas. Ilusiones que le dan sentido a la vida. Ilusiones que hacen posible demorar el letargo hacia la muerte de algunos en virtud del silencio sobre desapariciones de otros. ¿Qué juego hacen las palabras en la obra de Sabanés? Todos los juegos con los que sus personajes, interpretando, reconstruyendo y deconstruyendo el cuento La salud de los enfermos (Todos los fuegos el fuego, 1966) le dan vida a una película cuya trama consiste en crear un paréntesis del tiempo para que el camino hacia las muertes anunciadas sea, de alguna manera, velado y atenuado. En ese paréntesis, los miembros de una familia renuevan la memoria y viajan discontinuamente hacia algunos flashback del pasado. Y entretanto, todos amortiguan el paso del tiempo hacia la muerte con ficciones verdaderas: con mentiras piadosas para que la muerte anunciada no venga con estrépito, con mentiras verdaderas para que la vida continúe habitando en castillos de ficciones por las cuales la vida toma sentido y color, aunque sean ¿… mentiras?
Pero no sólo la muerte es el problema que merodea entre el castillo de naipes que erigen los protagonistas de esta película de Sabanés. También el amor y el exilio son las otras dos inquietudes de Mentiras Piadosas. El amor como la cara de esa moneda que también, como el lenguaje, contrapesa la cercanía de la muerte. Y el exilio como esa odisea misteriosa por la cual alguien salió del hogar y se emprendió en un viaje incierto hacia otra parte. No importa dónde, viaja sin rumbo… quizás para encontrarse a sí mismo, quizás para olvidar esta vida de apariencias, quizás para comenzar una nueva vida de apariencias, y de apariencias sobre las apariencias. A su vez, las ilusiones de amor hacen olvidar a los personajes que de ilusiones también se vive: las ilusiones de amor reúnen y dispersan los fragmentos de cada yo reflejado en la mirada del otro. ¿Quién soy yo, sino ese amor herido que no puede olvidar los amores pasados y que no se entrega a vivir los amores presentes? ¿Quién soy yo, sino esa vida que va camino de su muerte y que necesita olvidar ese tránsito en otro tránsito ilusorio que alivie la angustia y el dolor de estar vivo?
Con la poética típica de las palabras tipeadas a máquina de escribir, con el universo simbólico de Cortázar, con la austeridad que abre la imaginación cuando se pone a rodar para construir una película reconstruyendo textos literarios, con todo eso y en una historia maravillosa y humana, demasiado humana, Mentiras Piadosas es una obra que abre mucho más que la posibilidad a varios festivales internacionales de cine (y palmas desde ya, en augurio de sus posibilidades), es mucho más que una lectura de Cortázar, es mucho más que el retrato viviente de una casa tomada. Mentiras Piadosas es ese mismo juego de las palabras que mienten con ficciones, que construyen verdades, que nos entrampan en bellos laberintos de palabras y angustiados castillos en el aire para recordarnos que los sueños, la imaginación, las ficciones, las vías de fuga en el amor y el exilio del tiempo y de la muerte no son delirios ni locura, son el pan nuestro de cada día y, quizás también, la puerta abierta a infinitas rayuelas y telarañas oníricas de las palabras, para seguir viviendo.
Dra. Liliana J. Guzmán
Agosto de 2009
Web oficial de la película:
http://www.mentiras-piadosas.com.ar/
Web sobre la obra de Julio Cortázar:
http://www.juliocortazar.com.ar/
Cartelera de cine con horarios de proyección de Mentiras Piadosas:
http://www.cinemacenter.com.ar/ (http://www.cinemacenter.com.ar/ver_cartelera_cines.asp?ciudad=8)
28 de agosto de 2009
Primer Abierto de Natación

Club El Área
Primer Abierto de NATACION Promocional
Durante los próximos días 29 y 30 de agosto se realizará el Primer Abierto de NATACION Promocional en el Club Deportivo El Área (República del Líbano 123, San Luis Capital).
En este encuentro participarán delegaciones juveniles de distintos lugares del país, según el cronograma de actividades que luego se detalla. El público general puede asistir y compartir alguna instancia del evento para conocer y alentar las prácticas deportivas que grupos locales pueden realizar como parte de su formación cultural y educativa en general.
Para mayor información, dirigirse a Club El Área
Teléfono (02652) 436840
HOSPEDAJE
Todas las delegaciones se estarán alojando en el Ejercito Argentino.
El desayuno será en el mismo lugar.
- Dirección: Sarmiento y Héroes de Malvinas.
- Encargado: Sr. Aguilera (02652) 15567528 / 422328.
COMIDAS
CENA del VIERNES: Comedor Universitario (Rivadavia y Lavalle). 21 hs.
ALMUERZO del SÁBADO: Comedor Universitario (Rivadavia y Lavalle). 12 hs.
CENA del SÁBADO: Restaurant Lola (Bolívar y Colón) 21 hs.
ALMUERZO del DOMINGO: Área Club (Rep. del Líbano 123)
MERIENDAS: Área Club (Rep. del Líbano 123)
REUNIÓN DE DELEGADOS
Se realizará una reunión de delegados/entrenadores el día sábado a las 11:30 hs. en Área Club, Rep. del Líbano 123, San Luis, Capital. En la misma se tratarán temas concernientes a la organización general del torneo.
ENCARGADOS DE DELEGACIONES
- GO / Biritos: Griselda (15577481)
Entrenador: Néstor Beerli – Tel: 0261- 156922044.
- YPF: Viviana – Belén (15695213)
Entrenadora: Julia Ortega- Tel 0261- 156041699.
- Azul: Mercedes (15370508).
Entrenador: Diego Spuri-Tel: 02623-553465.
Chacras Indoor: Carla (15401685).
Entrenadora: Andrea Fontana Tel: 0261- 6989245.
- Leones: Laila (0264-154674974).
Entrenador: Luis Crivelli-Tel: 0347215500487.
ÁRBITROS CADDA / COMPUTOS DEL TORNEO
El torneo estará fiscalizado por dos árbitros CADDA.
ARBITRO GENERAL: Claudio Aita
JUEZ LARGADOR: Nestor Burgos
El encargado de los cómputos del torneo será el Sr. Paulino Maldocena.
Al finalizar el torneo se encontrará a la venta el cd con los resultados completos del mismo a $5.
MEDICOS: Dr. Miguel Irsick - Dr. Gomez
DESFILE INAUGURAL
El mismo se realizará el día domingo 30 y comenzará puntualmente 9:45 hs. por lo que le solicitamos a cada delegación estar presente en el natatorio desde las 9:15 hs. Los invitamos a traer banderas, estandartes, vinchas o cualquier elemento alegórico a cada entidad representada.
PROGRAMA DE PRUEBAS
PRIMERA JORNADA
29 de Agosto - 14:00 hs. TORNEO
Natatorio habilitado para el ablande a partir de las 12:00 hs.
100 mts. Combinado Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Varones
25 mts. Mariposa Pre A - B Ambos sexos
50 mts. Libre Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Mujeres
50 mts. Espalda Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Varones
25 mts. Libre Pre A - B Ambos sexos
50 mts. Mariposa Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Mujeres
100 mts. Libre Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Varones
100 mts Espalda Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Mujeres
50 mts. Pecho Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Varones
100 mts. Pecho Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Mujeres
4 x 50 mts. Combinado Infantil / Cadete / Menor / Juvenil Varones
4 x 50 mts. Combinado Infantil / Cadete / Menor / Juvenil Mujeres
SEGUNDA JORNADA
30 de Agosto
9:45 hs. DESFILE INAUGURAL
10:00 hs. TORNEO
Natatorio habilitado para el ablande a partir de las 08:00 hs.
100 mts. Combinado Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Mujeres
25 mts. Espalda Pre A - B Ambos sexos
50 mts. Libre Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Varones
50 mts. Espalda Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Mujeres
25 mts. Pecho Pre A - B Ambos sexos
50 mts. Mariposa Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Varones
100 mts. Libre Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Mujeres
100 mts Espalda Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Varones
50 mts. Pecho Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Mujeres
100 mts. Pecho Inf. / Cad. 1-2 /Men. 1-2 /Juvenil Varones
4 x 50 mts. Libre Infantil / Cadete / Menor / Juvenil Mujeres
4 x 50 mts. Libre Infantil / Cadete / Menor / Juvenil Varones
RESPONSABLES AREA CLUB
Entrenadores
Lucas Gimenez (02652) 15369696
Damián Stol (02652) 15377033
Director
Gabriel Rivero (02652) 156-88148
GRACIAS POR PARTICIPAR. La entrada es libre y gratuita.
27 de agosto de 2009
SAN LUIS EN EL LIBRO DEL CENTENARIO
SAN LUIS EN EL LIBRO DEL CENTENARIO
Hoy 27 de agosto, en horas de la tarde, el Programa SAN LUIS LIBRO presentó el texto SAN LUIS EN EL LIBRO DEL CENTENARIO, en el Salón Blanco de Casa de Gobierno.
El acto estuvo a cargo de la Jefa de Programa San Luis Libro, Lic. Adriana Ortiz Suárez, en compañía del Vicegobernador de la Provincia, Dr. Jorge Pellegrini y la Dra. Marisa Requiere. Según expresaba la Lic. Ortiz Suárez, la publicación de este libro responde a dos objetivos específicos del Programa: editar los textos clásicos de nuestra cultura y renovar la memoria e identidad promoviendo la lectura de aquellos materiales que nos relatan nuestras experiencias y formaciones históricas y culturales. En este sentido, el texto SAN LUIS EN EL LIBRO DEL CENTENARIO corresponde, específicamente, al texto escrito y publicado por Juan W. Gez en al Libro del Centenario (1910), en ocasión del Primer Centenario de nuestro país, en el que se da testimonio de la constitución sanluiseña durante los períodos colonial, independentista, constitucional y el período de organización de la República entre 1862-1880. Los detalles temáticos acerca del texto de Juan W. Gez estuvieron a cargo de la Dra. Marisa Requiere, y en especial consideración a los estudiantes del Instituto de Formación Docente Continua, presentes en el acto.
El texto SAN LUIS EN EL LIBRO DEL CENTENARIO puede adquirirse en las oficinas del Programa San Luis Libro:
Antiguo Templo Santo Domingo (25 de Mayo 971)
TE: 02652-452000
http://www.sanluislibro.sanluis.gov.ar/index.html
22 de agosto de 2009
LÉE-ME Experiencias de lectura con El Lector (S. Daldry-B.Schlink)
LÉE-ME
Experiencias de lectura con El Lector (S. Daldry-B.Schlink)
Dra. Liliana J. Guzmán
Sing to me of the Man, Muse,
The Man of twists and turns
Driven time and again off course,
Once he had plundered
The hallowed heights of Troy…
Many cities of men he saw and
Learned their minds,
Many pains he suffered, heartsick
At the open sea,
Fighting to save his life and bring
His comrades home…
HOMER, The Odyssey
Quisiera ésta ser una interpretación del film y la novela El Lector (The Reader, película (2009) dirigida por Stephen Daldry (1961-), con guión de David Hare sobre el libro Der Vorlesser, de Bernard Schlink) (1). Tarea dificultada no sólo por tratarse la novela y film de una experiencia de la lectura, propiamente, sino también porque he procurado interpretar la obra de Bernard Schlink (1944-) en los tres planos al alcance de mi mano en este momento: el texto de la novela de Schlink, el texto del guión y el texto cinematográfico. En una interpretación transversal de los tres textos, abordaré los conceptos de “lectura y escritura como prácticas”, “relato biográfico”, “marcas de subjetividad en los procesos del leer y el escribir”, “lugar de la emoción y de la mediación”. Para tales conceptos, abordaré una hermenéutica de la obra en su conjunto trazando una suerte de paralelo entre esos conceptos y las situaciones que identifico como “eminentes” (2) (o que se dan a interpretar en un haz de pensamientos e inquietudes) en la trama de El Lector, y que serían las experiencias de lectura y escritura específicas en las que los protagonistas se encuentran y desencuentran consigo mismos y con el otro, el relato de sí como esa construcción atravesada de eros pedagógico y de imágenes de la figura amada, las experiencias de los personajes para atravesar procesos de subjetividad con la palabra y la experiencia del amor como camino de pérdida y búsqueda de sí mismos.
Muy en breve, la historia de El Lector consta del viaje hacia sí mismo que hace Michael Berg, un hombre de casi cincuenta años hacia mediados de los ‘90, abogado, evocando y reviviendo en la memoria su primer romance adolescente con una mujer mayor que él, romance vivido en los años ‘50 en la ciudad natal de Michael, Neustad (Alemania Occidental). Ella fue Hanna Schmitz, inspectora de boletos en el tranvía y con un pasado misterioso cuyo enigma será, de algún modo, develado diez años después del romance en ocasión de un juicio a seis mujeres que participaron como guardias de la SS en los campos de concentración de Auschwitz y Cracovia. Los años de prisión de Hanna serán, para Michael, un camino de retorno en la memoria, y para ella, una escuela de aprendizaje; pero en ambos casos el acto de la lectura se convierte en un ejercicio vital, en una experiencia de amor en y por la cual la historia social y singular de los protagonistas pondrá en escena los dolores del pasado, sus enigmas, deseos, heridas y vivencias actualizadas en cada instante del presente.
Leer, escribir, ir hacia sí y hacia el otro
La novela de Schlink, como la película de Daldry, pone en escena las experiencias de leer y escribir como acciones en camino hacia sí y hacia el otro, y como acciones demarcadas en una primera instancia en la personificación de Michael Berg adolescente y adulto, en la primera y segunda parte de la novela, y en segunda instancia en la figura de Hanna Schmitz ya anciana, haciendo un camino de autoenseñanza de leer y escribir en prisión.
Las imágenes de Michael adolescente están atravesadas a pleno por las inquietudes y problemas propios de quien adolece de identidad y proyecto consciente de una existencia planificada con relación a un futuro específico, espacio y lugar determinados, etc. Veamos, por ejemplo, una situación de “falta de tiempo”, o de ocupación de la temporalidad de Michael en la acción de leer a Hanna a la vez que leer las cosas exigidas por el colegio o que simplemente le interesaban para sí mismo o para leer a Hanna con detalle y expresividad. Dice un fragmento:
“Y el motivo de que nos faltara tiempo es que había empezado a leerle en voz alta. El día siguiente a nuestra conversación, Hanna me preguntó qué cosas aprendía en el colegio. Le hablé de los poemas de Homero, de los discursos de Cicerón y de la historia de Hemingway en la que un viejo lucha contra un pez y contra el mar. Ella quería saber cómo sonaban el latín y el griego, y le leí fragmentos de la Odisea y de las Catilinarias.” (3)
Se advierte en ese fragmento un conjunto de elementos fundamentales: en primer lugar, lo que sería el “empleo del tiempo”, puesto que Michael dedica largas horas de sus tardes a leerle en voz alta a la mujer de quien está enamorado. Largas horas que se comparten entre la necesidad de dar en el habla lo que a ella le interesa (que le lean) y la necesidad de llevar al día (incluso a instancias de Hanna) las tareas del colegio. El tiempo compartido entre ambos amantes se convierte así en el tiempo de ocupación de lo que serían las exigencias y responsabilidades escolares del muchacho, y las curiosidades de la mujer tras su larga jornada de trabajo sobre los vagones del tranvía. Otro elemento visible (y elemental) es la aparición, en la escena compartida por el habla y la lectura, de los textos clásicos de la literatura occidental. Michael Berg está despertando al mundo de la tradición y de las lenguas: su conocimiento de los textos clásicos, como su incursión en el horizonte de otras lenguas extrañas a su vida y propias de nuestra cultura, devienen así en nuevos mundos a los que entra con la compañía atenta de su mujer amada. De tal modo, el tiempo relajado o distraído de Michael adolescente se convierte en un tiempo de lectura, y de incursión en el arte de la lectura en voz alta, compartido entre quien debe estudiar y quien desea aprender. Ocupación y deseo que se fusionan en una experiencia singular donde cada página leída es un viaje a lo desconocido del texto, a lo desconocido de sí mismo y lo extraño del otro, un viaje transitado entre el texto, la ducha y el amor. Dice un fragmento:
“Tuve que leerle Emilia Galotti media hora entera antes que ella me metiera en la ducha y luego en la cama. Ahora ya me había acostumbrado a las duchas y me gustaban. Pero con tanta lectura se me habían pasado las ganas. Para leer una obra de teatro de manera que los diferentes personajes sean reconocibles y tengan un poco de vida, hace falta un cierto grado de concentración. En la ducha me volvían las ganas. Lectura, ducha, amor y luego holgazanear un poco en la cama: ése era entonces el ritual de nuestros encuentros.” (4)
Una imagen muy bella sobre la lectura como una travesía hacia sí mismo la encontramos en un Michael ya no adolescente pero tampoco adulto. En la Facultad de Derecho, encontramos al joven Michael imbuido en el proceso de “revisión del pasado” -como su grupo le llamaba- que implicaba asistir e investigar acerca del juicio que se realizaba a seis mujeres que fueran guardias de la SS en los campos de Cracovia y Auschwitz. La más joven de ellas es, en efecto, Hanna Schmitz. Evocando esos años universitarios, Michael escribe lo que será una de sus experiencias de lectura de ese momento, una experiencia definida por cierta distancia y cercanía con los acontecimientos, con la palabra, el texto y el encuentro con una lengua extranjera:
“La versión alemana del libro de la hija sobre su paso por los campos de exterminio no apareció hasta acabado el juicio (…) Yo tuve que leer el libro en inglés, algo que por entonces todavía era para mí una empresa inusual y trabajosa. Y, como siempre que se lee en una lengua extranjera que no se domina y con la que hay que pelearse, el resultado fue una extraña combinación de distancia y cercanía. Uno se esfuerza en profundizar todo lo posible en el texto, pero no consigue hacerlo suyo. Sigue siendo extraño, lo mismo que la lengua en que está escrito. Años más tarde volví a leerlo y descubrí que esa distancia está en el libro mismo. No invita al lector a identificarse con nadie…”. (5)
En algún momento de su vida adulta, y ya en etapa de “consolidación” o búsqueda de perfil específico en su carrera de abogado, Michael Berg redescubre algunos textos de los que le apasionaba leer a Hanna. Entre ellos, uno de los clásicos atribuidos a Homero, que además de ponerlo en camino hacia sus propios pensamientos acerca de sí mismo como el abogado en búsqueda de cierta identidad profesional, le pone de cara a la vida dinámica de cada viaje que es cada experiencia vivida, de cada viaje como un retorno a ninguna parte, de cada regreso a ningún lugar que sólo consta de ponerse en movimiento y cultivar la inquietud por seguir preguntando en cada tramo del camino:
“Pero el que huye no sólo se marcha de un lugar, sino que llega a otro. Y el pasado al que llegué a través de mis estudios era tan vívido como el presente. (…) Por entonces releí la Odisea, que había leído por primera vez en bachillerato, y que recordaba como la historia de un regreso. Pero no es la historia de un regreso. Los griegos, que sabían que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, no creían en el regreso, por supuesto. Ulises no regresa para quedarse, sino para volver a zarpar. La Odisea es la historia de un movimiento, con objetivo y sin él al mismo tiempo, provechoso e inútil. ¿Y qué otra cosa se puede decir de la historia del Derecho?” (6)
Hasta allí el recorrido de Michael como lector adolescente enamorado, como lector adulto herido por ese amor de juventud, y -en ese tránsito vital- todo ese camino por la palabra que se lee al otro, que se piensa con el texto para el oído del otro, y que en ese pensarse y tomar cuerpo en la palabra construye un camino para el otro. Un camino trazado de enigmas y sorpresas, de vivencias apasionadas con el tiempo vivido, el tiempo soñado y el descubrimiento de los clásicos y el retorno a los mismos. Veamos ahora cómo es la experiencia de Hanna en camino hacia sí, no precisamente con las lecturas de Michael –puesto que sólo contamos con el relato de Michael en la novela como en el film- sino con aquel acontecimiento que supone entregarse a un proceso de autoenseñanza de la lectura y escritura. De la pasión (y su efecto en una obra alfabetizadora) por oír textos leídos en las cintas enviadas a Hanna en prisión, encontramos el relato de Michael:
“Al cuarto año de nuestra relación, al mismo tiempo tan abundante y tan parca en palabras, me llegó un saludo: “la última historia me ha gustado mucho, chiquillo. Gracias. Hanna.” (…) Hanna lo había empuñado con mucha energía (…) Se veía la resistencia que Hanna había tenido que vencer para formar letras con los trazos y palabras con las letras. ” (7)
En una de las escenas más emotivas del film (capítulos 19 y 20) encontramos una celda de prisión con una imagen indescriptiblemente bellísima: Hanna disfruta tanto de la audición de la cinta de A Lady with the Little Dog (A. Chekhov) que decide aprender a leer. Lo que primero es un juego con las palabras (contar las veces que aparece el artículo the), luego se convierte en una dedicación sistemática a comprender la lectura del texto aprendiendo a escribir. Aprendizaje y alfabetización que a Michael le llegan por epistolares, por cartas con palabras marcadas y simples, sencillez que no aminora la intensidad de la pasión con la que espera y lee cada envío de cintas. Es evidente el hecho de que la dedicación amorosa de Michael para leer y grabar, le inspira a Hanna no sólo el deseo de alfabetizarse sino también la posibilidad de expresar algo de su afecto por él. Dice el guión del film:
INT. CELL. NIGHT
HANNA is lying in bed listening to a new tape.
MICHAEL
The Lady with the Little Dog, by Anton Chekhov. “The talk was that a new face had appeared on the promenade, a lady with a little dog…”
EXT. EXERCISE YARD. PRISON. DAY
HANNA is walking round with other PRISONERS, in sequence. Suddenly she stops dead, an idea hitting her.
(…)
INT. CELL. DAY
HANNA is back in the cell. She puts down a new parcel and a book. She puts the parcel to one side, then opens the book. She then winds back the tape which is already in the recorder.
MICHAEL`S VOICE
The Lady with the Little Dog, by Anton Chekhov. “The talk was…
She turns off the tape. She runs her finger along the tittle “The Lady with the Little Dog”. She gets down a small decorated metal tin, and takes a pencil from it. She starts making the sounds. “The”, “the”, “the”… L, L, L, etc. (8)
En ese hecho de mediación amorosa (como en las otras situaciones de lectura, durante el romance de 1958), la lectura y la escritura se convierten en un papel en blanco en el que se escribe (y aprende) una lectura con el otro, un acontecimiento en el que alguien-me-lee y alguien-es-leído y a partir del cual alguien-me-escribe y alguien-se-escribe, un camino de ir hacia el otro y volver a sí mismo, en el silencio de la lectura, en el diálogo de la escritura incipiente, en ese umbral maravilloso e indefinido donde sólo ocurre la palabra.
Narrar-se entre las imágenes del sí y el espejo del otro
¿Qué procedimiento comienza así, con la lectura para otro, para alguien amado que demanda que le lean? Ni más ni menos que el deseo escritural del joven Michael por narrarse a sí mismo, primero escribiendo un poema de amor, luego –varios años después- narrando su experiencia con Hanna, construyendo el relato de una historia de amor donde la lectura era tan deseable y apasionada como los actos de ducharse y hacer el amor. En un primer momento, encontramos que esta posibilidad de narrarse a sí mismo, de contar una historia en la que se es el primer personaje, es una historia que desborda en los sentimientos y vivencias que de su romance adolescente evoca Michael Berg, entre esas vivencias, la del estado de seguridad en sí mismo:
“Hanna me daba una seguridad que ahora me parece asombrosa. Mi éxito en el colegio atrajo sobre mí la atención de los profesores y me garantizó su respeto. Las chicas con las que trataba se daban cuenta de que no las temía, y eso les gustaba. Me sentía bien dentro de mi cuerpo.” (9)
En las palabras cuasi autobiográficas de Bernard Schlink, tenemos que esa sensación o estado de seguridad en sí mismo se traducía en una fuente directa de dinamismo y entusiasmo que inspiraba sus mayores potencialidades, aspiraciones y deseos:
“Recuerdo aquellos días y me veo a mí mismo (…) pero estaba rebosante de energía, de confianza en ser un día guapo e inteligente, superior y admirado, de ansiedad por enfrentarme a nuevas personas y situaciones.” (10)
Todo ese programa disperso y nutrido de tanta poesía, de tan diversos autores y corrientes literarias y que sin embargo conformaban un canon para una poética del amor, se va convirtiendo en el horizonte interpretativo y creador desde y en el cual Michael comienza a ejercitar su propia escritura, con un poema de amor para Hanna:
Cuando nos abrimos,
Tú a mí y yo a ti,
Cuando nos sumergimos,
Tú en mí y yo en ti,
Cuando nos olvidamos,
Tú en mí y yo en ti.
Sólo entonces
Yo soy yo
Y tú eres tú. (11)
Amén del nacimiento de cierto deseo de escritura poética –aquí sólo posible en y con la mirada del otro-, vemos en el relato de Michael la experiencia de cultivo de una inquietud filosófica, de un estado de desborde de tantas preguntas como experiencias de lectura y vivencias atraviesa no sólo en su romance con Hanna sino también en ocasión del juicio al que, por razones académicas, debe asistir. Ante el desconcierto que le significa el proceso de un juicio prácticamente injusto, o donde un misterio no es revelado por la persona más afectada por ello, y que orienta el fallo del tribunal hacia un fin predecible pero no deseado, la inquietud conceptualmente filosófica que más ocupa y preocupa a Michael, como estudiante de Derecho, es uno de los problemas que desde Platón en adelante nos ocupa en todo tiempo y lugar, el problema de la justicia:
“¿Qué era la justicia? ¿Lo que decían los libros o lo que se imponía y aplicaba en la vida real?” (12)
Pero no sólo las preguntas filosóficas, las inquietudes vitales traducidas en problemas conceptuales serán también para Michael un problema a cultivar y resolver. En efecto, Michael procura resolver esa contradicción espiritual que le afecta desde comienzos del juicio: Michael busca comprender el pasado de Hanna tanto como el pasado de la Alemania nazi, pero al mismo tiempo busca liberarse de una promesa de amor convertida en herida existencial a través de una condena implacable para con ella:
“Quería comprender y al mismo tiempo condenar el crimen de Hanna. Pero su crimen era demasiado terrible.” (13)
Por otra parte, ese estado de contradicción en su alma deviene en desasosiego, un desasosiego en el que también se siente culpable y que le arroja a una sed insatisfecha e interminable por leer, leer, leer y estudiar compulsivamente, como si el exceso de lectura fuera una vía de liberación para olvidar el juicio, Hanna, el pasado, toda la historia de sí mismo que se convertía en algo más pesado de lo que todo recuerdo de los momentos de lectura pudieran aliviar:
“El verano que siguió al juicio me lo pasé en la sala de lectura de la biblioteca universitaria. (…) Estudiaba de una forma tan exclusiva y obsesiva, que los sentimientos y pensamientos que el juicio había dejado aturdidos siguieron igual de aturdidos.” (14)
Esta experiencia de desasosiego, esta inquietud insaciable, se convierte también en la metáfora de una búsqueda errante plasmada en la figura del camino escarpado en el bosque, como lugar del acontecimiento de verdades escondidas, de develamiento de enigmas, de senderos perdidos en laberintos para los cuales ya no alcanza la mirada del otro, no tanto como la también insuficiente capacidad de pensar, buscar, hurgar en la memoria del pasado y comprender algo de los acontecimientos. La metáfora de Schlink sobre esa experiencia del camino dice:
“He vuelto a encontrar el lugar del bosque en el que se me reveló el secreto de Hanna. (…) Y fue en un camino escarpado que asciende por la falda de la montaña, cruza la carretera, pasa por delante de una fuente y, tras cruzar una arboleda alta y oscura, se interna en un bosque ralo.” (15)
Metáfora del camino en el bosque que, en otro fragmento del texto, adopta la forma de un viaje sin sentido sobre un tranvía vacío, que no es otra cosa sino una variación de la metáfora esencial y recurrente del texto en la figura del tren, espacio dinámico en el que nace el amor entre ambos y en el que eventualmente transcurre la vida:
“Pero me sentía excluido, expulsado del mundo normal en el que la gente vivía, trabajaba y amaba. Como si estuviera condenado a un viaje sin rumbo ni final a bordo de un tranvía vacío.” (16)
Pero el espejo del otro, y las heridas que ese espejo había producido a niveles tan profundos del alma inquieta de Michael, lograban fusionar el efecto de la nostalgia con el sabor amargo de las sombras del pasado proyectadas también en ese acto de narrarse, de contar la historia de su propio personaje, y en el develamiento de misterios terribles encubiertos tras largas tardes de amor de un romance cultivado por la lectura:
“¿Por qué me pongo tan triste cuando pienso en aquellos días? ¿Será que añoro la felicidad pasada? (…) ¿O será por lo que descubrí más tarde, por la sombra que ese descubrimiento tardío arroja sobre aquellos días del pasado? (…) ¿Es eso lo que sobreviene cuando, al mirar atrás, los recuerdos hermosos se nos vuelven quebradizos, al ver que aquella felicidad no se alimentaba sólo de la situación del momento, sino de una promesa que no se cumplió?” (17)
Leer-se, escribir-se, cuidar de sí cuidando del otro
Leer para Hanna. Leer para sí mismo. Encontrarse con Hanna. Encontrarse consigo mismo. Mirarse en el espejo del otro. Reunir los fragmentos de los espejos rotos en la memoria y en la palabra. Narrarse a sí mismo reconstruyendo los trozos de todas las heridas del pasado, tan vivo, tan terrible, tan bello… y tan presente. Todas esas experiencias confluyen en el relato con el que Michael Berg evoca sus experiencias de lectura. Sin embargo, al renovar las prácticas de lectura para Hanna, ya en prisión y casi veinte años después del juicio, Michael pondrá en diálogo sus experiencias de lectura con el deseo de escribir, y de escribir para Hanna, esa entidad tan fuerte y que tanto le hirió de amor:
“Cuando empecé a escribir yo, le leía también cosas mías. (…) Quería cerrar el círculo con la grabación. Hanna se convertía en la entidad para la que ponía en juego todas mis fuerzas, toda mi creatividad, toda mi fantasía crítica. Luego podía enviar el manuscrito a la editorial.” (18)
Ese deseo por un ejercicio escritural es orientado, al menos, hacia dos direcciones: hacia la posibilidad de narrarse a sí mismo como el personaje de su propia historia, y a su vez, hacia las experiencias que despierta la lectura de un clásico, como acontecimiento vital atravesado de vida, belleza, pasión, inquietud y memoria, memoria de las figuras del pasado que siempre están aquí, en el presente, en cada acto de leer y escribir, en cada palabra, y que son evocadas en instantes de retorno a esos momentos de lectura destinados a otro (y a sí mismo):
“Con La Odisea empezó todo. La leí después de separarme de Gertrud. Pasaba muchas noches sin dormir más que unas pocas horas y dando vuelas en la cama (…) Así que decidí leer en voz alta. De ese modo no se me cerraban los ojos. Pero en mis confusas divagaciones de duermevela, llenas de recuerdos y sueños de atormentadores círculos viciosos, que giraban en torno a mi matrimonio, mi hija y mi vida, se imponía una y otra vez la figura de Hanna. Así que decidí leer para Hanna. Y empecé a grabarle cintas.” (19)
Ejercicios de lectura que incluso iban más allá del presente de ambos: Hanna se había autoalfabetizado, y sin embargo, para Michael la lectura –incluso la de sus propios textos- era un gesto de rehabilitación de su vida con Hanna, su pasado con Hanna, su amor por una mujer que le inició en la vida sexual y que le marcó la vida de tal manera que aún pese a todos sus dolores, humillaciones y fracasos, él necesitaba evocar como aquella figura amada con la que se habla la experiencia del vivir y del vivir en la lectura, en cada acto de leer y escribirse leyendo para el otro:
“No me planteaba la posibilidad de que Hanna, ahora que ya sabía leer, quizás ya no necesitase mis cintas. (…) Pero la lectura era mi manera de dirigirme a ella, de hablar con ella.” (20)
Quizás con más dedicación durante los sucesos del romance, en el verano de 1958, que en su período de grabación de cintas para Hanna en prisión, es que Michael de alguna manera construyó y vivenció cuidados de sí y cuidados del otro, cierta práctica de la antigua epimeleia heautou trazada no sólo en la lectura sino también en los espacios de diálogo, de disputas, de encantamiento y curiosidad por sí mismo y por una mujer que escondía un secreto que la avergonzaba, una imposibilidad que la llevaría no sólo a la culpa sino también a la renuncia a tantas oportunidades en la vida. En el caso de Michael, proyecta su dasein no sólo en la posibilidad de leer para otro –y escribir para otro-, también en el entusiasmo vital con el que reincide cada tarde en instantes de amor, humor, curiosidad, encantamiento, descubrimiento del fascinante mundo de la literatura y del juego de la palabra del texto hecha carne en su propia subjetividad. Este proyecto de vida, esta pasión por leer, por leer-se y leer-le a Hanna perdura en él larguísimos años, siempre renovándose, y es vivido por él mismo como una fuente de inquietud, como un fármaco que alimenta el cuidado de su propia inquietud, y la necesidad de despertar lo mismo en el otro, en esa figura amada:
“Mantuvimos nuestro ritual de lectura, ducha, amor y reposo. Le leí Guerra y paz, con todas las disgresiones de Tolstoi sobre la historia, los grandes hombres, Rusia, el amor y el matrimonio (…) Y como siempre, Hanna siguió atentamente el desarrollo de la narración.” (21)
Tal comunión es el camino adolescente y luego adulto que Michael atravesará a modo de cuidado de sí, leyendo para mantener viva la memoria. De la misma manera, esa misma intensidad y devoción será con la que cultive el cuidado de Hanna: a través de cintas grabadas con horas y trasnoches de lectura, Michael abre para Hanna no sólo el camino hacia la alfabetización sino también las puertas del deseo para habitar otros mundos que alivien el peso del mundo de sombras de la guerra, la culpa, la ignorancia y la prisión. Para que, en definitiva, la morada en la palabra de la literatura refresque su existencia en las preguntas por sí mismas pensadas y vividas desde el mundo ficcional y verdadero, tan ficcional y a la vez tan verdadero, de la vida de las palabras hechas materia en la literatura y en la experiencia de ambos personajes pensándose a sí mismos.
El amor, la palabra y el laberinto de la experiencia
Es curioso un fragmento del texto de la novela en el que Michael hace consciente su contrariedad marcada por el amor con Hanna: Michael necesita leerle, Michael necesita amarla y simultáneamente, Michael desea librarse de esa mujer cuya figura se le impone, de ese pasado que retorna en cada momento presente. Estado de contrariedad, o simultaneidad de estados de confrontación consigo mismo, que aparecen en el movimiento vital de un juego escrito por la palabra: por la palabra que recuerda, por la palabra con la que Michael/Bernard se narra a sí mismo, por la palabra que hace de puente de amor para llegar a Hanna a través de una experiencia con la lectura. Juego entramado en un laberinto oscuro del que nadie conoce la salida, ni Hanna en las prisiones de sí misma, ni Michael en la prisión de un amor que le ha marcado a fuego y con un hilo de Ariadna del que sólo puede asirse con la palabra: la palabra escrita, la palabra leída, la palabra ausente, la palabra que recuerda, la palabra que se da a otro y que toma otras direcciones imprevistas en ese laberinto de amor y experiencia en el que habitan ambos personajes. Hilo de Ariadna que Michael define como algo enigmático, tan enigmático como el mayor secreto de Hanna, pero que aún siendo enigma para sí mismo, le pone en movimiento hacia todo ese pasado recurrente y tan vivo como todas las preguntas que le inquietan:
“Pero en lo que sucedió en aquellos días reconozco hoy el mismo esquema por medio del cual el pensamiento y la acción se han conjuntado o han divergido durante toda mi vida. (…) Hay algo en mí, sea lo que sea, que actúa; algo que se pone en camino para ir a ver a una mujer a la que no quiero volver a ver más, que le hace a un superior un comentario que me puede costar la cabeza, que sigue fumando aunque yo he resuelto dejar de fumar…” (22)
Ese hilo enigmático que Michael tiene entre sus manos para habitar ese laberinto extraño que nació en un romance de verano es el corazón de la inquietud de este lector/escritor que elige escribirnos algo de esa trama laberíntica para evocar lo que él mismo comprende como su experiencia vital:
“Ya han pasado diez años desde todo aquello. (…) No importa lo que hice o no hice, ni lo que ella me hizo a mí: es mi vida, eso es todo.” (23)
¿Qué otra cosa sino esa experiencia vital de Michael, el adolescente enamorado, el abogado nostálgico y melancólico, es lo que Michael Berg nos da de sí mismo en nuestra experiencia de lectura con esa obra, con la obra de ese lector/escritor herido de amor y hechicero de la palabra? ¿Qué hacer con esa experiencia iniciada en la lectura y el amor? ¿Qué hace Michael/Bernard con esa experiencia de lectura para que, a su vez, nosotros hagamos nuestra experiencia leyéndole? Según sus palabras, este hombre lector se (y nos) escribe, se (nos) da con todo ese laberinto enigmático de senderos extraños en el juego de una palabra escrita que pide ser leída, como su experiencia verdadera de amor:
“La decisión de escribir nuestra historia la tomé poco después de su muerte. Desde entonces, esta historia se ha escrito muchas veces en mi cabeza, cada vez un poco diferente, cada vez con nuevas imágenes y fragmentos de acción y pensamiento. (…) Durante mucho tiempo pensé que era una historia muy triste. No es que ahora piense que es alegre. Pero sí pienso que es verdadera y que por eso la cuestión de si es triste o alegre carece de importancia. (…) Los estratos de nuestra vida reposan tan juntos los unos sobre los otros que en lo actual siempre advertimos la presencia de lo antiguo, y no como algo desechado y acabado sino presente y vívido. Lo comprendo. Pero a veces me parece casi insoportable. Quizás sí escribí la historia para librarme de ella, aunque sé que no puedo.” (24)
En ese laberinto de experiencia narrado por sí mismo, aparecen con mucha fluidez las preguntas filosóficas que desbordan a Michael, las preguntas por sí mismo, por la vida y el mundo que vive, que lo movían a escribir:
“Entré en un estado de extraña inquietud (…) hasta que me decidía a levantarme y seguir leyendo o escribiendo.” (25)
Las preguntas por algún “nosotros” histórico que no podía comprender las generaciones del pasado y que tampoco podían liberarse de cierta culpa por la herencia del pasado:
“¿Cómo debía interpretar mi generación…? (…) ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin?” (26)
Las preguntas que el juicio a las seis mujeres había suscitado en Michael y sus compañeros de Heidelberg como problemas éticos y morales que ameritaban un detenimiento en sí mismos y que fueron, a su vez, un pretexto para dialogar con su padre y comprenderle en sus limitaciones y guía para seguir pensando y pensándose a sí mismo:
“No fui a hablar con mi padre, sino con el filósofo que había escrito libros sobre Kant y Hegel, autores que, por lo que yo sabía, habían reflexionado sobre asuntos morales (…) Para empezar se remontó a conceptos como la persona, la libertad y la dignidad, y recalcó la idea del ser humano como sujeto al que nadie tiene derecho a convertir en objeto.” (27)
Y las preguntas filosóficas que el misterio de Hanna despertaba en los recuerdos de un amor herido por motivos desconocidos y que, de alguna manera, explicaba sus actitudes evasivas ante potenciales exposiciones que pondrían al descubierto su analfabetismo y, por ende, sus limitaciones para una incorporación plena y activa en el mundo y con ello, para pensarse a sí misma. Específicamente, ese estado de Hanna es comprendido por Michael desde una óptica kantiana, en referencia a la idea de Ilustración, y en tanto un problema de “minoría de edad”:
“El analfabetismo es una especie de minoría de edad eterna. Al tener el coraje de aprender a leer y escribir, Hanna había dado el paso que llevaba de la minoría a la mayoría de edad, un paso hacia la conciencia.” (28)
Y con todas esas preguntas e inquietudes filosóficas, una constelación de imágenes de Hanna desborda en la memoria de Michael. Por ejemplo, una mujer bella pero enigmática:
“Cuando la evoco tal como era entonces, la veo sin rostro. Tengo que reconstruírselo. Sé que me pareció hermosa. Pero no consigo evocar su hermosura.” (29)
Estas imágenes de mujer enigmática lograban hacer convivir los fragmentos del horror con los de la seducción y el encanto jovial del amor:
“Veía a Hanna andar por las calles del campo de concentración, entrar en los barracones de las prisioneras (…) Todo eso lo hacía con la misma expresión dura, con ojos fríos y labios apretados, y las prisioneras bajaban la cabeza (…) Además de esas imágenes, veía las otras. Hanna poniéndose las medias en la cocina, o sosteniendo la toalla delante de la bañera, o en bicicleta, con la falda aleteando al viento (…) Hanna escuchándome, hablándome, sonriéndome, amándome. Lo malo era cuando se mezclaban ambas clases de imágenes. Hanna haciendo el amor conmigo con aquellos ojos fríos y los labios apretados, escuchándome leer sin decir palabra y al final dando un golpe en la pared, hablándome mientras su cara se convierte en una fea máscara.” (30)
Tantas imágenes encontradas hacían convivir en la memoria de Michael no sólo el pasado y el presente, sino también la simultaneidad de encanto y espanto que iba desde el amor al enigma, desde la lectura de textos literarios al develamiento de una historia escrita verdaderamente en el cuerpo de la historia misma e instalada en un movimiento de retorno hacia los comienzos de una experiencia que le constituyó como lector enamorado:
“Pero lo cierto es que entonces, al pensar lo que me había excitado tanto, volvía a excitarme. Para resolver el enigma, traía a mi memoria el encuentro, y la distancia que había creado al convertirlo en enigma se disolvía.” (31)
Esa experiencia se nutría de las imágenes de un amor encantado en la lectura, en el acto de dar la palabra a través de la lectura, y también de las preguntas por sí mismo ante las cuales Michael, sencillamente, no encontraba respuestas:
“Pero ¿acaso era yo su amante? ¿Qué era yo para ella? Me vestí lo más despacio que pude, esperando que dijera algo. Pero no dijo nada.” (32)
Y preguntas ante las cuales el amor hacía su propio juego, sorprendiendo a Michael con una Hanna capaz de llorar, por ejemplo:
“Ahora ya la había visto llorar; una Hanna capaz de llorar me resultaba más cercana que una Hanna que era sólo fuerte (…) Empezamos a hacer el amor de otra manera.” (33)
En todo este laberinto de preguntas, emergen con claridad y de modo patente o apasionado todas las heridas que, aún atravesadas de lectura, afectaron la vida de Michael desde su inicio a la vida sexual y el comienzo de una inquietud por sí mismo que ya no le dejaría tranquilo por el resto de su vida:
“Estuve enfermo varios días. (…) Mi cuerpo echaba en falta a Hanna. Pero el sentimiento de culpa era aún peor que el síndrome de abstinencia físico. ¿Por qué cuando la ví allí mirándome no me levanté enseguida y eché a correr hacia ella? (…) Y ella, para castigarme, se había ido.” (34)
Las preguntas de un lector tras una experiencia con otro
¿Qué inquietudes nos deja hace vivir y revivir El Lector? Tantas preguntas como las que desbordan el texto de la novela y el film, que desbordan al lector Michael, a la lectora Hanna, al lector que somos todos y cada uno de nosotros leyendo la novela de Schlink o mirando la película de Daldry. Desde los acontecimientos de leer, leer-se, escribir, escribir-se, ponerse en camino hacia sí mismo en un camino con otro, narrarse a sí mismo, mirarse en el espejo del amado, construir una morada en la escucha del otro, habitar la palabra de la literatura para sobrevivir a un amor que se escribe y padece en el silencio de una soledad atormentada en culpas, desde todo ese conjunto de experiencias con la palabra que se lee y escribe hasta cada experiencia que cada quien de sus lectores pueda hacer, en cada caso, con este lector enamorado que es Michael Berg, desde ese hilván de temporalidades que son posibles por la lectura de esta obra sobre una lectura amorosa, desde ese hilván es que también es posible interrogarnos acerca de tantas líneas sugeridas por la obra.
Entre tantas preguntas, la inquietud de sí desplegada en cada ejercicio de Michael por volver sobre sí mismo, por contarse una historia como lector; la posibilidad del cuidado de sí en la experiencia de narrarse, de leer para sí y leer para otro, y en la dura experiencia de aprender a leer y escribirse, ambos registros de experiencias mediados por un vínculo amoroso y padecido; la travesía que la lectura hace posible en un viaje de salida y conocimiento del mundo y un viaje de retorno a la patria de las palabras, esas palabras con las que se piensan y habitan todas las experiencias de amor, todas las preguntas existenciales y filosóficas, todo tránsito de formación, toda estación en la que se detiene por momentos ese tren de la experiencia. Todas ellas girando en torno a un acontecimiento: leer. Y todas ellas construyendo una trama apasionada, de momentos alegres y dolorosos, en la que la lectura será tan protagonista como sus protagonistas, en la que la escritura será un punto de llegada de cada experiencia de lectura y un acto de comienzo de un destino de la palabra hacia el espejo de la mirada del otro: de Hanna, de cada lector/espectador de la obra.
Muchos e incontables interrogantes despierta la obra, algunos pocos han sido enunciados aquí, otros tanto quedan sin abordar. No sólo porque excedería su abordaje el alcance de este texto, sino más aún, porque la experiencia con El Lector desborda a quien escribe estas páginas. Quizás por ignorancia, quizás por encantamiento, quizás por exceso de preguntas, quizás porque cada lectura de la obra –en registro fílmico y como libro- plantea nuevas preguntas actualizando las previas e interrogando el texto en un estado de inquietud abierto a los efectos de Michael Berg, el lector, como también entregado al laberinto insondable de cada pregunta que emerge en cada acto de leer e interpretar la obra. Quizás porque el mayor desafío de la obra de Schlink/Daldry sea precisamente ese: arrojar al lector/espectador a un mar de inquietudes, entregándolo a una odisea impredecible donde el mundo de la lectura se despliega entre el amor y el espanto, desde la tradición y los clásicos hasta la posibilidad de una palabra nueva, siempre viva, siempre arrojada para ser leída, siempre renovada y a la vez, colmada de inquietudes para tratar de salir de las sombras de una caverna que aprisiona a cada quien en una minoría de edad y que procura, siempre y cada vez, con cada página, en cada palabra, una vía de fuga para abrir el deseo de amar y ser amado, leer y leer-se, escribir y escribir-se, en definitiva, para pensar por sí mismo.
Dra. Liliana J. Guzmán
Agosto de 2009.
Ficha técnica de El Lector
The Reader, 2009.
Sitio oficial: http://www.thereader-movie.com/
Dirección: Stephen Daldry.
Guión: David Hare (sobre la novela The Vorlesses, de Bernard Schlink)
Interpretación: Kate Winslet (Hanna Schmitz), Ralph Fiennes (Michael Berg adulto), David Kross (Michael Berg de joven), Lena Olin (Rose Mather/Ilana Mather), Bruno Ganz (profesor Rohl), et. al.
Productores: Anthony Minghella – Sidney Pollack
Países: USA y Alemania.
Duración: 124 min.
Género: Drama.
Trailer: http://www.mtv.com/videos/movie-trailers/317891/the-reader.jhtml
Notas:
(1) Web oficial de la película: http://www.thereader-movie.com/
(2) Gadamer, H. Arte y verdad de la palabra, Barcelona: Gedisa, 1998.
(3) Schlink, B. El lector, Barcelona: Anagrama, 2000, p. 44
(4) Ob. cit. p. 45
(5) Ob. cit. p. 111
(6) Ob. cit. pp. 170-171
(7) Ob. cit. p. 175
(8) Fragmento tomado del guión original de David Hare, según el link
www.weinsteincohighlights.com/screenings/the-reader/screenplay pp. 67-68
(9) Schlink, B. Ob. cit. p. 43
(10) Ob. cit. p. 41
(11) Ob. cit. p. 58
(12) Ob. cit. p. 86
(13) Ob. cit. p. 148
(14) Ob. cit. p. 157
(15) Ob. cit. p. 123
(16) Ob. cit. p. 47
(17) Ob. cit. pp. 40-41
(18) Ob. cit. p. 174
(19) Ob. cit. p. 172
(20) Ob. cit. p. 177
(21) Ob. cit. pp. 167-168
(22) Ob. cit. pp. 23-24
(23) Ob. cit. p. 202
(24) Ob. cit. p. 203
(25) Ob. cit. p. 187
(26) Ob. cit. p. 99
(27) Ob. cit. pp. 131-133
(28) Ob. cit. p. 176
(29) Ob. cit. p. 17
(30) Ob. cit. p. 138
(31) Ob. cit. p. 20
(32) Ob. cit. p. 39
(33) Ob. cit. p. 57
(34) Ob. cit. p. 80
14 de agosto de 2009
¿Qué preguntan tus ojos? Acerca de El Secreto de sus ojos (Campanella 2009)

¿QUÉ PREGUNTAN TUS OJOS?
La miradas del tiempo, el amor, la muerte y la palabra en
El secreto de sus ojos (Campanella, 2009)
Liliana J. Guzmán
¿Qué preguntan tus ojos? Quizás esta sea la pregunta motivo del último film de Juan José Campanella: El secreto de sus ojos (2009). ¿Qué preguntan tus ojos? En una sola pregunta sugerida Campanella reúne las preguntas clásicas del pensamiento desde que el hombre es hombre, desde el comienzo de la condición humana: ¿qué es el tiempo?, ¿por qué sentir el amor?, ¿qué fin es ése conocido como la muerte?, ¿por qué estamos y nos vemos en y a través de la palabra? En definitiva, ¿por qué vivimos amando y hablando, y porqué morimos?, o ¿por qué estamos hechos de tiempo, amor y palabras y tenemos que vivir para saberlo? Cosas del tiempo, el amor, la muerte y la palabra, dirían los poetas. Cosas propias de la finitud humana, demasiado humana, dirían los filósofos.
Pero esas preguntas son las vías del tren por las que nos lleva Campanella en El secreto de sus ojos. Porque la figura del tren es no sólo metáfora del tiempo, en esta obra, sino también lugar dinámico de la incertidumbre y de la fuga y del viaje hacia sí mismo, hacia la escritura. El tren se va, es la imagen de comienzo, y él comienza un viaje en un camino hacia adelante, y hacia atrás: hacia adelante con el proyecto de escribir (y escribir-se) y hacia atrás con el proyecto de rememorar los sucesos en el tiempo, evocación que no hará sino recobrar la memoria del tiempo de sí mismo, de sus propios miedos, angustias, deseos, su tiempo vital de un amor inconfesado en la palabra. Desde un comienzo del film, el personaje de Benjamín Espósito (Ricardo Darín) se encuentra entre el amor y la palabra, entre el deseo siempre vivo de un deseo inquieto y apasionado por una mujer, Irene (Soledad Villamil), cuya palabra y mirada ha sido horizonte en su existencia. Pero también desde el comienzo, el personaje se encuentra entre dos realidades propiamente existenciales: el tiempo y la muerte. La muerte de una joven y los acontecimientos en torno a un crimen misterioso y sepultado en olvidos enigmáticos por largos años, y la muerte propia de un empleado de tribunales ahora jubilado y decidido a escribir una trama aún no develada y de a ratos olvidada entre expedientes y secretos.
Basada en la primera novela de Eduardo Sacheri (1967-), La pregunta de sus ojos, la película de Campanella (1959-) pone en pantalla las preguntas más humanas de la historia del hombre, las preguntas por el tiempo, la muerte, el amor y la palabra. ¿Qué imágenes encontramos en el film sobre estas preguntas? Imágenes recurrentes en el cine, pero imágenes que en esta obra de Campanella encuentran un significado específico y que son los lugares en los que Campanella pone en movimiento e imagen la melodía filosófica de la novela de Sacheri. Pues, ¿qué somos los hombres sino esos fragmentos que se preguntan sobre sus propios fragmentos de tiempo, de amor, de palabra y de muerte? ¿Qué somos los mortales, sino esos fragmentos de tiempo y palabra que amamos en camino de la muerte, de cada muerte, de cada amor y de cada muerte? ¿Qué somos en nuestras existencias, sino el grito apasionado y herido de cada fragmento de amor? ¿Qué somos nosotros, sino trazos inacabados de nuestra memoria trazada en las palabras? ¿Qué somos nosotros, sino esas preguntas pronunciadas con la mirada?
Imágenes del tiempo. Campanella nos confía la imagen del tren como metáfora del tiempo, ese tiempo que es un proyecto del hombre que se arriesga y se entrega hacia adelante, aunque tenga que viajar hacia el pasado, ese pasado que nunca se olvida sino que regresa a cada instante del presente, ese pasado que desborda cada porvenir con los deseos y acontecimientos vividos y por los cuales se llena de sentido cada vivencia del presente. El tren es aquella metáfora de una experiencia de alguien que se va hacia otro lugar, otro tiempo de sí, otras experiencias y otros lugares para habitar (acaso) lejos del riesgo vivido y logrado por indagar en verdades peligrosas, en verdades rodeadas de crímenes, justicias, injusticias, políticas, venganzas. El tren es el camino de una experiencia completa en riesgos por descubrir la verdad, por descubrirse a sí mismo, por escribir una historia no del todo develada, por inventar un fin algo más verosímil acerca de los datos de la “realidad”, de una realidad extraña imbuida de la realidad argentina de los años ’70. Vaya tiempos. Vaya realidad. El tren es la imagen viva de la experiencia de Benjamín Esposito en camino hacia su propio tiempo, el tiempo hecho proyecto, el tiempo hecho pasado y experiencia, el tiempo vivo del presente desbordante de preguntas por su propio tiempo, por el tiempo de la historia que nos constituye en cada tiempo de nuestras vidas, por el tiempo del otro, ese otro tan lleno de preguntas como él, tan lleno de tiempo.
Imágenes del amor. El tren también es en esta película una imagen del amor. El tren no es sólo la imagen del tiempo en movimiento, el tren es el lugar donde se reúnen las manos en el través del vidrio y más aún, donde se reúnen las miradas que sólo preguntan de sí y hacia el otro por ese tiempo de amor. Quizás por ello, el tren es el camino hacia un viaje necesario para Benjamín, un viaje en el que Irene (Soledad Villamil) es la figura femenina de un amor que dinamiza la vida, dándole impulso en un faro inquieto de preguntas acerca de sí. El tren es la metáfora de Campanella para una experiencia de amor quizás consumado en el eros de un eros trazado de palabra y creación. Porque el libro que Benjamín desea escribir va tomando cuerpo y sentido en una trama de autoescritura que se hace posible por la mediación de la mirada de Irene, su mujer amada. La novela con la que Benjamín Esposito traza un relato del tiempo es su propio reflejo de sí en la mirada de Irene, su viaje hacia el pasado de sí mismo, hacia el pasado de ese amor que ayer no tuvo palabra y que hoy tiene no sólo la imagen de quien corre en el andén tras un amor que se lanza a un viaje incierto, y hacia el futuro de un amor que se hace obra, que deviene en confesión para la cual las declaraciones no tienen (por fortuna) límites de tiempo. Metáfora de un eros platónico en el sentido estricto del término: un eros plasmado en obra, un eros ante la mirada de inquietud amorosa de ese otro que nos ama, que nos hace parir la palabra para preservar el tiempo en una obra de amor.
Imágenes de la muerte. La muerte, como acontecimiento, atraviesa la película de comienzo a fin: El secreto de sus ojos es la trama sobre una pregunta y una metáfora enunciadas por un hombre hacia el ocaso de sus días de vida activa mediante su trabajo en la institución dedicada a la justicia. Y sin embargo, con esa pregunta sobre el ocaso, la muerte se convierte en el film en una pregunta de aurora: en aquella pregunta que renueva el deseo de amor. Entretanto, la muerte es el problema que ocupa a los personajes: la muerte de la muchacha que detona una investigación inacabada, y la muerte como fin de un tiempo de la vida que anuncia su término en tantos sucesos del vivir (la jubilación, la vejez, el deterioro, el olvido, los recuerdos, etc.) como también en el deseo de consumar un amor que atravesó la vida entera y que es la fuente de inspiración tanto como la escucha delicada y la lectura compartida como obra y proyecto. Un amor que hará de la obra de Benjamín el tiempo de un río que fluye hacia la muerte, pero que fluye amando y en tanto ama, se escribe, se escribe en la memoria. Se escribe en el relato verdadero de una muerte enigmática, se escribe en el relato ficcional hacia una muerte propia. Y una muerte que es escribe en las palabras, con la necesidad de evocar el tiempo y su fin en una novela, y que se escribe en los silencios, en aquellos silencios que interroga la mirada.
Imágenes de la palabra. En efecto, El silencio de sus ojos es una obra sobre la palabra. Campanella produce con esta película una obra sobre la palabra, sobre aquella palabra que es el cuerpo de la nostalgia de lo vivido, que es el espejo del paso del tiempo, que es el discurso diciente (y el texto eminente) por el cual la memoria hilvana su propio decirse y se arroja a un porvenir cuyo final, como el del libro, siempre es un juego de la verdad, un laberinto de la ficción, un artificio del tiempo. La película es una obra sobre la palabra que es carne y materia, espíritu y forma de un amor inconfesado en la palabra, escrito en una novela donde se es un personaje autoficcionado, y proyectado hacia un porvenir incierto pero que inspira de entusiasmo por el puro deseo de durar en la palabra, en una palabra acerca de sí. Y porque el silencio, como la pregunta, en la mirada… ese silencio y esa pregunta es el gesto con el que el film nos narra al juego de la palabra que se atreve a trazar y vivir un hombre en busca de sí mismo, un hombre entregado a sus propias inquietudes, un hombre deseoso de cuidar su amor y espiritualidad. Cuidados que logra en el ejercicio autopoético de escribir, escribiéndose, recordar, recordándose, buscar, buscándose, reflejar, reflejándose en el otro… amando. Juego de la palabra en el que Benjamín Espósito se inventa, inventa sus personajes de ficción en tanto personajes reales, y reconstruye los acontecimientos con la misma delicadeza con la que Campanella reconstruye la novela de Sacheri construyendo una trama singular y bellísima, El secreto de sus ojos. Juegos de la palabra construidos en el curso de ese viaje que comienza con las imágenes del tren, arrojados hacia adelante, como el tiempo, como el amor, como la muerte.
¿Qué preguntan tus ojos? Esa quizás es la pregunta de Campanella. Esa quizás es nuestra pregunta. Esa, sin duda, es la pregunta de Ricardo Darín ante la mirada enigmática e inquieta de Soledad Villamil y de cada espectador conmovido e interrogado por la pantalla con cada fotograma de la obra. ¿Qué preguntan tus ojos… sino aquella inquietud humana, tan humana, demasiado humana sobre cada experiencia que nos pasa? ¿Qué preguntan tus ojos… sino aquella inquietud constante y siempre renovada por el tiempo, el amor, la muerte, la palabra? ¿Qué preguntan tus ojos…? Tal vez la respuesta no esté en la película, tal vez la respuesta esté en la misma inquietud de cada espectador, de cada viajero que desee acompañar a Darín en ese viaje hacia la palabra en el tren del tiempo, en ese fluir del río en las aguas de un amor desbordante, apasionado, delicado… en ese devenir de la vida hacia la muerte, escrita en las palabras de la memoria y el deseo, como inquietud ante los ojos de un espejo que sólo (nos) mira, amándonos, interrogándonos, iluminando el deseo en el cuerpo de las palabras que el tiempo construye con las preguntas del personaje, que no son otras que las nuestras, las de ayer, las de hoy, las de siempre. ¿Qué preguntan tus ojos…?
Dra. Liliana J. Guzmán
San Luis, agosto de 2009.
Sitio oficial de El secreto de sus ojos: http://www.elsecretodesusojos.com/
Trailer del film:
http://www.youtube.com/watch?v=GcHkTSqeGoU
11 de agosto de 2009
Formación, Cultura y Educación (Stenhouse)
Formación Vital: una aproximación a la dialéctica entre Cultura y Educación.
Ensayo abordado desde el planteo de Lawrence Stenhouse (1926-1982).
Publicado en SCRIB:
http://www.scribd.com/doc/18466265/Formacion-Curriculum-Cultura-Stenhouse
Ensayo abordado desde el planteo de Lawrence Stenhouse (1926-1982).
Publicado en SCRIB:
http://www.scribd.com/doc/18466265/Formacion-Curriculum-Cultura-Stenhouse
9 de agosto de 2009
Enemigos Públicos: la vida al filo de la vida

ENEMIGOS PÚBLICOS: LA VIDA AL FILO DE LA VIDA
Liliana J. Guzmán
Varias inquietudes puede suscitar una película, como toda obra de arte. Varias preguntas que emergen desde el corazón de la experiencia que la obra produce en quienes son jugados por la obra desde la silla del espectador. Tal es el caso de ENEMIGOS PÚBLICOS (M. Mann, 2009), recientemente estrenada en Argentina. La película, muy bien interpretada por Johnny Depp, Cristian Bale y Marion Cotillard, fue realizada según el libro Public Enemies: America's Greatest Crime Wave and the Birth of the FBI, 1933–34 (Enemigos públicos: la gran oleada criminal en América y el nacimiento del FBI, 1933-34), de Bryan Burrough.
La trama de ENEMIGOS PÚBLICOS se desarrolla durante la época de la Gran Depresión americana, teniendo por personajes principales al agente del FBI Melvin Purvis (Cristian Bale) y sus fríos y desesperados intentos para arrestar al delincuente John Dillinger (Johnny Depp, asaltador de bancos). El problema es que John Dillinger es no sólo un astuto ladrón de bancos que emula la típica figura de Robin Hood, sino que además, y sobre todo, cuenta con una inteligencia lo suficientemente lista como para sortear y evadir todo grupo y acción de inteligencia que quiera apresarle. No sólo puede abrir las cajas fuertes de los bancos, John Dillinger es experto en el arte de fugarse de prisión y de toda situación de posible entrampamiento. En el curso de la obra, veremos a Dillinger caer en los lazos del amor (Marion Cotillard), haciendo del amor un refugio para dar otro sentido a la vida, otro lugar lejano al cual huir para vivir, y encontrando un alma incondicional capaz de preservarle hasta en instancias de tortura. Así, la historia es una trama de suspenso policial convencional, y fantástica, con la que M. Mann y J. Depp se las ingenian para dejarnos sin suspiros mientras se proyecta el film. Porque el film nos deja sin suspiros… pero con muchas preguntas. Con preguntas que suenan tan fuerte como los disparos de cada persecución planeada por los servicios de inteligencia oficiales y asaltantes, ambos delincuentes por igual: los unos para sobrevivir, los otros para detener -con el crimen- el crimen de quienes sobreviven delinquiendo.
¿Qué valor tiene la vida, en ENEMIGOS PÚBLICOS? Quizás esa sea la inquietud central de la obra. Quizás. Sobre todo porque si algo tiene un juramento de fin, una promesa de muerte, ese algo es precisamente la vida misma de John Dillinger. La promesa de muerte está planteada desde el comienzo de la película: desde las escenas de fuga de la prisión, donde milagrosamente logran huir con algo de vida. Pero la promesa de muerte se confirma en las sentencias de los directivos del FBI que, políticamente correctos, pretenden conservar y ascender en sus puestos, incluso apelando en sus estrategias a todos aquellos recursos que tanto dicen combatir (tortura, espionaje, extorsiones, chantajes, sobornos, etc.). Así las cosas, tal promesa de muerte anunciada al comienzo del film, no es otra cosa sino el establecimiento del antagonismo entre el agente líder de la persecución a Dillinger, desde el FBI, y el líder de los asaltos bancarios, el propio John Dillinger, prácticamente un “héroe”, un ladrón afamado y aplaudido por la prensa y los sectores sociales desfavorecidos por la crisis económica del momento.
Pero tal promesa de muerte, en ENEMIGOS PÚBLICOS, es disparada (y disparada con más intensidad que los disparos entre FBI y la banda de Dillinger) con la potencia que despierta la inquietud por la vida. Es decir, ¿qué valor tiene la vida, en el film? ¿Qué valor tiene la vida, en ese tiempo de crisis –y en todo tiempo-? ¿Qué valor tiene la vida, para una red de servicios de inteligencia que proceden por cálculo y especulación sobre las vidas de los otros para asegurar (algo de) la vida propia? ¿Qué valor tiene la vida para el poder, en definitiva? En tal caso, recordemos con M. Foucault y G. Agamben que el poder no es exterior a nuestras vidas, al contrario, el poder circula en y con la vida misma, el poder (nos) atraviesa por entero en el devenir cotidiano y activo de nuestras vidas. El poder circula en los cuerpos y produce… produce modos de saber, modos de decir, modos de hacer, modos de decir quiénes somos y qué hacemos con el poder en nuestras manos (o con nuestros cuerpos en las manos del poder que producimos). El poder nos afecta, nos produce, nos constituye tal como podemos constituirnos, en tal o cual momento de la historia.
Entonces, ¿qué valor tiene la vida, en el film ENEMIGOS PÚBLICOS? El valor que le otorga un servicio de inteligencia. El valor que le asigna un hombre experto en robos y fugas. El valor que se construye en una historia de amor arriesgada e incondicional. ¿Pero no será también que aquí el valor de la vida está sellado por el peso del personaje expuesto a promesa de muerte, una especie de Homo Sacer? Pues John Dillinger es, desde el inicio del film, un protagonista no sólo de su propio arte inteligente del delito. John Dillinger es, desde comienzo, un hombre expuesto a una promesa de muerte anunciada, a una sentencia de fin, una sentencia convertida en estrategia de apresamiento, en un conjunto de tácticas no siempre del todo acertadas con las que el FBI procura capturarlo y no detenerse hasta sentarlo en la silla eléctrica. ¿Qué es la vida de John Dillinger, para el FBI? Un conjunto de procedimientos persecutorios en nombre de la mentada pose americana de “nosotros, los justos, hacemos la guerra al crimen”. ¿Qué es la vida de John Dillinger, para el poder? Un entramado de líneas cruzadas, intervenidas permanentemente por la sagacidad con la que fugarse, por la astucia para defenderse, por la estrategia para capturar un delincuente convertido en héroe y, por qué no, devenido en mártir o figura ejemplar de lo no-ejemplar. John Dillinger, ¿paradigma del Homo Sacer? Quizás. En todo caso, figura expuesta en su vida al desnudo (“nuda vida”, diría Agamben), una vida expuesta a las balaceras y persecuciones de un incipiente servicio de inteligencia que delinque tanto como lo que busca atrapar por delinquir, y que para agravar, delinque en nombre de la moral. Una vida expuesta a la ambición de los especuladores de las instituciones de gestión del poder, una vida expuesta a la necesidad de sobrevivir entre los laberintos de una red implacable, una máquina trituradora de la vida en nombre de la vida, de la moral del sobreviviente, de la sed de justicia de los villanos que padecen la injusticia llamada “justicia” de otros villanos. Una vida expuesta a un fin pública y contundentemente anunciado. Una vida expuesta a un fin propio de un fugitivo del delito que, entregado a su propia finitud y desamparo, contempla en la pantalla de cine su rostro y sonríe rumiando algún plan inteligente para seguir fugándose, para sentirse vivo incluso con su último aliento entre palabras de amor.
Su Director
Michael Mann (Chicago, 1943) es director, guionista y productor cinematográfico estadounidense. Hijo de un inmigrante ruso veterano de la Segunda Guerra Mundial, y de la hija de una familia originaria de Chicago, Michel Mann siempre estuvo muy unido a su familia paterna hasta que, ya adolescente, se introdujo en la cultura musical del blues negro de Chicago. Estudió inglés en la Universidad de Wisconsin-Madison, y cultivó sus inquietudes por la Historia, la Filosofía y la Arquitectura. Años después estudió en la London's International Film School, con cuya formación comenzó su carrera televisiva en la década de 1970, con la serie Starsky y Hutch. Su primera obra cinematográfica fue Ladrón, protagonizada por James Caan y realizada en 1981. Dirigió y produjo la serie Miami Vice (Corrupción en Miami), y llevó al cine la primera adaptación del siniestro Hannibal Lecter, con Manhunter. Su reconocimiento en el ámbito de la industria cinematográfica, la crítica y el público, se produjo con El último mohicano, en 1992, película desde la cual Mann es considerado uno de los mejores directores americanos, tanto a nivel narrativo como visual. Sus films son: Jaunpuri (1971), 17 Days Down the Line (1972), Thief (1981), The Keep (1983), Manhunter (1986), El último mohicano (1992), Heat (1995), The Insider (1999), Ali (2001), Collateral (2004), Miami Vice (2006), Arms and the Man (2007), Damage Control (2008), The Few (2008), y Public Enemies (2009).
Sitio oficial de ENEMIGOS PÚBLICOS:
http://publicenemies.net/
Trailer original subtitulado:
http://www.youtube.com/watch?v=neGyj9BTCyo
Más información en ww.cinemacenter.com.ar
Dra. Liliana J. Guzmán
San Luis, Agosto de 2009.
8 de agosto de 2009
Enemigos Públicos

No te pierdas ENEMIGOS PUBLICOS (Michael Mann, 2009), con Johnny Deep, Cristian Bale y Marion Cotillard.
Sitio web: http://publicenemies.net/
Salas en San Luis: Cinemacenter (J. Roca y Pte. Perón)
Funciones: 15:40 18:50 21:30 Sáb trasnoche 00:00
Trailer orig. sub. en español: http://www.youtube.com/watch?v=neGyj9BTCyo
3 de agosto de 2009
Nueva edición de Contenidos
CONTENIDOS, publicación digital de la Universidad Nacional de San Luis, acaba de publicar su último número (Vol. 11) on line, en el siguiente vínculo:
http://contenidos.unsl.edu.ar/
Los temas abordados en esta oportunidad son:
- La Integración Cultural en América Latina
- Gregorio Klimovsly: la vida como obra en las caricias del viento
- Obras Completas de Antonio E. Agüero y Atahualpa Yupanqui
Fuente: Prensa Institucional de la UNSL.
http://contenidos.unsl.edu.ar/
Los temas abordados en esta oportunidad son:
- La Integración Cultural en América Latina
- Gregorio Klimovsly: la vida como obra en las caricias del viento
- Obras Completas de Antonio E. Agüero y Atahualpa Yupanqui
Fuente: Prensa Institucional de la UNSL.
30 de julio de 2009
Concurso Nacional de Cortometrajes Documentales para Proyectos de Investigación y de Extensión (SPU)

Concurso Nacional de Cortometrajes Documentales para Proyectos de Investigación y de Extensión (SPU)
El Programa de Promoción de la Universidad Argentina (Secretaría de Políticas Universitarias) a través de la propuesta Jornada “24 Horas de Cine Nacional” abrió en estos días la convocatoria a un Concurso Nacional de Cortometrajes Documentales basados en Proyectos de Investigación y de Extensión. La convocatoria se dirige a equipos interdisciplinarios de producción cinematográfica, audiovisual y comunicacional (incluye estudiantes, profesores y graduados) que deseen producir obras documentales en la modalidad “cortometraje” acerca de las producciones de conocimiento que las universidades nacionales, provinciales, privadas e instituciones del sistema de Educación Superior de todo el país realizan en y desde sus Proyectos de Investigación y Extensión.
Cabe mencionar que la propuesta para este Concurso Nacional de Cortometrajes Documentales fue una iniciativa elevada por la Universidad Nacional de San Luis, en consideración de los lenguajes audiovisuales como experiencia de conocimiento que representa y promueve la investigación y las acciones extensionistas de las instituciones de Educación Superior a la cultura y sociedad. Y como ejercicio de representación que, además de propiciar la producción del documentalismo como expresión cinematográfica, promueve el cine y todas sus expresiones como aporte al crecimiento académico e intelectual del país y de la cultura, generando así oportunidades para nuevos realizadores y mayores producciones que, estéticamente, den testimonio del quehacer académico, investigativo y extensionista. En definitiva, para apostar a que la cultura cinematográfica siga creciendo y aportando lo que desde inicios del cine: espejos de nuestros tiempos y apertura de horizontes para pensarnos y crecer en cultura, calidad de vida y experiencias de conocimiento.
Las Bases para el Concurso Nacional de Cortometrajes Documentales se encuentran aquí: http://www.me.gov.ar/spu/guia_tematica/promocion/cine/BASES_Docs_2009-2010.pdf
Fuente original de publicación de la convocatoria:
http://www.me.gov.ar/spu/guia_tematica/promocion/promocion_cine_nacional_concurso.html
Dra. Liliana J. Guzmán (p/Blog Koiné)
San Luis, Julio de 2009.
23 de julio de 2009
ECCE PEDRO

ECCE PEDRO
Voz azul que quiebra el espacio con la magia del bajo
¿Qué podemos decir de un alma en mantra? En tales circunstancias y en nuestros tiempos, poco podemos hablar de un alma en mantra, de un estado liberador por obra de una palabra hecha sonido. Poco podemos hablar, porque no alcanzan las palabras. Es el caso del día de hoy, o de mí misma en el día de hoy, siendo hoy un instante feliz, muy feliz, y muy feliz por doble motivo: Pedro Aznar recibió tres Premios Gardel por su obra Quebrado (Mejor Álbum Artista Masculino Pop, Ingeniería de Grabación, Producción del Año), y Pedro cumple años.
Enhorabuena por la elección de CAPIF, sin dudas, aún cuando Pedro Aznar (1959-) compone no para sumar estatuillas sino porque desborda en talento creador, en deseos de vivir y revivir en cada acorde, en cada canción, en cada pulsación en su bajo, en cada mirada intensa, tan intensa como su pasión por crear. Pedro compone para habitar el tiempo inventando el tiempo en el latido indecible de esa música tan bella e interior que le es propia, ese tiempo singular de aquel templo que es su cuerpo abrazando el bajo, ese tiempo singular de aquella alma maravillosa que es noche y fogata y nombre a Dios y al amigo fiel y a uno mismo, parafraseando la hermosa canción de Eduardo Mateo que Pedro tan bien suele interpretar (Cuerpo y Alma, 1998).
Y es que con el personaje “Pedro Aznar”, con esa máscara única y fantástica de un bajista y poli-instrumentista virtuoso y de lírica tan profunda, con ese personaje la música nos es entregada como un don, como un regalo de Dios a un universo insondable, al universo de nuestra alma, a cada fibra del cuerpo. Con Pedro, la música construye mandalas de vibraciones e instantes que estallan en nuevos acordes con sus propios acordes, que quiebran sus mismas palabras con el poder de sus palabras. Con Pedro la armonía universal se fusiona a la palabra en un tiempo extraño, único, que reúne en el instante de su sonido toda la experiencia vital de este creador maravilloso: su Infancia, ese niño curioso por los discos y las cuerdas… su adolescencia, esa trama de guitarras y Beatles y jazz… su juventud brillante y apasionada entre Serú Girán y Pat Metheny Group, tan brillante como su poética alucinante reflejada claramente en acordes debussyanos, en fragmentos ravelianos, en juegos del jazz y de los sueños del tiempo, en malabares percusivos, porque el tiempo nos juega con la música de Pedro, el tiempo nos juega como a él lo juega la palabra de Borges y Cortázar y de Oriente y tantos más, y sí, Pedro es el juego cortaziano del “esto lo estoy tocando mañana”, ese juego hecho carne y materia y espíritu en cada canción, en cada poema, en cada destino de su música (Fotos de Tokyo, 1986). Pedro es el juego del tiempo con ritmos de todas las métricas y variaciones de sí y transmutadas en obras que abren el horizonte a lo que viene, al mañana que nos sueña y nos habita en su palabra. Ecce Puer, henos aquí al niño que juega… y que (nos) juega a los dados con su voz hecha canción. Ecce Pedro. Y que la música nos redima con cada fragmento de su voz, con cada instante de sí con el que nos atraviesa en acordes cual puñales al oído, cual huracanes al corazón de la palabra. Que la música de Pedro, su vida en la materia sonora de su alma cantada, nos siga jugando y cautivándonos en una celebración indecible, solitaria, encantadora, única. Porque su obra es como la luz que ilumina aquel faro de ahogados al que recurrimos sin tocar orillas. Porque su obra es el aliento vital que sube al sol y siembra, Pedro siembra… como en la plegaria por él mismo pronunciada en alto y que dice:
Sube el sol
y en su luz
mi voz sube azul
como día de sembrar
Que esa plegaria, como un Pedro Aznar hoy galardonado, hoy celebrando un día más en el río del tiempo, que esa plegaria nos atrape, nos desborde, nos eleve del suelo y nos entregue a los sueños, cada día, a cada horizonte, a cada mirada, a cada milagro de la vida hecha música y celebración, pulsada en largos dedos que nos embrujan con una voz siempre fresca y auténtica, como ese niño que fue y siempre es, tan leonino como creador. Tan Pedro.
Liliana J. Guzmán
San Luis, 23 de Julio de 2009.
Links con instantes maravillosos:
Mientes, con Charly García y un solo increíble de Pedro:
http://www.goear.com/listen/6ac8011/Mientes-(vivo)-Pedro-Aznar
Oración:
http://www.goear.com/listen.php?v=b72a467
Web oficial:
www.pedroaznar.com.ar
Premios Gardel 2009:
http://www.rollingstone.com.ar/nota.asp?nota_id=1153519
20 de julio de 2009
Concursos San Luis Libro 2009
El Programa San Luis Libro ha extendido el plazo de sus convocatorias a Concursos. Por el momento, los Concursos vigentes son MUJERES EN LUCHA: LA MUJER ARGENTINA EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD (Géneros Ficción novela histórica, No Ficción investigación histórica), y SAN LUIS LIBRO TE PUBLICA 2009 (Investigación histórica, folklórica, periodística, Ensayo y Didácticos).
Las Convocatorias a ambos Concursos se extienden hasta el 4 de noviembre de 2009.
Ver Bases y Condiciones en el siguiente vínculo: http://www.sanluislibro.sanluis.gov.ar/concursos.html
18 de julio de 2009
Sobre el concepto de deseo en R. Girard
Sobre el concepto de deseo en R. Girard
Maximiliano Gonnet
Como es sabido, la teoría de René Girard se presenta como una teoría de lo religioso en tanto estructurante de todo orden cultural. Esto indica, en primer lugar, que el fenómeno religioso es planteado aquí como constitutivo del hombre, y no solamente como el resultado contingente de ciertas formas de organización social. Girard pretende estar hablando, y en esto se fundamenta gran parte de sus aspiraciones “científicas”, de un mecanismo, el mecanismo mimético, que explica no solamente la dinámica “interna” de las religiones, sino también (esto es lo que le interesa propiamente al autor) la evolución misma de las culturas. Desde este punto de vista, por lo tanto, no hay un “afuera” de lo religioso, es decir, un ámbito de experiencia cuyo funcionamiento no esté propiciado por lo que el autor denomina “mecanismos miméticos de apropiación”.
En el presente trabajo intentamos mostrar algunos elementos de tal mecanismo que nos permitan dar una “definición” de lo que Girard entiende por “deseo”. Para ello podemos comenzar analizando el sentido especial en el cual el autor habla de “mimesis” y, concretamente, de “mimesis de apropiación” y de “rivalidad mimética”, conceptos que, si bien están en una relación de continuidad con el concepto platónico de imitación que determina, según Girard, todo el pensamiento occidental posterior, dan cuenta principalmente de una “dimensión adquisitiva” que se le habría escapado a Platón, y no sólo de una dimensión “representacional”. En efecto, se trata, según el autor, de resaltar la imitación no como algo concerniente a determinados tipos de comportamiento, determinados discursos (artísticos, históricos, por ejemplo), sino como el motor mismo de todas las formas culturales. En una de las primeras páginas de “Acerca de las cosas ocultas desde la fundación del mundo” leemos lo siguiente:
“En los comportamientos humanos no hay nada, o casi nada, que no sea aprendido; y todo aprendizaje se reduce a la imitación. Si de pronto los hombres dejaran de imitar, todas las formas culturales se desvanecerían”.
La radicalidad de esta cita nos permite comprender cuál es el punto de partida del autor, al tiempo que preanuncia la concepción del deseo con la cual nos vamos a encontrar más adelante. Decir que todo comportamiento es mimético no quiere decir poner el “simulacro” en lugar de la “diferencia”, la “copia” en lugar del “original”, si por tales entendemos nada más que formas de representación. Lo que aquí está en juego es más bien la idea de que los comportamientos miméticos “reales” están en la base de toda posible representación, y que toda “ciencia del hombre” que se precie de tal consistirá necesariamente en “señalar las modalidades de ese comportamiento mimético”. Modalidades que, según el autor, tienen el carácter de rivalidades, de conflictos provocados por la convergencia de dos o más individuos hacia un único objeto . El punto es precisamente que tal convergencia se da, la mayoría de las veces, de manera conflictiva, violenta, y no de manera pacífica. Por lo cual lo esencial no es, según Girard, resaltar el aspecto gregario del hombre al precio de renunciar a mostrar esta violencia originaria y fundante, sino más bien poner en un primer plano esta rivalidad y el peligro que, llevada al extremo, ella implica (la indiferenciación total, la lucha de todos contra todos, lo que el autor denomina “crisis mimética”), para luego considerar los mecanismos mediante los cuales tal crisis es superada o, al menos atenuada o diferida (los mitos, los rituales y las prohibiciones).
En la crisis mimética, que es inicialmente esta rivalidad por el objeto de la que hablamos, se encuentra la mayor “amenaza” (no sé si este término es el más adecuado, en tanto parece suponer que hay un algo previo que se vería amenazado) o la más vívida experiencia de la cercanía de la imposibilidad de instaurar todo orden, entendiendo por “orden” lo que en un primer momento sería la no autodestrucción de los hombres. Pero, al mismo tiempo, en tal momento de crisis se avizora la posibilidad de “restaurar” las diferencias (de nuevo, no porque haya ya algo complejamente organizado previamente que entra en crisis y que se trata de restaurar. Utilizo estos términos porque Girard mismo los utiliza. ). El concepto de “diferencia”, como veremos, reviste un carácter problemático, porque parece corresponder a un momento de no saber, de autoengaño acerca del comportamiento mimético que está a la base de todo deseo. La diferencia restaurada no se correspondería, según esto, con un momento de “reconciliación” o de mayor “autoconciencia” del sujeto (términos por cierto ajenos a Girard, o, mejor dicho, términos cuyo significado el autor trata de “deconstruir”, es decir, de mostrar el devenir del cual son el resultado), sino más bien con un momento en el cual se canalizan las tendencias “malas” del mimetismo (la violencia indiferenciadora) en una “violencia unánime” que, arbitrariamente, elige una víctima y la hace depositaria de todos los males que sufre la comunidad.
En esta canalización se opera un paso de la “mimesis de apropiación” a la “mimesis del antagonista”, en la cual el punto central ya no es el objeto y la lucha por su obtención, sino la rivalidad misma en tanto rivalidad “pura”, es decir, en tanto mecanismo que permite hacer converger a los individuos en contra de un mismo adversario (la víctima), y así, operar una primera distinción. No importa lo arbitraria que sea la elección de la víctima, sino el bien, la calma, la vuelta a la armonía que ella otorga. En esta capacidad resolutiva y reconfortante reside el carácter paradójicamente sagrado de la violencia y de la víctima en la cual ella se concentra. A los fines del presente trabajo no nos interesa tanto extendernos más en la explicación del mecanismo victimal que Girard aduce como el fundamento de lo religioso (explicación que sin duda es mucho más compleja que lo que esquemáticamente hemos esbozado aquí), pero sí tener presente que a partir de tal mecanismo el autor pretende explicar la génesis no sólo de las instituciones religiosas, sino también de “todo lo que entendemos por cultura”.
La postura de Girard no es sólo una declaración de guerra contra aquellas concepciones que presentan el fenómeno religioso como algo autónomo y aislado del resto de la cultura, sino también contra aquellas que, como el marxismo y el psicoanálisis, operan una “mala deducción” del hecho cultural, al poner el acento en el objeto (económico en el caso del primero, sexual en el segundo). La metodología que el autor despliega en sus argumentaciones consiste precisamente en operar una deconstrucción de esas falsas especificidades culturales (diferencias, clasificaciones) a partir del descubrimiento del mecanismo de la víctima propiciatoria, para luego proceder a reconstruir las mismas a partir de su raíz común. Girard se encarga de repetir que su concepción no debe ser entendida en el sentido de un culto a la violencia, a la indiferenciación total (para lo cual de lo que se trataría es de “desenmascarar” las “mentiras culturales”), pero tampoco en el de plantear una necesaria “evolución hacia la especificidad cultural”. Lo que sucede, más bien, es que en lugar de darse un desarrollo lineal desde lo “primitivo” a lo “complejo”, se da una serie de crisis miméticas (en el plano de la historia, de los acontecimientos) a las que siguen inmediatamente determinadas interpretaciones (en el plano de la historiografía), las cuales son siempre intentos de reproducir una reconciliación sacrificial. El punto es que tales interpretaciones parten de un desconocimiento fundamental: el del mecanismo mimético. En lo que sigue trataremos de ver el funcionamiento de tal mecanismo en el caso del deseo, lo cual nos revelará que la idea misma de deseo (o al menos aquella con la que nos manejamos habitualmente) es el resultado de una interpretación que encubre el mecanismo que precisamente lo pone en funcionamiento.
La problemática del deseo propiamente dicha recién aparece planteada explícitamente en el capítulo 10 del libro que venimos parcialmente comentando. Ello se debe a que el análisis de tal problemática presupone lo que el autor ha denominado la “antropología fundamental”. La idea misma de que tengamos algo así como deseos corresponde, según el autor, a un momento avanzado en el desarrollo del mecanismo mimético. El deseo, en otros términos, no es “instintivo”, o no lo es principalmente, sino que se produce como consecuencia de las “interferencias” que se suceden entre el mimetismo y los “montajes instintivos de la vida animal”. Desde este punto de vista, no puede ser considerado como la causa de las rivalidades miméticas, si por esto entendemos la existencia de un deseo definido y conciente en virtud del cual el individuo entraría en conflicto con otros individuos. Creemos que esto es lo que quiere decir Girard cuando se refiere al deseo como al “fenómeno humano que no puede aparecer sino más allá de cierto umbral mimético”. Tal umbral mimético tiene que ver con un creciente nivel de complejización simbólica producido por la acción acumulada de interferencias miméticas, por lo cual sería imposible, al menos en el planteo de Girard, tratar de definir qué sería lo instintivo o, mejor dicho, cuál sería su relevancia para explicar el deseo. En efecto, uno de los principales objetivos del autor en esta parte del libro (“Psicología interindividual”) es negar el carácter instintivo que ciertas corrientes de pensamiento aducen para justificar la especificidad absoluta que atribuyen al deseo humano, particularmente el psicoanálisis. Sin embargo, sería erróneo considerar la perspectiva de Girard como la mera afirmación del deseo como algo culturalmente determinado.
El autor considera que este umbral de interferencias miméticas está dado históricamente por el advenimiento de las sociedades modernas. El carácter esencial de nuestra sociedad moderna es que en ella acontece una proliferación del deseo que, no obstante, no conlleva necesariamente a un “desbocamiento de la rivalidad mimética”:
“En contra de lo que siempre se imaginan los “enemigos” del deseo, nuestro mundo se manifiesta capaz de absorber la “indiferenciación” en dosis muy elevadas. Lo que en otras sociedades habría actuado como un veneno fatal provocando el desbocamiento de la rivalidad mimética, en nuestra sociedad puede ir quizás acompañado de convulsiones tremendas, pero que han resultado ser pasajeras. El mundo moderno no sólo se ha repuesto de ellas sino que ha sacado de allí como una fuerza nueva que le permite desarrollarse de nuevo sobre una base cada vez más “moderna”, esto es, más ancha, más apta para absorber y asimilar elementos culturales y poblaciones que hasta entonces habían estado fuera de su órbita”.
En el mundo moderno efectivamente se produce una atenuación tal de las prohibiciones y, por ende, de las diferencias a que ella da lugar, que no se habría producido nunca en las “sociedades religiosas”, pero esto no bajo la forma de una “liberación del deseo” o de una “superación” de las trabas y tabúes que la religión le imponía para prevenir el “contagio” de sus efectos nocivos. Sostener esto, como vimos, corre el riesgo de caer en las concepciones “evolucionistas” de las cuales Girard precisamente se pretende apartar. Lo que sucede es más bien que, al mismo tiempo que se derriba la prohibición, se coloca en su lugar (por la lógica misma del mecanismo mimético) algo nuevo, lo que el autor llama el “obstáculo vivo del modelo inmediatamente metamorfoseado en rival”. El obstáculo “exterior” de la prohibición, pasivo e idéntico para todos, es reemplazado por el obstáculo “interno” de la pareja mimética, el modelo-rival activo “interesado en contrarrestar” el deseo del sujeto.
La proliferación del deseo tiene que ver, a su vez, con el debilitamiento de la violencia fundadora en nuestro mundo. El deseo sería el estado “psicológico” que corresponde a esta nueva situación, a este nuevo tipo de crisis mimética en la cual, a diferencia de lo que ocurría en las sociedades primitivas, ya no existe la posibilidad de una resolución victimal, o de unas polarizaciones verdaderamente unánimes capaces de suscitarla. Esta imposibilidad, sin embargo, no implica que las relaciones dejen de ser miméticas o que no se puedan seguir encontrando indicios de la dinámica de la crisis sacrificial.
Uno podría pensar que la aproximación de Girard al deseo es una aproximación paradójica, en tanto lo sitúa (o sitúa su proliferación) en el mundo moderno, es decir, fuera del terreno que inicialmente funciona como campo de “prueba” de su hipótesis general acerca del mecanismo victimal (las sociedades primitivas). El fenómeno del deseo parece estar basado, o parece ser uno de los rostros que asume la lenta retirada de tal mecanismo. Por lo cual Girard tiene que mostrar que, lejos de haber una ruptura, una radical discontinuidad entre el mundo de las sociedades primitivas y el mundo moderno, existe una misma lógica que los afecta a ambos, la lógica del mecanismo mimético, y que nos permite interpretarlos como dos momentos de lo mismo. Tal lógica es también una “lógica del desconocimiento”, es decir, una lógica según la cual con las primeras interferencias miméticas se produce también un encubrimiento del mecanismo o, mejor dicho, que la ignorancia misma de tal mecanismo en tanto mecanismo es lo que permite que la rivalidad mimética no llegue hasta sus últimas consecuencias.
Este desconocimiento es, en el caso del deseo, el desconocimiento del “double bind mimético”, es decir, el hecho de que el sujeto del deseo es incapaz de interpretar correctamente el doble imperativo que procede del otro en cuanto modelo (“imítame”) y en cuanto rival (“no me imites”) y, como consecuencia de ello, entre las conductas imitativas que serán unas veces aplaudidas y fomentadas y otras veces desaconsejadas, en tanto suscitarán la rivalidad. Tal ignorancia se funda, según Girard, en el carácter “maquinal” de la imitación, que predispone al sujeto a desconocer lo automático de la rivalidad que le opone al modelo, y a conferirle luego a esta oposición significados que no tiene. En este punto el autor habla de “prohibición no legal”, es decir, de una prohibición que no viene desde fuera de la pareja mimética sino desde su interior, y que consiste en que el objeto que desea el sujeto es prohibido por su mismo modelo, quien, no obstante, se lo designa como deseable deseándolo él mismo. Lo que el modelo-rival no sabe es que todos los elementos que intervienen en la rivalidad (el valor del objeto, el valor del modelo mismo, la resistencia que él opone al sujeto y la fuerza del deseo que inspira en su imitador) reaccionan los unos sobre los otros y se refuerzan en un proceso de “feedback positivo”. El valor del objeto disputado crece proporcionalmente a la resistencia con que tropieza su adquisición, y así crece también el valor del modelo.
Lo importante de la idea del doble vínculo es que le sirve a Girard para mostrar cómo opera “interindividualmente” el deseo, a través de desplazamientos constantes entre la imagen del modelo y la autoconciencia del imitador. En un primer momento, el sujeto desea poseer el objeto que el modelo posee (o al menos aparenta poseer), pero luego, ante el fracaso de tal deseo “primario”, interpreta su no-posesión del objeto como la propia insuficiencia, y la contrapone a la absoluta autosuficiencia del modelo, es decir, “justifica”, en cierto sentido, el trato hostil que el modelo tiene para con él (en realidad muchas veces ni siquiera es conciente de tal trato hostil). Se produce así lo que el autor denomina una “transfiguración ontológica” o “metafísica” que consiste en tomar el objeto del deseo (que, por cierto, ya no es más el objeto originario, sino el modelo, o una cierta imagen del modelo) como lo más real, siendo, no obstante, que está cada vez más alejado de la realidad del objeto “tangible” originario que desencadenó la rivalidad. Obtenemos aquí una determinación más precisa del significado de lo que anteriormente veíamos bajo el nombre de “umbral mimético”:
“Se puede decidir no utilizar la palabra deseo más que a partir del momento en que el mecanismo incomprendido de la rivalidad mimética ha conferido esa dimensión ontológica o metafísica a lo que antes no era más que un apetito o una necesidad”.
El umbral de lo metafísico es, según lo entendemos, el umbral de lo irreal, es decir, el límite a partir del cual caemos en lo “infinito” del deseo. Girard utiliza aquí el término “metafísico” como opuesto a “realidad”, entendida ésta en sentido vulgar. No es que lo que se termina deseando (el modelo-rival) no sea real en el sentido de ser una mera proyección psicológica del sujeto, sino que, por el contrario, corresponde a relaciones interindividuales reales, pero incorrectamente interpretadas. El deseo es lo que surge en el seno de esas relaciones, y es por ello ya siempre interpretación de sí mismo. Creemos que a lo que hace referencia el autor aquí al hablar del carácter infinito del deseo es a la lógica según la cual el deseo tiende a perpetuarse aun cuando estén las condiciones dadas para lo que sería su satisfacción. La “no originalidad” del deseo no estriba sólo en el hecho de que no hay un objeto “deseable en sí”, independiente del deseo de los otros, al cual se aplique, sino también en que hay no hay algo así como una “consumación del deseo”, sino más bien una continua y constante transfiguración de un deseo en otro. Esto es lo que Oughourlian pone en los términos de una “victoria que llega siempre demasiado tarde”, es decir que, aun cuando se llegue a la posesión del objeto, tal posesión llegará, la mayoría de las veces, una vez que es demasiado grande la separación entre lo que el objeto “representa” (en materia de goce, placer, etc.) y las aspiraciones cada vez más metafísicas engendradas por el desconocimiento de la rivalidad, a tal punto que la posesión misma se le aparecerá al sujeto como decepcionante. Por una extraña inversión, el objeto que le quede en las manos perderá inmediatamente todo su valor, al no estar ya valorado por el deseo impresionante de un modelo victorioso.
Por ponerlo en otros términos, se trata de que el objeto nunca será lo suficientemente “bueno” para el sujeto, quien lo rechazará (junto con el modelo) tanto más cuanto más fácil resulte su adquisición, y se pondrá a buscar otro objeto y otro modelo que, según él cree, no lo decepcione tan fácilmente. Esto significa, para Girard, que el deseo aspira en adelante, por paradójico que suene, a una “resistencia insuperable”, es decir, llega a un punto en el que la superación de la resistencia conllevaría su propia disolución. Hay, según el autor, una lógica del deseo que funciona de manera análoga a la lógica de la apuesta y que consiste en asegurarse un porvenir, en no renunciar a sí mismo. Tal no renuncia se funda, una vez más, en el desconocimiento del mecanismo mimético por parte del sujeto. Por esto, presumiblemente, sólo a la figura del “renunciante” se le hace transparente tal mecanismo.
En el capítulo 11 (“El deseo sin objeto”), Girard aporta mayores consideraciones acerca de la estructura dinámica del deseo. Hasta el momento, se podría pensar que existe una especie de “asimetría” entre el sujeto del deseo y su modelo, es decir, que el modelo es más plenamente conciente de la estructura de la rivalidad y que deliberadamente formula estrategias que le permiten contrarrestar el deseo de su imitador. Lejos de esto, Girard se refiere al aspecto “contagioso” del mimetismo para demostrar que ni el modelo es ajeno a la posición del discípulo, ni el discípulo es ajeno a la posición del modelo. Más aún, que de lo que se trata no es de pensar en términos de diferencias que se superponen, se desplazan y se intercambian, sino más bien de afirmar la no-diferencia entre los hombres o, más exactamente, entre sus deseos. Lo que consideramos como “diferencias” no son más que interrupciones ocasionales y arbitrarias de la reciprocidad. El tratamiento que el autor hace del concepto de rivalidad supone la relación de dobles, es decir, la imposibilidad de diferenciar los dos miembros de la pareja. Cada uno de ellos ocupa simultánea y sucesivamente ambas posiciones. Lo que en un primer momento se presentaba como asimetría, ahora se revela como perfecta simetría, como una reciprocidad en la que ya no hay una “trascendencia” del modelo.
Pero Girard da un paso más al afirmar que la principal forma en que esa reciprocidad se perpetúa es precisamente el “deseo de ser diferente” que afecta a cada uno de los miembros de la pareja. El “mito de la diferencia” es un desplazamiento más dentro de la propia lógica mimética, desplazamiento por el cual se oculta la radicalidad misma del proceso mimético. Con esto llegamos a lo que considero que es el punto central de la concepción de Girard acerca del deseo, esto es, la idea de que, de la misma manera que en el paroxismo de la crisis sacrificial, en el caso del deseo mimético está contenido un saber que él mismo juzga intolerable: el saber de que los otros son sus dobles y que, por lo tanto (y a falta de todo recurso catártico), no pueden ser integrados en su “proyecto diferencial” sino al precio de autodeclararse loco. De esta forma, se “decreta” el carácter alucinatorio (patológico) del doble y se lo interpreta como “síntoma” de locura, a fin de no reconocer en la identidad de la pareja mimética el “fracaso” último del deseo mimético.
Esto resulta tan difícil de entender porque Girard no se limita a afirmar la ignorancia del deseo con respecto a esa identidad sino que, a riesgo de ser acusado de hipostasiar el deseo, afirma también la utilización del saber de esa identidad por parte del deseo mismo. Es como si llegásemos a un nivel de complejización tal en el que el deseo se revela capaz de utilizar para sus propios fines lo que en principio constituiría su autodestrucción, la verdad del mecanismo mimético. En los momentos en que más cerca se está del descubrimiento de este mecanismo, esto es, en los momentos en que se exaspera la relación de dobles, el deseo llega a un límite de saber más allá del cual no puede seguir sin tener que renunciar a ese “objeto” que tanto quiere, la diferencia. Una vez más, esta diferencia parece ser lo que el sujeto busca vital pero injustificadamente, no importando el “precio” que haya que pagar para sostenerla: en el caso de nuestras sociedades modernas, según Girard, “la democratización y la vulgarización de eso que se llama neurosis, ligada siempre al reforzamiento de las tensiones competitivas y a la metafísica de esas tensiones”. La locura, desde este punto de vista, es aquello que se produce cuando las interferencias miméticas borran por completo los montajes instintivos orientados hacia objetos, y derivan la atención exclusivamente hacia el modelo.
El deseo, como lo venimos viendo, posee una estructura paradójica que se evidencia con el fenómeno del doble vínculo. Esta estructura paradójica corre el riesgo de ser interpretada en términos de “masoquismo” o “conductas del fracaso”. Para Girard, hay que renunciar a estas etiquetas en tanto ellas suponen la plena conciencia y la búsqueda deliberada de aquello que no es más que la consecuencia, nunca buscada por sí misma, del deseo, esto es, el fracaso, la no obtención del objeto. El masoquismo, en otros términos, implicaría la existencia previa (al juego mimético) del rival-obstáculo, mientras que en la concepción del autor, “si los rivales y los obstáculos surgen continuamente ante nosotros, es porque imitamos el deseo de los otros”. La concepción “psiquiátrica” del masoquismo desconoce la doble operación que realiza el deseo: por un lado, transforma el modelo en obstáculo, y luego, transforma el obstáculo en modelo. Si la argumentación de Girard es correcta, lejos de retroceder y retirarse ante el fracaso, el deseo “decide”, por un razonamiento falso pero “lógico” que sólo vale la pena desear lo que no se puede poseer, seguir a los modelos que más se presentan como invencibles, pero esto no porque busque el fracaso por sí mismo. En efecto, eso significaría la pérdida de todo modelo. Tomar el obstáculo por modelo quiere decir, por el contrario, que el fracaso significa otra cosa, el éxito del Otro, y en esa medida, la persistencia del modelo.
El argumento general de Girard, más allá de los detalles y de las críticas puntuales que le formula a la “mitología psicoanalítica” y a la psicopatología, no consiste en decir que el deseo es un autoengaño y que debamos renunciar a desear, sino más bien que el deseo, en tanto reflexión sobre sí mismo, parte de un error fundamental y lo “arrastra” en todos sus niveles de interpretación (por esto la lógica del deseo es una lógica de la agravación y de la exasperación). Este error es el de no comprender su double bind fundador, y así, lejos de comprenderse mejor a sí mismo por la profundización de su saber, lo que hace es volverse cada vez más capaz de “forjar su propia desdicha”, de aumentar la brecha entre la sofisticación de ese saber y la simplicidad del mecanismo mimético.
La concepción de Girard puede ser caracterizada como el intento de deconstruir el deseo a partir de la estructura paradójica que él descubre como el motor de su evolución. Pero tal estructura no se verifica sólo en el hecho de que la fuerza del deseo es directamente proporcional a la resistencia que el modelo le ofrece, sino también (y esto es lo más importante), en que cuanto más se imagina el sujeto que lucha por sí mismo, en la rivalidad mimética, más se somete al otro. La paradoja estriba en que no hay deseo objetual que no esté “mediado” por el rival, esto es, no hay deseo objetual o deseo primario propiamente dicho. El rival no solamente desea lo que yo mismo deseo, sino que, por el hecho mismo de desearlo, le confiere el carácter de “lo deseable”. Lo esencial, entonces, no es ya la lucha por el objeto, sino el hecho de que el deseo se desprenda del objeto mismo para aferrarse al modelo en cuanto obstáculo. La preeminencia que se le concede al rival no es, como intentamos ver, el resultado de una proyección psicológica, sino de la incapacidad real que el sujeto tiene de fijar por sí mismo su deseo y de sostener su fuerza. No se trata de salir del solipsismo sólo insistiendo en la importancia de las relaciones con el otro, sino de apreciar suficientemente su carácter fundador.
Al considerar el “triángulo edípico”, Girard llega a afirmar incluso que el sujeto no “dispone” más que de una punta del triángulo, pero no de las otras dos (el modelo y el objeto). El sujeto no es dueño más que de sí mismo, lo cual implica, paradójicamente una vez más, que no es dueño de su propio deseo, que su deseo se configura en la rivalidad mimética, y no antes. El problema es que la rivalidad misma tiende a perpetuarse y a reproducirse una vez deshecha, lo cual no vuelve posible salir de ella sino a través de una experiencia de conversión religiosa, una experiencia que escape a la violencia de los dobles y a la exasperación ilusoria de la diferencia subjetiva. Dado que el mecanismo mimético no funciona sino en la medida en que no adquirimos un saber de él, Girard tiene que mostrar en qué medida la adquisición plena de ese saber, esto es, la renuncia religiosa, implicaría desear “no miméticamente”. La posibilidad del deseo no mimético, entendido como la salida de la relación de dobles y de las crisis perpetuas a que ella nos somete, es la posibilidad misma de lo religioso.
Maximiliano Gonnet
Córdoba, Julio de 2009.
Bibliografía:
Girard, René, Acerca de las cosas ocultas desde la fundación del mundo, H. Garetto Editor, Argentina.
Girard, René, La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona, 1983
Girard, René, Un análisis de Edipo Rey, en Eco, U., Goldmann, L., Bastide, R., Sociología contra psicoanálisis, Planeta-Agostini, Barcelona, 1986.
12 de julio de 2009
Chilhood & Philosopy

Chilhood & Philosophy (international council for inquiry with children [icpic]) tiene nuevo número en su página web, correspondiente al Volumen 5 del año 2009.
Para acceder al número, el link es: http://www.periodicos.proped.pro.br/index.php?journal=childhood&page=issue&op=view&path[]=31&path[]=showToc
5 de julio de 2009
Tras las pistas filosóficas de crímenes imperceptibles (Los crímenes de Oxford, 2008)

Tras las pistas filosóficas de crímenes imperceptibles
Acerca de Los Crímenes de Oxford (Alex de la Iglesia, 2008)
Dra. Liliana J. Guzmán
¿Podemos conocer la verdad? Ese sería el enigma que, inspirado en la filosofía de Ludwig Wittgeinstein (Viena 1889-Cambridge 1951), desata en la Universidad de Oxford una serie de preguntas, intrigas y acontecimientos extraños desbordados en muertes y lecciones filosóficas. Can we know the truth?, tal sería la pregunta motivo de la película Los crímenes de Oxford, de Alex De la Iglesia (Bilbao, 1965). ¿De qué modo una filosofía del lenguaje, una filosofía aplicada a la interpretación de la ciencia con los recursos de la lógica, inspira una película maravillosa como Los crímenes de Oxford? Basada en la novela del matemático y novelista argentino Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962), la película nos cuenta la historia de una serie de misteriosos asesinatos que se suceden uno tras otro luego de la llegada de un estudiante americano a Oxford, en busca de maestro para el doctorado. Y lo que me inquieta de momento no es narrar el hilo de suspenso, tan bellamente construido en su guión por Alex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría, sino buscar las preguntas que el texto cinematográfico deja resonando. Porque básicamente, quizás, las preguntas del texto fílmico serían - encadenadas a la pregunta de Wittgenstein sobre ¿podemos conocer la verdad?- algunas como éstas: ¿hasta dónde (nos) es posible comprender los acontecimientos, en sí y tal como suceden?, ¿hasta dónde (nos) es posible pensar la experiencia filosófica como una experiencia educativa?, ¿hasta dónde la experiencia educativa es posible, al menos en una relación maestro-discípulo que no sigue el camino de una formación académica sino de una experiencia subjetiva y, en gran modo, peligrosa? Y finalmente, ¿hasta dónde podemos comprender la experiencia de la muerte como algo que puede ser explicado, previsto, calculado, evitado e incluso enunciado? “De lo que no se puede hablar, mejor hacer silencio”, tal como dice el enunciado de Wittgenstein varias veces repetido en el film por uno de sus protagonistas principales, John Hurt, en el papel de Dr. Arthur Seldom, emérito catedrático de Oxford.
¿Podemos comprender los acontecimientos, en sí y tal como suceden? El film Los crímenes de Oxford se inspira en varias premisas del Tractatus Logico-Philosophicus del así llamado “primer” Wittgenstein para enseñarnos que quizás vivimos la muerte de la filosofía, una muerte desbordada de preguntas, una muerte sobre las posibilidades de conocer y develar una verdad concebida como certeza, consumada como principio indiscutible. Preguntas por la verdad que inquietan por completo al alumno de doctorado protagonizado por Elijah Wood (Martin). Preguntas por la verdad que exceden el ámbito de lo cognoscible, de lo abarcable con la lógica del entendimiento, y que se acotan a la comprensión parcial que podamos lograr acerca de los acontecimientos de la vida, la muerte, la finitud y todo hecho producido por obra de la casualidad, causalidad y el azar. En tal sentido, ¿podemos comprender nuestras experiencias con la muerte? ¿Podemos comprender nuestros actos de amor, y lo que de ello obra en consecuencia? ¿Podemos comprender nuestros modos de interpretar lo que sucede, lo que pensamos, lo que nos pasa en el mundo? ¿Podemos comprender la vida y la muerte, como esa tensión ineluctable e inexorable de nuestra experiencia humana?
¿Hasta dónde (nos) es posible pensar la experiencia filosófica como una experiencia educativa? Los crímenes de Oxford se ocupa de mostrarnos que no siempre la relación pedagógica se resuelve en un camino de formación traducido en crecimiento académico institucionalizado, pues la historia no construye una relación pedagógica finalizada en una tesis doctoral. John Hurt y Elijah Wood protagonizan una historia apasionada donde los enigmas gritan más fuerte que las certezas, donde las inquietudes filosóficas del joven serán envueltas en los guiños tramposos de un académico célebre en el campo de la Lógica Analítica, pero tan humano como los errores y detonantes que desata, con mal fin, por cada paso subjetivo dado en el camino. La película es la trama oscura de varios asesinatos de alguna u otra manera vinculados a personas de lo más allegadas al brillante profesor de Oxford, a sus amores, su vida, su pasado. La película es la trama oscura de varios asesinatos de alguna u otra manera vinculados a personas con las que el joven discípulo de filosofía analítica se encuentra en el camino, al llegar a Oxford. En esa trama, ¿qué espacio queda para las preguntas filosóficas? El espacio de las respuestas y enigmas de Wittgenstein, los desciframientos de la lógica, parecen no ser sino un comienzo de camino para las inquietudes comunes de esa extraña relación entre Arthur Seldom y Martin. El espacio vital del amor, del amor actual y de los amores pasados, será el elemento dinámico en el que la historia pasará de una relación pedagógica cuasi convencional (un discípulo pide formación a un maestro) a una relación extraña y con otras lecciones éticas y de interrogación de sí mismo, donde lo central ya no será el desciframiento interpretativo del Tractatus sino un modo específico de aplicar la comprensión de la filosofía de Wittgenstein a los acontecimientos actuales, a las preguntas en acto que atraviesan y afectan profundamente la vida de ambos: la del profesor mirando los errores del pasado, la del alumno interrogando los azares del presente. Así las cosas, ¿hasta dónde la experiencia educativa es posible, al menos en una relación maestro-discípulo que no sigue el camino de una formación académica sino de una experiencia subjetiva, y en el que las preguntas filosóficas de las premisas de la Lógica devienen en preguntas acerca de sí, no como vía de conocimiento sino como experiencia con las sombras de sí en el espejo del otro?
Finalmente, la película nos plantea otro interrogante: ¿hasta dónde podemos comprender la experiencia de la muerte como algo que puede ser explicado, previsto, calculado, evitado e incluso enunciado de alguna u otra manera? “De lo que no se puede hablar, mejor hacer silencio”, es la cita de Wittgenstein con la que Arthur Seldom abre y cierra las puertas de la inquietud de Martin, y las pistas de series lógicas con las que indagan y transitan la serie de asesinatos producidos a su alrededor. ¿Serían asesinatos relacionados entre sí? ¿Sería la Lógica una herramienta para develar o para encubrir hechos acaso vinculados, tal vez no, alrededor de una serie pitagórica de signos matemáticos? ¿Puede la Lógica dar respuestas al enigma de la muerte, como acontecimiento verdadero y como experiencia de finitud? La historia de Los crímenes de Oxford parece mostrar que sí, que las preguntas filosóficas sobre la verdad y la muerte pueden abordarse desde proposiciones del entendimiento lógico… al menos así parece mostrarlo hasta la muerte colectiva de niños hacia el final de la serie de crímenes. La película, hacia el final, realiza un quiebro en la experiencia filosófica, un quiebro en su relato, un punto de suspenso de la palabra y la pregunta que da lugar al silencio, a la inquietud suspendida entre el pensamiento y el espanto, entre el logos y el pavor enmudecido, entre la ética y la condición irreversible de las consecuencias no pensadas de los actos racionales exentos de prudencia, de cuidado de sí, de cuidado del otro. Actos racionales que acaso atisban a explicar los acontecimientos de la muerte, pero jamás a comprenderla ni a develar el sentido de los sucesos tal como aparecían uno tras otro, concatenados por signos, expuestos a la lógica, casi imperceptibles.
Tras estas preguntas, la lección de Wittgenstein queda en pie hacia el final como al comienzo del film: ¿podemos conocer la verdad? El enigma es traducido a la búsqueda de un falso culpable para resolver un crimen y declararlo “perfecto”. El enigma es traducido a la pregunta por sí mismo y a una revelación parcial, sombría, oscura y pavorosa: ¿has pensado las consecuencias de tus actos, verdaderamente? Las preguntas de Wittgenstein siguen en pie, y ya no en el terreno de la Lógica, sino en la inquietud singular, en la experiencia subjetiva de un catedrático apesadumbrado del pasado y de un joven desbordado de presente, de una actualidad que aún vivida rebosante de amor, no puede explicarse a sí misma sino en una comprensión parcial y dolorosa de cierto umbral entre la experiencia del pensar, del amar, y de ver la muerte cara a cara, entrelíneas de una lectura del Tractatus.
Liliana J. Guzmán
San Luis, Invierno de 2009
20 de junio de 2009
Felicidades, en el Día del Padre!
A mi papá, y a mis amigos papás, les doy mi mayor abrazo y les deseo felicidades totales en su Día y para toda la vida. Y les regalo un tema que, aún con el tiempo, se renueva en su voluntad por afirmar la vida, siempre... y con aquello que hacen los padres para darnos la vida, ¡todo a pulmón!
Gracias infinitas, por tanto color que dieron a nuestras vidas.
Liliana
Mariposa Technicolor
(Fito Páez)
Todas las mañanas que viví
todas las calles donde me escondí
el encantamiento de un amor
el sacrificio de mis padres
los zapatos de charol
los domingos en el club
salvo que cristo sigue allá en la cruz
las columnas de la catedral y la tribuna
gritan gol el lunes por la capital
*Todos giran y giran
todos bajo el sol
se proyecta la vida
Mariposa technicolor
cada vez que me miras
cada sensacion
se proyecta la vida
cada vez que me miras
Mariposa technicolor
Vi sus caras de resignacion
los vi felices llenos de dolor
ellas cocinaban el arroz
el levantaba sus principios
de sutil emperador
Todo al fin se sucedió
solo que el tiempo no los esperó
la melancolia de morir en este mundo
y de vivir sin una estupida razon
Yo te conozco de antes
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui
no me alejé
llevo la voz cantante
llevo la luz del ayer
llevo un destino errante
llevo tus marcas en mi piel
y hoy solo te vuelvo a ver...
17 de junio de 2009
Obra teatral Nuestra Señora de las Nubes (Arístides Vargas)

“NUESTRA SEÑORA DE LAS NUBES”
Una obra De Arístides Vargas
Presentación en San Luis:
Jueves 25 de Junio, 21 hs – Auditorio Mauricio López
Síntesis de la obra
La obra transcurre en un lugar sin nombre en dónde se encuentran dos personajes cuyo único patrimonio material es una maleta. Oscar y Bruna que se encuentran por azar en un lugar que no es el suyo, en una tierra extraña, entablan una relación de amistad al descubrir que son originarios de un mismo pueblo: Nuestra señora de las nubes. Enamorados y marginados del mismo país que los echó, estas dos almas recrean su mundo olvidado y sus habitantes a través de la poesía, de las canciones y de la fantasía.
No se habla sobre lo evidente del exilio, se habla de las personas que están fuera de sí, personas que llevan como único equipaje el recuerdo, y una buena dosis de imaginación para inventar ese pasado que no contiene ya su maleta; y así en sus recuerdos borrosos y directos, muchas veces, aparecen los hechos, anécdotas de un pueblo, que como cualquier otro, pasa de lo ridículo y pintoresco hasta lo más terrible y perverso. Desfilan personajes que nos traen a la memoria los arquetipos de una comunidad propia de nuestra forma cultural de vida. Pero esta historia, deja filtrar su parte gruesa y profunda: el imperio de los opresores que pretenden aplastar al que se rebela. La sombra de las dictaduras y la censura. La inocencia burlada. La locura y lo cuerdo social. Lo pintoresco de anécdotas amorosas. La tiranía y el desorden. Entre recuerdos irán construyendo un nuevo territorio que les permita refundar una nueva vida en algún lugar desconocido al que habrá que inventar, para seguir creyendo y paradójicamente, quizás, en algún otro tiempo, añorar y recordar.
Ficha técnico artística
Autoría: Arístides Vargas
Actuan: María del Rosario Francés, Arístides Vargas
Vestuario: José Rosales
Acerca del grupoMalayerba
El Grupo Malayerba nació en Quito, en 1979. Dos años más tarde se constituye legalmente como Asociación Cultural Taller de Teatro Malayerba, sin fines de lucro, con carácter absolutamente independiente y destinado a la producción de un Teatro Latinoamericano que exprese su realidad en un lenguaje propio. En busca de este lenguaje propio, en el año 1988, después de una serie de seminarios realizados, y en vista de los resultados obtenidos en los mismos, se crea el “Laboratorio Teatral Permanente” en la ciudad de Quito, sin un domicilio fijo, ya que el grupo no tenía aún una sede propia.
Las clases se impartieron en diferentes lugares: Galería Artes, Fundación Quito, Alianza Francesa, Universidad Central, Casa de la Cultura Ecuatoriana y el Centro Español. Hasta que, en diciembre de 1995, y gracias a los fondos recogidos en una gira por Francia, el grupo compra una casa situada en la plazoleta del Belén, donde se radica desde enero de 1996.
Ese mismo año, Malayerba recibió la Medalla Nacional al Mérito Teatral por parte de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión.
En el año 2001 nace la revista “Hoja de Teatro”, bajo la dirección de Daysi Sánchez, como un instrumento para la crítica, la teorización, el pensamiento del teatro. Éste documento dirigido tanto para quienes integran el Laboratorio (alumnos y maestros), como para todos los que forman Malayerba (público, teatreros, transeúntes), pretende recoger las experiencias tanto a nivel individual como colectivas de nuestro espacio y también del ámbito teatral de la ciudad.
En sus veinte y siete años de existencia, Malayerba, conformado por un equipo de actores profesionales de distintos orígenes, distintas nacionalidades, distintas culturas y procedencias, ha logrado expresar que esta mezcla no sólo es posible, sino que puede constituir una identidad, una unidad sobre la base de lo diferente y enriquecida por las diferencias. Ha realizado 21 montajes, que ha difundido por las distintas provincias ecuatorianas, para un público diverso. De igual manera, ha tenido la oportunidad de representar al Ecuador en varias ocasiones en festivales nacionales e internacionales. Ha participado en obras para otros grupos de teatro de Ecuador y otros países, así como ha incursionado en el cine y en la televisión, sin dejar nunca de lado el aporte a la comunidad. La Casa Malayerba, sede del Grupo, en la actualidad mantiene además una sala de teatro con capacidad para sesenta personas.
16 de junio de 2009
Memoria y representación (Taller de Teatro)

Taller de Teatro "Memoria y Representación"
Del 8 al 10 de junio estará abierta la inscripción para el Taller de Teatro "Memoria y Representación" que se dictará los días 22, 23, 24 y 25 de junio en el ámbito de la UNSL, a cargo de los actores y directores Arístides Vargas y Charo Frances.
El taller es organizado conjuntamente por la Secretaría de Extensión Universitaria y el equipo “En rescate de la Memoria”, que trabaja en el diseño de un Proyecto de Extensión para la convocatoria 2009/2011, coordinado por Alicia Lartigue y Aníbal Oliveras.
La actuación y la escritura dramática
El taller está conformado por un cuerpo de ejercicios relacionados con la actuación y la escritura dramática, cuyo objetivo es indagar lo vivido, o lo que creímos vivir, y lo que representamos. Cuáles son las interrogantes que surgen a la hora de trabajar con los materiales de la memoria, qué es lo que se escribe y qué es lo que se actúa, en la frontera de lo específicamente vivido y lo específicamente representado. La experiencia está dirigida tanto a creadores que trabajan con sus propios materiales dramatúrgicos, como a actores y actrices que emplean la memoria como poética de la actuación.
El taller se dictará los días 22, 23, 24 y 25 de junio de 15 a 19 hs. en el Auditorio Mauricio López de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN LUIS.
Las inscripciones deben realizarse entre los días 8 y 17 de junio próximos, de 9 a 12 y de 16 a 18 hs, en el Box 76 del 2° Piso del IV Bloque de la UNSL, Av. Ejército de Los Andes 950, San Luis.
Arístides Vargas
Nace en Córdoba (Argentina) y vive desde muy niño en Mendoza. Trabaja en algunos de los grupos de teatro locales y estudia teatro en la Universidad de Cuyo. En 1975 tiene que exiliarse debido al golpe militar. Este hecho marcará su obra dramatúrgica.
Ha dirigido importantes grupos y compañías latinoamericanas entre las que destacan la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica, el grupo Justo Rufino Garay de Nicaragua, el grupo Taller del Sótano de México, la compañía Ire de Puerto Rico, etc. Es fundador de uno de los grupos más prestigiosos de América Latina: el grupo Malayerba de Ecuador, que dirige en la actualidad.
Entre otras, es autor de las siguientes obras: “Jardín de Pulpos”, “Pluma”, “La edad de la ciruela”, “Donde el viento hace buñuelos”, “Nuestra Señora de las Nubes”.
La temática de su dramaturgia gira en torno a la memoria, el desarraigo, la marginalidad. La suya es una escritura poética no carente de humor pero también de cierta amargura y, pese a esta última, de la inocencia suficiente para creer que el mundo puede ser cambiado. Asimismo, su escritura tiene la crueldad de negarse esa esperanza y caer, por momentos, en la desesperación total.
Teatro y Memoria (Arístides Vargas en la UNSL)
Teatro y Memoria
El proyecto de extensión universitaria “En Rescate de la Memoria” trae a San Luis al dramaturgo, director y actor argentino ARÍSTIDES VARGAS, radicado en Ecuador desde la década del `70, quien dará el curso “Memoria y Representación” en el ámbito de la Universidad Nacional de San Luis.
Arístides Vargas, junto con su compañera Charo Frances, fueron los fundadores del Grupo de Teatro MALAYERBA, de reconocida y premiada trayectoria a nivel internacional.
Para quienes estén interesados en realizar este curso, se informa que desde el lunes 8 de junio al miércoles 17 de junio, se reciben las inscripciones de los aspirantes a participar del taller. El taller se realizará los próximos 22, 23, 24 y 25 de junio. Las inscripciones para participar se recibirán en el Box 75 - 2º piso del 4º Bloque de la UNSL, en el horario de 10 hs. a 12 hs. y de 16 hs. a 18 hs. en los días mencionados.
Dentro del marco del taller, se invita al público en general a asistir a las diferentes actividades programadas el marco de las jornadas organizadas por el proyecto.
PROGRAMA
Actividad 1
CONFERENCIA DE PRENSA
Fecha: Lunes 22 de Junio de 2009
Lugar: Microcine de la UNSL
Horario: 11 horas
Actividad 2
Taller: MEMORIA Y REPRESENTACIÓN
Este taller consta de un cuerpo de ejercicios relacionados con la actuación y la escritura dramática, cuyo objetivo es indagar lo vivido, o lo que creímos vivir, y lo que representamos. Cuáles son las interrogantes que surgen a la hora de trabajar con los materiales de la memoria, qué es lo que se escribe y qué es lo que se actúa, en la frontera de lo específicamente vivido y lo específicamente representado. La experiencia está dirigida tanto a creadores que trabajan con sus propios materiales dramatúrgicos, como a actores y actrices que emplean la memoria como poética de la actuación.
Fecha: Lunes 22 a Jueves 25 de Junio de 2009
Lugar: Auditorio de la UNSL
Horario: 15 a 19 horas
Actividad 3
Conferencia: ARTE Y EXILIO
Charla destinada a todo público en donde el dramaturgo expondrá sobre la temática de su dramaturgia que gira en torno a la memoria, el desarraigo y la marginalidad. Además leerá algunos de sus textos publicados en Cuba, España, Ecuador y Argentina.
Fecha: Martes 23 de Junio de 2009
Lugar: Microcine de la UNSL
Horario: 19.30 horas
Actividad 4
Conferencia: TEATRO Y MEMORIA
Charla destinada a alumnos de escuelas secundarias en donde el dramaturgo expondrá sobre la actividad que desarrolla el actor, el director de teatro y el dramaturgo. Además leerá algunos de sus textos publicados en Cuba, España, Ecuador y Argentina.
Fecha: Miércoles 24 de Junio de 2009
Lugar: Auditorio de la UNSL
Horario: 09.30 horas
Actividad 5
Obra de Teatro: NUESTRA SEÑORA DE LAS NUBES
La obra se basa en las vivencias del exilio. Nos presenta los sueños, necesidades, frustraciones, anhelos, amores, desamores, olvidos y recuerdos de ese especial estadio de vida que es el exilio. Con la interpretación de María del Rosario Francés y el propio autor y director del montaje, Aristides Vargas.
Fecha: Jueves 25 de Junio de 2009
Lugar: Auditorio de la UNSL
Horario: 21.30 horas
E-mail de contacto: sandraboso@yahoo.com.ar
El proyecto de extensión universitaria “En Rescate de la Memoria” trae a San Luis al dramaturgo, director y actor argentino ARÍSTIDES VARGAS, radicado en Ecuador desde la década del `70, quien dará el curso “Memoria y Representación” en el ámbito de la Universidad Nacional de San Luis.
Arístides Vargas, junto con su compañera Charo Frances, fueron los fundadores del Grupo de Teatro MALAYERBA, de reconocida y premiada trayectoria a nivel internacional.
Para quienes estén interesados en realizar este curso, se informa que desde el lunes 8 de junio al miércoles 17 de junio, se reciben las inscripciones de los aspirantes a participar del taller. El taller se realizará los próximos 22, 23, 24 y 25 de junio. Las inscripciones para participar se recibirán en el Box 75 - 2º piso del 4º Bloque de la UNSL, en el horario de 10 hs. a 12 hs. y de 16 hs. a 18 hs. en los días mencionados.
Dentro del marco del taller, se invita al público en general a asistir a las diferentes actividades programadas el marco de las jornadas organizadas por el proyecto.
PROGRAMA
Actividad 1
CONFERENCIA DE PRENSA
Fecha: Lunes 22 de Junio de 2009
Lugar: Microcine de la UNSL
Horario: 11 horas
Actividad 2
Taller: MEMORIA Y REPRESENTACIÓN
Este taller consta de un cuerpo de ejercicios relacionados con la actuación y la escritura dramática, cuyo objetivo es indagar lo vivido, o lo que creímos vivir, y lo que representamos. Cuáles son las interrogantes que surgen a la hora de trabajar con los materiales de la memoria, qué es lo que se escribe y qué es lo que se actúa, en la frontera de lo específicamente vivido y lo específicamente representado. La experiencia está dirigida tanto a creadores que trabajan con sus propios materiales dramatúrgicos, como a actores y actrices que emplean la memoria como poética de la actuación.
Fecha: Lunes 22 a Jueves 25 de Junio de 2009
Lugar: Auditorio de la UNSL
Horario: 15 a 19 horas
Actividad 3
Conferencia: ARTE Y EXILIO
Charla destinada a todo público en donde el dramaturgo expondrá sobre la temática de su dramaturgia que gira en torno a la memoria, el desarraigo y la marginalidad. Además leerá algunos de sus textos publicados en Cuba, España, Ecuador y Argentina.
Fecha: Martes 23 de Junio de 2009
Lugar: Microcine de la UNSL
Horario: 19.30 horas
Actividad 4
Conferencia: TEATRO Y MEMORIA
Charla destinada a alumnos de escuelas secundarias en donde el dramaturgo expondrá sobre la actividad que desarrolla el actor, el director de teatro y el dramaturgo. Además leerá algunos de sus textos publicados en Cuba, España, Ecuador y Argentina.
Fecha: Miércoles 24 de Junio de 2009
Lugar: Auditorio de la UNSL
Horario: 09.30 horas
Actividad 5
Obra de Teatro: NUESTRA SEÑORA DE LAS NUBES
La obra se basa en las vivencias del exilio. Nos presenta los sueños, necesidades, frustraciones, anhelos, amores, desamores, olvidos y recuerdos de ese especial estadio de vida que es el exilio. Con la interpretación de María del Rosario Francés y el propio autor y director del montaje, Aristides Vargas.
Fecha: Jueves 25 de Junio de 2009
Lugar: Auditorio de la UNSL
Horario: 21.30 horas
E-mail de contacto: sandraboso@yahoo.com.ar
5 de junio de 2009
Teatro: Geografías de un mundo distante

El grupo teatral IMAGINARIA tiene el agrado de invitar a la presentación de la obra GEOGRAFÍAS DE UN MUNDO DISTANTE, de Romina Reta y Carolina Vincenti.
La obra se presentará en la Sala Pascual Racca, Chacabuco 747, 1er. Piso.
En escena, Marta Olguín y Carolina Vincenti, bajo dirección de Romina Reta.
La musicalización está a cargo de Laura Novillo y la puesta lumínica es de Celeste Domínguez.
La función se realizará este sábado 6 a las 22 hs.
Entradas: $8 y $10. Anticipadas al 2652-15614801
3 de junio de 2009
http://blogs.myspace.com/index.cfm?fuseaction=blog.view&friendId=466833180&blogId=492758311
1 de junio de 2009
Edición 2009 de la Jornada "24 Horas de Cine Nacional"
El Programa de Promoción de la Universidad Argentina invita a instituciones integrantes del sistema universitario argentino a participar de las Segundas Jornadas "24 Horas de Cine Nacional".
Las condiciones, requisitos y formulario para solicitar fondos para la ejecución y difusión de la Jornada están disponibles en:
E-mail: cinenacional@me.gov.ar
Telef: (011) 4129-100071800, int. 6242
Vínculo en
Fuente: Secretaría de Políticas Universitarias
Las condiciones, requisitos y formulario para solicitar fondos para la ejecución y difusión de la Jornada están disponibles en:
E-mail: cinenacional@me.gov.ar
Telef: (011) 4129-100071800, int. 6242
Vínculo en
Fuente: Secretaría de Políticas Universitarias
Concurso de Afiches para Jornada "24 Horas de Cine Nacional"
Bases para el Concurso de Afiche de la Jornada "24 Horas de Cine Nacional" (Secretaría de Políticas Universitarias, MECYT)
30 de mayo de 2009
Música y lenguaje de Franco Zeffirelli a la Escuela de Frankfurt
MÚSICA, LENGUAJE Y FILOSOFÍA
Inquietudes de umbral entre Franco Zeffirelli y la Escuela de Frankfurt
Dra. Liliana Judith Guzmán
En el presente trabajo quisiera aproximarme a ensayar una inquietud para un futuro camino de investigación, quizás, o al menos para plantear en algunos interrogantes sugeridos en los márgenes de la Escuela de Frankfurt alguna nota para futuras indagaciones. O simplemente, dejar expuesta la pregunta con la que he abordado este trazado histórico y nutrido en el través por esa escuela singular que es la Escuela de Frankfurt.
Para ello, para plantear esta inquietud en y desde los márgenes de esta corriente, quisiera proponerme una pregunta clave. Clave, no por ser una pregunta típica del neomarxismo de Frankfurt ni tampoco por haber tenido desarrollos al interior del mismo en alguno de sus autores en particular, sino más bien clave porque es una pregunta no formulada explícitamente al interior de Frankfurt pero que tampoco es ajena a sus problematizaciones. Y pregunta clave, quizás, porque se desplegó con cierto sentido en las tangentes de Frankfurt, en cierto compás de espera marginal entre algunas inquietudes estéticas de W. Benjamin y T. Adorno, y clave porque la misma pregunta es abordada desde el barrio vecino a la Escuela de Frankfurt: la filosofía hermenéutica de H.-G. Gadamer. Si fuere posible, abordaré esa pregunta también en los márgenes, no sólo en los umbrales de pensamiento entre Benjamin, Adorno y Gadamer, sino también en el umbral entre filosofía y arte, específicamente, entre la pregunta que enuncio (sobre las posibilidades del lenguaje musical) y la puesta en discurso de la misma en un texto cinematográfico, específicamente en el film Callas forever, de Franco Zeffirelli.
Tal pregunta, entonces, vendría a enunciarse de este modo: ¿es la música un lenguaje? En la generalidad de la pregunta, y aún con varias respuestas ya elaboradas desde las teorías estéticas y desde la musicología, quisiéramos redoblar tal interrogante en otros, tales como: ¿hasta dónde es posible pensar la música como un lenguaje?... ¿Es la música un lenguaje meramente espiritual?... ¿Es la música un lenguaje ofrecido como conjunto de textos interpretables?... ¿Qué modo de pensamiento impulsa y desarrolla el lenguaje de la música? Si estos interrogantes pudieran encontrar algún faro sin certezas acabadas, me encantaría formular otra inquietud que es con la que comenzó la búsqueda de este texto: el lenguaje de la música ¿se preserva en su aura, en su espiritualidad, o en la posibilidad de una experiencia interpretable e infinitamente inagotable? Quizás, en el rodeo de esta última pregunta encontramos cierto punto de apoyo en un texto cinematográfico específico: Callas forever, de Franco Zeffirelli.
El lenguaje y el verbum: Walter Benjamin
¿Por qué tomar una inquietud marginal de quien fuera, quizás, un autor prácticamente marginal a la Escuela de Frankfurt, como lo es Walter Benjamin? Precisamente por esa resonancia en las orillas, por esa pregunta en los márgenes, y no en la consideración de que el neomarxismo heredero del idealismo alemán no tenga aportes que dar a nuestra actualidad, hoy, aquí y ahora, en el orden del pensamiento, el arte y la cultura. Sino porque, precisamente, la pregunta por el arte fue una inquietud que al interior del círculo de Frankfurt, al menos la primera generación, se desplegó marginalmente, sobre todo en los estudios e investigaciones de Walter Benjamin (1892-1940) y Theodor Adorno (1903-1969) y, en ambos casos, en la periferia de los desarrollos de la teoría crítica que irían conformando el corpus canónico, por así decirlo, de la Escuela de Frankfurt.
En tal sentido, veamos primero cómo se desarrolla la pregunta por el lenguaje en algunos escritos de Walter Benjamin. En una clara adhesión a la interpretación del lenguaje como verbum dei, como Verbo de Dios, en la tradición a medio camino entre la Cábala y el cristianismo, Benjamin traza bocetos para una teoría del lenguaje adscribiendo a la tradición mística de los Padres de la Iglesia y los preámbulos de la hermenéutica filosófica afirmada a posteriori pero, ya en su época, a medio trazarse entre la hermenéutica romántica o filosofía del espíritu y la fenomenología husserliana y su resonancia directa en M. Heidegger (1889-1976) y su crítica a la metafísica. Por lo mismo quizás, por pertenecer a un período de tránsito entre las teorías hermenéuticas de la interpretación de textos y la rehabilitación del problema del lenguaje, es que Benjamin suscribe a una de las más caras tradiciones interpretativas de Occidente: la comprensión del lenguaje como verbo divino, como palabra de Dios revelada a los hombres y fundadora de sentido y realidad, creadora de mundo. Veamos cuáles son los supuestos fundamentales con los que Benjamin nos da a pensar el problema del lenguaje como verbo, como acción espiritual.
Ante todo, para Benjamin toda manifestación de vida es lenguaje, las cosas tienen un lenguaje mudo que los seres humanos, dotados de espiritualidad, pueden interpretar y traducir, enunciar en lenguaje comunicacional. Según esta consideración, toda comunicación de contenidos espirituales es lenguaje, cada expresión es lenguaje, pues la lengua comunica la esencia espiritual de lo que “se es”, postulado con el que Benjamin se anticipa a los posteriores desarrollos de la hermenéutica filosófica, pues enuncia explícitamente: “lo que en un ser espiritual es comunicable es su ser lingüístico” (1). Casi como en un eco prologal a lo que varias décadas después Gadamer enunciaría acerca del dasein aquello de que “el ser que puede ser comprendido es lenguaje” (2).
Esta afirmación de la condición espiritual del lenguaje, implica a su vez que “cada lengua se comunica a sí misma”, sea en el modo de expresión que sea. Pero esta condición se confirma en la condición humana, en la “esencia” propiamente humana y que se sitúa en otro plano que el modo de ser de las cosas: “la esencia lingüística del hombre es su lengua. Es decir que el hombre común comunica su propia esencia espiritual en su lengua”. Si esto es así, ¿qué posibilidades presentaría esa creación humana que es la música, para ser considerada un lenguaje? Benjamin no aborda esta pregunta, por limitar el problema del lenguaje a un tema específicamente de comunicación de la esencia y espiritualidad humanas. Sin embargo, la música no deja de ser quizás un lenguaje espiritual. Pero sigamos con las inquietudes de Benjamin sobre el lenguaje sonoro de las palabras, el lenguaje articulado.
¿Conocemos otras lenguas que nombran las cosas? Esta pregunta responde a la afirmación benjaminiana de que la esencia lingüística del hombre es nombrar las cosas, y en esto es claro el legado platonista del lenguaje como convención de signos según la cual el hombre atribuye nombres a las cosas. Pero ¿por qué el lenguaje nombra las cosas? El hombre, por y a través del lenguaje, nombra las cosas y eso se revela en el conocimiento y quizás también en el arte. Y allí la articulación que haremos con una doble expresión del lenguaje: en el arte de la música, y en el arte del cine. El hombre se reconoce como atravesado de lenguaje en la capacidad humana de nombrar, de dar palabras a las cosas, y con ello, de traducir su experiencia del mundo en el lenguaje, en los lenguajes.
¿Cómo se comunica el hombre? Sólo el hombre tiene “lengua perfecta”, dice Benjamin, en universalidad e intensidad. Esto supone afirmar que, más allá de la concepción burguesa que sostiene que el medio de comunicación es la palabra, tenemos esta dimensión del lenguaje que expresa su posibilidad en la capacidad de dar nombres a las cosas, y con ello, en poner en palabra su espiritualidad, pues “en el nombre, el ser espiritual del hombre se comunica con Dios”. Esta identidad entre ser espiritual y lenguaje está en el concepto de “revelación”: el contraste entre lo expresado y lo expresable con lo inexpresable y lo inexpresado, esto sería lo que refleja la intocabilidad del verbo, que se declara en el nombre y se expresa como revelación en una condición de finitud según la cual buscamos superar en cierta dimensión de infinitud, o de lenguaje inefable.
De este modo, Benjamin nos aporta ciertos supuestos prácticamente categóricos: entre ellos, que la lengua de las cosas es imperfecta, y que las cosas son mudas, no poseen la cualidad del sonido. Por ello, la lengua es lo que crea y lo que realiza esa dimensión sonora del hablar, es el verbo y el nombre por el cual toman sonoridad las cosas que se nombran. En esta concepción, toda lengua humana es reflejo del verbo en el nombre. Por ende, el nombre es al verbo como el conocimiento a la creación, es decir, son como espejos rotos de la participación humana en la infinitud divina, por tanto el hombre opera por traducción de la lengua de las cosas a la lengua de los hombres. Y allí encontramos un aporte interesante a nuestros fines, con el concepto de “traducción”, pues tal actividad sería la “trasposición de una lengua a otra mediante una continuidad de transformaciones”. La traducción consta del proceso de inteligibilidad de la lengua de las cosas a la lengua de los hombres, de lo mudo a lo sonoro, de lo que no tiene nombre a lo que sí lo tiene. Según esta operación del espíritu, el conocimiento que los hombres tenemos de las cosas está fundado en el nombre, y ello implica tres premisas que sostienen que: a) el hombre hace de la lengua un medio, b) del pecado original nace el juicio y c) el origen de la abstracción (facultad de especificidad lingüística) está en el pecado original. En definitiva, toda lengua traduce su conocimiento del mundo en la posibilidad de dar nombres, de asignar desde su ser espiritual nombre a las cosas, proceso infinito que se desarrolla hasta que se despliega la palabra de Dios, que es la unidad de este movimiento lingüístico.
La música y el lenguaje en Adorno
Sin entrar en consideraciones específicas sobre la teoría estética de T. Adorno, que rebasaría en creces el alcance y propósito de este trabajo, es preciso detenernos en las consideraciones de Adorno sobre la música y su relación con el lenguaje y la filosofía.
En el caso de la música con relación al lenguaje, Adorno realiza una demarcación entre los ámbitos diferenciándolos no como inconmensurables, pero sí como distintas instancias de expresión y realización humana. Algunos enunciados formulados por Adorno vendrían a sostener que, primero, la música es semejante al lenguaje (pero no es lenguaje) porque es sucesión temporal de sonidos articulados (y no es lenguaje porque no constituye un sistema de signos, no tiene referencia a un ámbito de conceptos, estrictamente). La música produce, a su vez, una “segunda naturaleza”, produce lo que se corresponde, y media, entre subjetivismo y cosificación. La música, por otra parte, aspira a un lenguaje (de símbolos y sonoridades) sin intenciones, aunque significativa. Entonces, se produce una dialéctica entre intenciones expresadas musicalmente y manifestaciones del lenguaje por sí mismo: “ser musical es interiorizar las intenciones relampaguentes sin perderse en ellas, refrenándolo. Así se forma el continuo musical.” (3)
Así como Benjamin apunta el concepto de traducción para sus pensamientos sobre el lenguaje, Adorno nos posiciona respecto del lenguaje con relación a la interpretación: y es que a la interpretación la exigen tanto la música como el lenguaje. La interpretación del lenguaje consta de entenderlo, la interpretación de la música es ejecutarla (tocar es “hablar su lengua con corrección”) (4). Interpretar música, dice Adorno, ejecutar una obra es una praxis mimética en la que se abre la música como imaginación muda o lectura silenciosa. La diferencia entre música y lenguaje no se explica por sus rasgos singulares sino por el todo de una composición, por su tendencia o estilo al que aspira en su expresión y por su cercanía o proximidad al acontecimiento de inmediatez de lo absoluto: “El lenguaje significativo quisiera decir el Absoluto a través de la mediación… en cambio la música lo encuentra inmediatamente” (5).
La música también es mediación (ahí es semejante al lenguaje) aunque su mediación se desarrolla por una ley diferente a la del lenguaje significativo y articulado en palabras, no por los significados sino por su absorción por un contexto que salva su significado: “la música rompe sus intenciones dispersas con su propia fuerza y las deja reunirse para configurar el nombre” (6). Como vemos, la cercanía entre Adorno y Benjamin no sólo se da en el valor asignado a la capacidad del lenguaje como posibilidad de dar nombres, en el marco de la teoría del convencionalismo lingüístico, sino también en la manifestación del arte como experiencia irrepetible de una lejanía, quizás, de un aura… o de un acontecimiento de infinitud que se produce en la inmediatez de lo Absoluto. Y que se preserva, de cualquier modo, en el enigma.
La música no tiene trama de sentido, dice Adorno, sino que consta de evocaciones no siempre intencionales o comunicables. Más aún, la música linda con lo comunicable pero no se agota en las intenciones: en la lógica de la ejecución musical, la interpretación musical, lo que cuenta es el contenido, lo que sucede en el mismo fluir de la música, y ello porque las formas musicales, las estructuras de las obras, “son su propia determinación, como la de algo espiritual” (7).
De este modo, la música se determina a sí misma, y es una forma verdadera del conocimiento para sí misma y para los conocedores de este arte. De ello consta su carácter de “intraducibilidad” (8) y su condición de enigma, precisamente, pues en su ejecución y devenir (en su interpretación en acto) la música es un enigma insondable cuyo sentido no es posible traducir del todo, describir, justificar, comprender desde la racionalidad lógica, instrumental, inteligible, desde el lenguaje humano, en suma.
Dice Adorno: “la música mira con ojos vacíos a quien la escucha, y cuanto más profundamente se sumerge uno en ella, más incomprensible resulta lo que ella deba ser, hasta que uno aprende que la respuesta, si es que una respuesta así es posible, no yace en la contemplación, sino en la interpretación: es decir, que sólo resuelve el enigma de la música quien sabe tocarla como un todo (…) Destacar el carácter enigmático de la música seduce para preguntar por su Ser, mientras que al mismo tiempo el proceso que condujo hasta ahí prohíbe la pregunta. La música no posee su objeto, no domina el nombre, sino que depende de él, y con ello apunta a su propio hundimiento” (9).
Lenguaje y texto: la hermenéutica de Gadamer
En su hermenéutica filosófica, H.G. Gadamer (1900-2002) postula la posibilidad humana de la compresión –el norte de su propuesta- por la relación intrínseca entre lenguaje e interpretación, entre palabra y texto. Es la posibilidad de los hombres por comprenderse a sí mismos en una experiencia con la alteridad y con lo que les es más propio a la finitud humana: el lenguaje. Gadamer profundiza en el ser-ahí acuñado por M. Heidegger y postula que hay que buscar su comprensión en la experiencia del arte y la experiencia histórica, y que es una comprensión que excede el lenguaje conceptual: “la obra de arte, aunque se presente como un producto histórico, y por tanto como posible objeto de investigación científica, nos dice algo por sí misma, de tal suerte que su lenguaje nunca se puede agotar en el concepto” (10).
En tal sentido, más que hablar de un “ser para la muerte”, Gadamer desarrolla en el conjunto de su obra filológica-filosófica la noción del “ser para el texto”, como noción según la cual por el lenguaje comprendemos a partir de los intentos reiterados por sumergirse en algo con alguien, por exponerse a la experiencia del otro, lo otro, en un diálogo vivo y verdadero. Tal experiencia dialogal hace posible la emergencia de lo que él denomina como “potencial de alteridad”, o aquello que está más allá de todo consenso en lo común, que nos excede y, por lo mismo, se preserva en el enigma.
En el marco de esta teoría para la comprensión, y haciendo pie en la noción de interpretación, Gadamer postula la posibilidad de la misma en tanto ejercicio y experiencia de relación con el texto. Y entiende por texto todo aquel conjunto o tejido de símbolos, significados y sentidos a ser develados, construidos y transformados en una obra, diálogo, libro, etc. Así, un texto sólo se presenta a la comprensión en el contexto de la interpretación y aparece a su luz como una realidad dada” (11). La relación con el “texto” se ubica al interior de –al menos en Occidente- tres tradiciones interpretativas: en la tradición eclesiástica, un “texto” es aquel escrito cuya interpretación se realiza en la predicación y el magisterio eclesial, como fundamento para la exégesis a partir de ciertos presupuestos dados en el texto mismo; en la tradición musical, un “texto” es el mapa u hoja de ruta para la ejecución vocal o instrumental, esta vez sin todo el componente de presupuestos que los de un texto eclesial, sino como un conjunto de símbolos dables a un juego infinito de interpretaciones ulteriores; y en la tradición jurídica, a su vez, el texto es el escrito legal que se somete a discusión y revisión en función de su interpretación y aplicación permanente.
En la tradición filosófica hermenéutica, “texto” sería algo que debe ser legible: para ello es preciso que algo presente o contenga una (potencial) manifestación audible, en el caso del texto musical, y que sea un (potencial) desciframiento para que la comprensión sea tal, en el caso del texto escrito. De este modo, “texto” es lo que está allí dado a leer, para ser comprendido, y que pasa a ser un objeto que está ahí para ser traducido –interpretado- en la lengua (la percepción, posibilidades, experiencias) del lector –interprete-.
A su vez, Gadamer realiza una analogía entre texto y diálogo, entre la experiencia de leer e interpretar, y la experiencia de hablar con otro, con un tú que nos afecta desde la alteridad. De la misma manera que el diálogo, que busca el acuerdo mediante afirmaciones y réplicas, preguntas y gestos, de la misma manera un texto escrito es un texto dispuesto a ser abierto, es un horizonte de interpretación y comprensión que el lector habrá de llenar de contenido, de esto consta la experiencia de la interpretación. Así, interpretar es permitir una “vuelta al texto”, a lo que se da allí en ese tejido de símbolos y contenidos como algo idéntico a sí mismo y dotado de sentido. La tarea de quien lee, entonces, en tanto intérprete, es la de hacer hablar nuevamente, siempre y cada vez, al texto. Por ello, leer y comprender significan restituir el contenido de lo interpretado a su autenticidad original, renovando su sentido en cada lectura, en cada interpretación.
Así, se da una relación que va desde texto e interpretación a la tríada texto – interpretación – lector (intérprete): el intérprete “debe superar el elemento extraño que impide la inteligibilidad de un texto. Hace de mediador cuando el texto (el discurso) no puede realizar su misión de ser escuchado y comprendido. El intérprete no tiene otra función que la de desaparecer cuando se logra la comprensión. Por eso el discurso del intérprete no es un texto, sino que sirve a un texto.” (12) Ello constituye la denominada por Gadamer como una experiencia de “fusión de horizontes”: en la interpretación (lectura y/o ejecución) se resuelve la tensión entre el horizonte del texto y el horizonte del lector o intérprete. Y de alguna manera, esta fusión horizóntica en el caso de la interpretación musical, se corresponde o es análoga con la interpretación literaria: allí el intérprete aborda un lenguaje mediador entre lo que sucede y el texto que está ahí, abierto a su infinitas posibilidades de interpretación. En tal caso, son interpretaciones que obran en virtud de la memoria del poeta, del cantor, como si “estuvieran escritos en el alma” (12), y que ponen en obra una palabra verdadera que le da sonoridad y melodía al discurso, al contenido desplegado en ese texto.
Por ello, el texto de la obra no se hace efectivo sino en el acto mismo de darse a leer, a oír, a ser comprendido. Este acto de leer, de dejar hablar al texto, es lo que Gadamer denomina como “construcción” o gebilde, “transformación de la forma” y “transformación en construcción”: aquella experiencia según la cual se construye algo que no está a partir de lo que viene o habla en el texto, por esa lectura y comprensión, el intérprete actualiza el modo de ser mismo del texto, su sonido y sentido, su modo de ser.
Callas forever: el lenguaje de la música y su interpretación
Hechas estas consideraciones hermenéuticas de dos exponentes de la Escuela de Frankfurt, con sendas inquietudes marginales sobre la música y el lenguaje, y del principal exponente de la filosofía hermenéutica, y su inquietud por el arte y el lenguaje como posibilidades de comprensión de la experiencia del dasein, veamos si es posible plantear un diálogo entre estos pensamientos y una situación específica de una escena cinematográfica sobre el lenguaje de la música y su interpretación.
En Callas Forever (2002), Franco Zeffirelli (1923- ) reconstruye uno de sus momentos compartidos con la soprano María Callas (1923-1977) hacia el final de su vida. En el film, encontramos al productor Larry Kelly (Jeremy Irons) llegando a Paris con un grupo de rock y buscando a su amiga de siempre, la soprano María Callas (Fanny Ardant), que se encuentra encerrada y depresiva en su departamento. La diva no sólo que ya no realiza conciertos sino que ha ido perdiendo gradualmente la voz. En estas condiciones, Larry le acerca su proyecto Callas Forever, que consta de grabar películas con la misma actuación de la soprano pero haciendo playback, es decir, utilizando las pistas sonoras registradas en audio en los mejores años de esplendor de la soprano, durante su juventud. Así las cosas, Callas accede tímidamente a la propuesta, empezando por hacer una filmación exquisita de la ópera Carmen (Bizet). Con esta producción, la cantante recupera la dimensión vital, existencial y mística de su relación con la música, evocando lo maravilloso que sonaba su voz a los veinte años y renovando la experiencia de construir una obra colectiva con perfeccionismo, belleza y amor. Sin embargo, pocos días después del pre-estreno de Carmen, Callas le pide a su productor no continuar con el proyecto (que proseguiría con la filmación de La Traviata, de Verdi), es más, le ordena explícitamente destruir la cinta fílmica de Carmen. En su lugar, propone filmar Tosca (Puccini), pero la negativa es básicamente la misma: si filma Tosca, deberá ser en sus condiciones actuales, con la voz arruinada de sus años cincuentones, y en todo caso, lo que no permitirá es hacer de la obra un fraude que simule una voz perfecta para una voz perdida. Callas se niega a que sus obras reflejen algo que ella no es, y ella es María Callas, la que alguna vez de joven fuera una voz prodigiosa, fantástica, y por lo mismo, no puede alterar la producción de su obra actual con la apariencia de lo bello que fue sino renovando lo que queda del tiempo: sus dolores, quebrantos, pérdidas, sueños rotos en una voz quebrada por una experiencia de amor.
Desde la óptica planteada por Benjamin, podríamos decir que el film de Zeffirelli no nos sitúa en una relación con el lenguaje cual emanación del verbo divino. Sin embargo, se dan algunas cosas que podemos considerar en confirmación de las hipótesis del pensador judeo-alemán. Por ejemplo, la condición del lenguaje para dar nombres a las cosas, tales nombres como el mismo nombre propio de la diva, pues María Callas nació como María Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulus, y al promediar el fin de sus días, la soprano no se reconoce en su nombre de soprano famosa por su talento singular, tampoco en su nombre de nacimiento, más bien se pregunta quién es y por qué no habrá deseado vivir siendo simplemente una mujer, más que un nombre, el nombre de una diva.
A su vez, María es la primera que le da nombre al engaño de grabar en playback, esa palabra que viene circulando desde el comienzo del film y que nadie se atreve a pronunciar: vender un producto de imagen grabado hoy con el audio grabado de ayer no es otra cosa sino fraude, un engaño al público que ama la ópera, que admira a María Callas y que ha tenido una experiencia estética con su talento de hace tiempo.
Por otra parte, la misma experiencia de retomar la actividad musical llevando una ópera a una película es lo que restituye no sólo la relación afectiva de amistad incondicional entre María y Larry, sino también la renovación espiritual entre lo que fue la producción maravillosa de una voz única y lo que es el presente entre las ruinas de ese legado de sí misma. En ese doble juego de reencuentros, lo que emerge en el film es la condición evanescente de la música y su capacidad de ser traducida en el lenguaje cinematográfico desde el lenguaje musical. Pero también en ese juego emerge una doble característica señalada por Benjamin: por un lado, las posibilidades del lenguaje (articulado y musical) para expresar cierta esencia o modo de ser espiritual de la obra de arte y su puesta en interpretación musical –discográfica y cinematográfica-, y por otro lado, la emergencia del aura de la obra como presencia de esa lejanía de la verdad de la obra, aquella que no puede ser capturada por todos los medios de producción y reproducción técnica, que no es aquella condición de enigma y encanto de la obra que tanto evoca y preserva Callas cuando afirma la necesidad de destruir Carmen, no sólo por no reflejar la actualidad de su talento vocal, sino también por no exponer la verdadera manifestación de la obra, en su devenir tal y como sucede en la construcción lograda por el montaje sin alteración del registro vocal. La decisión de Callas lleva a la quiebra al productor musical, sin embargo, ambos acuerdan conceder a la obra la palabra única de ser tal como es, de no ser presentada en una representación que adultera la voz original por la voz del pasado de la diva.
En términos de Adorno, Callas forever expone la relación entre música y lenguaje, sin abordar ningún esquema conceptual sobre la misma sino directamente ofreciendo esa relación en carne viva en el cuerpo y la experiencia de su protagonista. En efecto, María Callas habita su dolor en el corazón de su memoria, de la memoria de una carrera musical atravesada de y quebrada por heridas de amor. En este sentido, Callas tensiona el mundo de sus palabras en relación directa al mundo de su música, y las palabras de las obras que interpreta, logrando así lo que en el film parece ser su vía de expresión más acabada y su modo (casi exclusivo) de realización de sí misma, en la realización de su modo de ser o subjetividad (esa María Callas en su propio personaje de sí) y de expresarse a través y con el lenguaje de la música. Por otra parte, advertimos en el trabajo de Callas con la música, esa atención detenida y estrictamente cuidadosa del conjunto de sentidos e intenciones que constituyen cada obra en particular: en efecto, con cada interpretación lograda de Callas se deja ver en el film la relación personal con el personaje principal de la obra, con los otros personajes, con el contenido musical y literario y con el todo del texto operístico (situaciones, dramas, vestuarios, gestos, epocalidades, tradiciones, símbolos, etc.).
De este modo, con María Callas vemos un cuidado estrictísimo del concepto de interpretación como ejecución de la obra musical en su mayor perfección y representación en escena, a partir de profundos trabajos de reflexividad consigo misma y con sus experiencias o deseos reflejadas en cada ópera, en cada fraseo lírico y musical que van entramando el cuerpo total de la obra como un todo único y singular, con un sentido propio. No otra cosa sino esa interpretación es lo que Callas reivindica y defiende de manera acérrima negándose a la reproducción de una interpretación actual falseada por una interpretación pasada, y por ende, engañosa. Y no otra cosa sino ese cuidado devoto de la interpretación es lo que vemos en su deseo de filmar y producir Tosca con las condiciones actuales de su voz y su talento: ejecutar Tosca en y desde María Callas, tal como hoy es, en su mayor integridad y con la mayor autenticidad posible, aún a riesgo de decepcionar a un público enamorado de su brillo juvenil de tiempos pasados.
En este vínculo existencial y espiritual de María con sus interpretaciones, advertimos una experiencia quizás no metafísica (no vinculada a algún absoluto trascendental) sino más bien una búsqueda de sí misma en ejercicios de mediación: a través de las óperas interpretadas, María Callas encuentra modos de expresar no sólo sus estados de ánimo sino sus vivencias afectivas, sus miedos y fantasmas, sus desolaciones y tormentos, sus esperanzas y deseos de vivir y encontrar, algún día, un nombre propio aún en la rasgadura de la que fuera su propia voz. Experiencia de mediación entre la subjetividad y la obra que aquí se presenta, tal como ella argumenta ante su productor, como la experiencia irrepetible de un enigma insondable, incapaz de ser traducido en los simulacros tecnológicos de una voz remota superpuesta al acontecimiento actual de la obra que es, que deviene, que construye consigo mismo.
En suma, María Callas sería un modelo de ejemplaridad, diría Adorno, según el cual una obra se preserva en su ejecución musical propendiendo a su interpretación más correcta posible y cuidando su enigma preservando el encanto y las formas de las estructuras que la determinan en sí misma, que hacen ser a la obra lo que es, y que es aquello que se preserva (y que Callas atesora) en el enigma evanescente y transformador de su propia (y devotamente cuidada) interpretación.
Si tenemos que abordar el film desde la filosofía hermenéutica, básicamente podríamos conjeturar que, en este caso, Zeffirelli expone con vehemencia la relación humana de intérpretes con aquella condición del ser de la obra, y de esta relación en tanto “ser para el texto”. Es decir, a lo largo de la trama del film encontramos innumerables gestos en y por los cuales la obra se considera no literalmente como un texto, hermenéuticamente hablando, pero sí como ese conjunto de sentidos con vida propia que debe ser considerado y cuidado en su interpretación siempre inagotable. La película nos expone permanentemente el cuidado que amerita toda obra de arte, esté o no esté en circulación comercial, y esto se refleja claramente por cada vez que encontramos o a Callas o al productor no sólo atesorar el buen cuidado de la obra, sino también en el reencantamiento que la pre-producción de cada obra produce en Larry y en los ensayos rigurosos y apasionadamente perfeccionistas con los que Callas se entrega a la puesta en realización de Carmen. Y ambas experiencias no son sino modos de preservar el “potencial de alteridad”. Toda la película presenta este cuidado por la obra, como obra expuesta a su interpretación (como texto) y como un conjunto de sentidos todos plausibles y necesariamente trabajados con perfeccionismo y rigor, pero también como lo que excede esos sentidos trabajados y desarrollados por sus intérpretes.
Callas forever nos muestra la necesidad de “dejar hablar el texto” en todo el film, y muy especialmente en aquella penúltima escena de diálogo entre María y Larry. La escena comienza en su habitación de hotel, sobre la frustración por realizar Tosca, y continúa sesuda y meditativamente en el paseo por el parque. En ese diálogo, María se obstina en preservar aquello de la experiencia con Carmen que no puede reducirse a la técnica del playback, y así preserva la condición textual de la ópera por ser aquello siempre reinterpretable y, en cada vez, reconstruida por sus hacedores e intérpretes. Cuidado y preservación que, en su caso, exceden la negativa a ser grabada con la voz de joven en la actuación actual simulando la voz tal como es.
De este modo, María Callas instala la inquietud por la obra de arte como aquello que viene y nos transforma y no se deja capturar en nuestros esquemas de experiencia, sino que nos transforma y renueva transformando a su vez la obra, siempre en cada caso, en cada acto de interpretación y acontecimiento de la obra. Callas preserva esta condición de la obra artística cual potencial de alteridad y como posible experiencia de transformación en construcción no sólo ordenando destruir la cinta del “fraude”, como ella dice, sino también dejando en evidencia que por cada vez que se interpreta la obra, se realiza aquella reunión definida por Gadamer como “fusión horizóntica”: en la ejecución musical, la obra se fusiona desde sí misma al universo y experiencia del intérprete y en el tiempo singular en que esta comunión se produce.
Quizás, en la interpretación musical que María Callas realiza de cada ópera encontramos no sólo una instancia de lenguaje espiritual traducido en términos estéticos sino también una experiencia de vida traducida en la experiencia del arte. Experiencia que reúne lo bello y lo terrible, lo enigmático y lo verdadero, lo que es y lo que deviene… de si, de la obra y del instante de encantamiento en el que sus oyentes son capturados, atravesados y transformados por esa interpretación. Gadamer habla de esta experiencia del arte, cual experiencia de construcción de la forma de la obra y de renuevo de la misma, como de una experiencia bella según la cual algo es, cada vez y en cada caso, en cada sucederse de la obra de arte y en cada experiencia verdadera que produce en nosotros. Y sobre esa experiencia, sobre esa obra que nos habla desde sí misma y nos afecta transformándonos, él dice: “nuestra mente no sólo conoce lo que se dice sobre lo bello y lo que expresa la autonomía de la obra de arte, independientemente de cualquier relación de uso, sino que, nuestro oído oye y nuestra comprensión percibe el brillo de lo bello como su ser verdadero. El intérprete que aporta sus razones desaparece, y el texto habla” (14). Y quizás, algo de ese dejar hablar la obra es la señal y convocatoria de María Callas, en su producción, en su interpretación, con su vida misma hecha una obra de arte.
Conclusiones fragmentarias
Si retomamos las preguntas formuladas a comienzo de este trabajo, veíamos en primer lugar la búsqueda de cierta relación entre música y lenguaje, diciendo: ¿es la música un lenguaje? Con esta pregunta, formulábamos otras: ¿hasta dónde es posible pensar la música como un lenguaje? ¿Es la música un lenguaje meramente espiritual? ¿Es la música un lenguaje ofrecido como conjunto de textos interpretables? ¿Qué modo de pensamiento impulsa y desarrolla el lenguaje de la música?
Fragmentaria y tentativamente, trazamos algunas notas para estas preguntas en consideración de los aportes de Benjamin, Adorno y Gadamer, a conciencia de que éste último no pertenece a la corriente de Frankfurt pero sí tuvo diálogo con algunas inquietudes establecidas por los dos primeros en la periferia de Frankfurt. Y fragmentaria y tentativamente, quisimos abordar esas inquietudes en la traducción que sobre la interpretación musical como lenguaje espiritual indescifrado realiza Franco Zeffirelli en el film Callas forever. De tal suerte que pudimos ver que, en efecto, la música sí guarda relación con el lenguaje y no necesariamente con la concepción esencialista del lenguaje como emanación divina sino como expresión espiritual para interpretar el mundo. También pudimos apreciar que la música, la interpretación musical era abordada en el caso de Callas como ese cuidado amoroso y riguroso que el intérprete realiza con la obra y por el cual nos entrega la verdad del ser mismo de la obra en un tejido dispuesto a nuestra experiencia de comprensión de la misma, a nuestro horizonte de interpretación por el cual le damos sentido y valor y nos abrimos a la posibilidad de dejarnos hablar por la verdad o el ser mismo de la obra para transformar nuestro ser hoy, aquí y ahora, en el tiempo en que somos atravesados por esa obra que allí nos habla. Y en este sentido, la lección fantástica de María Callas no era otra sino la de preservar el aura de la obra, atesorar su condición de enigma, dejándola hablar cual texto abierto, siempre plausible de interpretaciones auténticas y al infinito, y siempre entregadas a que nos suceda una experiencia verdadera y transformadora con ellas, con su enigma y verdad, con su lenguaje singular traducido al lenguaje de nuestras propias experiencias e interpretaciones, encantamiento y transformación.
En este tono, me gustaría dejar formulada nuevamente una última pregunta: el lenguaje de la música ¿se preserva en su aura, en su espiritualidad, o en la posibilidad de una experiencia interpretable e infinitamente inagotable? Quizás, entre los márgenes filosóficos de todo pensamiento que se interroga por la experiencia del arte, la misma experiencia vital de María Callas nos interroga de suyo y por sí misma, convocándonos al juego constante de la experiencia transformadora del arte, llevándonos al Olimpo de la experiencia interpretativa, guiñándonos los ojos para que, en una epokhé de nuestras prisas, podamos dar oídos a la obra y dejar hablar el ser verdadero que nos habla (y canta) desde las obras, desde su sentido y sonido hecho palabra y música, vida y pasión, cual texto infinitamente abierto al horizonte inagotable de nuestras experiencias.
Dra. Liliana Judith Guzmán
San Luis, mayo de 2009.
Vínculos:
Web oficial de Callas forever: http://www.callasforever-themovie.com/
"Habanera" de Carmen, por María Callas: http://www.youtube.com/watch?v=lKnR9VIK3MA
Notas:
(1) Cito desde aquí el texto de W. Benjamin “Sobre el lenguaje en general y la lengua de los hombres”, de Sobre el programa de filosofía futura y otros ensayos, Montevideo: Monte Avila, 1971.
(2) Gadamer, H. Verdad y Método, Salamanca: Sígueme, 2003.
(3)Adorno, W. T. Sobre la música, Barcelona: Paidós, 2000, p. 27.
(4) Ibid.
(5) Ob. cit., p. 28.
(6) Ibid.
(7) Ob. cit., p. 30
(8) Ob. cit., p. 73
(9) Ob. cit. pp. 69-71
(10) Gadamer, H. “Texto e interpretación”, en Antología, Salamanca: Sígueme, 2001, p. 192
(11) Ob. cit. p. 199
(12) Ob. cit. p. 211
(13) Ob. cit. p. 212
(14) Ob. cit. p. 222
16 de mayo de 2009
El derecho de llegar a ser quien se es

EL DERECHO DE LLEGAR A SER QUIEN SE ES
O EL VALOR DE LA EDUCACIÓN COMO EXPERIENCIA Y FORMACIÓN (1)
Liliana J. Guzmán
A mamá,
porque en las palabras puedo conocer la alegría
inventando mundos en los que no suceda la tristeza.
1
Ya demasiado se ha comentado, escrito, acordado y promulgado acerca de los derechos del hombre a la educación. No hablaremos aquí, entonces, de lo que ya hemos escuchado desde hace tiempo acerca de una "educación para todos", o de los derechos del hombre a una educación digna, justa y necesaria. Sin embargo, para hilvanar algunas palabras acerca del valor de la educación, y especialmente de la educación universitaria, voy a acudir a una realidad y a una premisa, ambas presentes en la Declaración Mundial sobre educación para todos (2). Elijo entregar la noticia feliz en primer lugar, tal se expresa a modo de premisa y dice: "toda persona tiene derecho a la educación". Bella premisa, si las hay, tan idealista como declamativa y, por cierto, reivindicativa de lo que haría de una persona lo que es: la educación. Pero luego de la buena noticia, se nos entrega la noticia no del todo feliz, o sea, la que nos sitúa ya no en el plano de lo ideal sino más bien de lo real. Expresión de realidad, el mismo texto que comienza con la citada premisa lo hace mostrando la contracara de la misma, o lo que presenta la realidad, esto es: "más de 100 millones de niños y niñas no tienen acceso a la escuela primaria. El analfabetismo funcional adulto es un problema compartido por países industriales y en desarrollo. Más de 960 millones de adultos son analfabetos. Más de la tercera parte de los adultos del mundo carecen de acceso al conocimiento impreso y a las nuevas capacidades y tecnologías que podrían mejorar su condición de vida y permitirían una mejor adaptación a los cambios sociales y culturales. Más de 100 millones de niños y adultos no completan su ciclo de educación básica y otros tantos millones que aún completándolo no adquieren conocimientos y capacidades esenciales".
Hasta allí lo que hace doce años atrás era una realidad a partir de la cual se reafirmaba la premisa de una imperiosa necesidad del derecho humano a la educación. Para sumar oscuridad a la realidad desafortunada que allí se muestra, debe considerarse que no se hace referencia a las posibilidades de acceso a los otros niveles educativos, incluido el superior y en él, el universitario. De lo que dolorosamente se concluye que millones y millones de seres humanos no tienen la posibilidad de acceder a este proceso en y a través del cual llegarían a ser personas, en el sentido pleno del término, entendiendo por persona a todo ser humano que tenga derecho a respeto, identidad, dignidad y derecho a la formación de sí mismo a través del conocimiento para así ser un sujeto activo, libre, feliz heredero y renovador de la vida de su cultura. Pues, a esa cruel realidad va dirigida la inquietud que orienta estas palabras, que no es otra que la necesidad de pensar acerca del derecho que toda persona tiene para llegar a ser persona, para llegar a ser quien es, o el derecho inalienable e inaplazable de todo ser humano a la educación. Sin embargo, para dar cuenta de una inquietud que se atreva a pensar la realidad, haré foco en la necesidad vital y constitutiva que es el derecho humano a ser alguien, la posibilidad de ser una singularidad con nombre propio.
2
"Atrévete a llegar a ser quien eres", declama el imperativo de Píndaro que Nietzsche bien usa como pretexto para dar subtítulo a Ecce Homo, su propio relato de sí como experiencia de formación, como experiencia de llegar a ser quien se es. Llegar a ser quien se es sería, en primer término, un modo contingente de culminación de una forma propia y hablamos de un modo contingente, y temporal, pues no sería ningún proceso acabado del todo ni determinado de una vez y para siempre. Esto sería lo que en sí reúne la palabra formación: un proceso de vida que no acaba hasta el acontecimiento irreversible de la muerte.
Hablamos, entonces, aquí de formación en varios sentidos: formación sería el proceso a través del cual alguien se da una forma propia, conquista su propio modo de ser, se da un ethos o carácter propio; tal sería la idea moderna de bildung, idea que acaso toma su mayor expresión en la filosofía hegeliana. Pero también formación es el trabajo autopoiético o la invención de un sí mismo a modo de obra de arte; éste sería el sentido que la escritura nietzscheana ofrece para pensar la formación ya no como la culminación de un proceso de autoconciencia sino como la posibilidad de hacer de sí la propia obra de arte, la propia creación. Esta concepción de formación a modo de arte es, en Nietzsche, la invitación de Zaratustra a los hombres: asumir la voluntad para realizarse en virtud de la pasión de cada quien por llegar a ser un sí mismo; también es el grito de combate que subyace a la Tercera Intempestiva: la educación de universidad debiera estar al servicio de la posibilidad de cada viajero por llegar a ser quien es; y también es la enseñanza del anciano del bosque a los jóvenes estudiantes del libro Sobre el porvenir de nuestras escuelas: hay que atreverse a conquistar cierto modo de “ética de la autenticidad” (3), cierto modo de ser de un modo único, singular, irrepetible, de altura propia. De este modo, hablar de la formación en términos de bildung ya no sería posible si entendemos por tal el proceso de constitución de una autoconciencia. Sí podríamos hablar, en cambio, de cierto “estallido de la bildung” (4), esto es, la posibilidad de crear y crearse desde el sin fundamento de carácter absoluto o de totalidad siguiendo el instinto de la voluntad que quiere, puede y se hace a sí misma. Pues bien, tal modo de bildung, fragmentario y nacido de una voluntad de arte, sería el que se pone en juego en el proceso educativo de llegar a ser quien se es. Es a este modo al que quisiera reivindicar, entonces, para retomar la premisa de la educación para todos, aquella que enuncia “toda persona tiene derecho a la educación”. Reescribo la premisa, si ustedes me lo permiten, y digo: “toda persona tiene derecho a su propia formación”, o mejor, “toda persona tiene derecho a llegar a ser su propio artista”, lo que da igual que decir “toda persona tiene derecho a llegar a ser quien se es”. En otras palabras, “toda persona tiene derecho a una educación que le posibilite hacer de sí su propia singularidad, que le permita ejercer en verdad el derecho a ser su propia creación”.
3
Pero llegar a ser quien se es no es sólo el fruto de un proceso de formación. Llegar a ser quien se es sería, quizás, la conquista que cada quien pueda hacer de sí mismo, y esto es posible si puede hacer de sí su propia experiencia. Entendemos aquí por experiencia el modo a través del cual un sujeto, el sujeto de la educación, se apropia de mecanismos reflexivos con los cuales puede constituirse como su propio creador. Tales mecanismos estarían en el ejercicio de modos de auto-gobierno o tecnologías con las cuales el yo conquista su propia autonomía y gobernabilidad al interior de prácticas de sí, ellas son: ver-se, escuchar-se, narrar-se, expresar-se, juzgar-se (5). De este modo, entenderemos por experiencia de sí aquellas prácticas en y por las cuales alguien inventa y conquista su propio modo de ser sí mismo, aquellos modos, históricos y contingentes, de relacionarse consigo mismo del sujeto para llegar a ser una singularidad (6).
¿Cuál sería el punto de encuentro con la educación? Precisamente, que la educación, por tratarse de la formación de una singularidad, sería el espacio propio para que alguien haga de sí su propia experiencia. De esta manera, si alguien hace de su formación su propia experiencia, la educación estaría logrando lo que sería su actividad esencial: el proceso de autocreación de cada quien, o el arte de conquistar la más alta de las posibilidades, de ser el creador que se da su propia forma. Para ilustrar este modo de formación, entendido como el proceso educativo de alguien que se inventa a sí mismo en instancias en y a través de las cuales hace de sí su propia experiencia, apelaré a una novela de Jean-Paul Sartre que lleva por título Las palabras. A partir de ella, daré a leer y pensar la educación como posibilidad de hacer del proceso de formación una experiencia de sí en la que, en definitiva, alguien llega a ser quien es.
4
Partiremos de la hipótesis de que la novela como bildung se ha pulverizado en su carácter de totalidad. Sin embargo, es posible pensarla como esta idea que estalla en su posibilidad autopoiética desde la voluntad de arte. Así, tenemos que uno de los máximos exponentes del existencialismo narra su propia historia y es una historia de relación con las palabras. El relato sartreano contiene dos partes: una es LEER, otra es ESCRIBIR. En la armonía de ambas, Sartre traza su propia historia desde su encuentro con los libros durante la infancia y su inicio en la escritura nacida de una imaginación que juega en el escenario de la biblioteca de su abuelo materno.
La primera parte de la novela nos da una imagen de Jean-Paul niño afectado por el cuerpo del libro, de cada libro que lo seduce desde su estante, y dice:
"Yo había encontrado mi religión: nada me parecía más importante que un libro. En la biblioteca veía un templo. Como nieto de sacerdote, vivía en el techo del mundo, en el sexto piso, encaramado en la rama más alta del Árbol Central; el tronco era el hueco del ascensor (...) todo hombre tiene su lugar natural; no fijan su actitud ni el orgullo ni el valor: decide la infancia. El mío es un sexto piso parisino con su vista sobre los tejados. Durante mucho tiempo me ahogaba en los valles, me agobiaban los llanos; era como si me arrastrase por el planeta Marte, me aplastaba la gravedad; me bastaba con subir para estar contento otra vez: volvía a estar en un sexto piso simbólico, respiraba otra vez el aire de las Letras, el Universo se escalonaba a mis pies y todo, humildemente, solicitaba un nombre; dárselo era a la vez crearlo y tomarlo. Sin esta ilusión capital, no habría escrito nunca" (7).
Quisiera marcar lo que resuena de estas palabras en el estallido de una idea de formación como autopoiésis, como camino de experiencias que hacen de un niño un alma eternamente enamorada de los libros. En la resonancia de sus palabras, se deja oír que el pequeño Sartre tiene una experiencia con la lectura de carácter sagrado: se refiere a la biblioteca como si se de un templo se tratase, un espacio de encuentro con lo desconocido que tiene rasgos de divinidad. De la misma manera, la imagen del árbol se hace presente como lugar de ascenso hacia ese enigma que traen las palabras. Palabras que, en una experiencia vital, conjugan altura con sensación de ahogo, asombro de vuelo y encuentro con lo terrible que moviliza el espíritu y lo pone en camino de llegar a ser quien es.
Pero acaso tras el resonar de esas asociaciones sartreanas, emerge el acto más pleno de una infancia soberana en sus palabras: crear universos, inventar el mundo. No puedo dejar de relacionar el juego de este niño con lo que Aristóteles entiende como el juego de la metáfora: hacer metáforas, dice en la Poética, es la capacidad humana de dar nombres a las cosas. Poetizar, crear universos, es asignar palabras a las cosas, de eso se trata el acto de nombrar. Que no es otra cosa que apropiarse de las palabras para desposeerse de ellas, jugar con las palabras para crear nuevos universos, crear sentidos donde no los hay y, en ese juego, ser su propio creador, inventarse un destino, ser sí mismo. En un párrafo más que elocuente, Sartre evoca las imágenes que de sí toma en su formación con los libros como si se tratara de un juego frente a múltiples espejos, un juego en el que el niño lector asiste a su nacimiento como escritor. Dice Sartre, en su imagen de niño:
"Empezaba a descubrirme (...) nací de la escritura; antes de ella sólo había un juego de espejos; desde que hice mi primera novela supe que en el espacio de los espejos se había introducido un niño. Al escribir, existía, me escapaba de las personas mayores; pero sólo existía para escribir, y si decía "yo", quería decir "yo que escribo". No importa: conocí la alegría" (8).
Quisiera volver más adelante a esta última oración, especialmente porque, ustedes dirán si me equivoco, la alegría no es la principal preocupación de ninguna escuela o institución educativa de las que conocemos hasta ahora. Lo cierto es que vemos aparecer, en las palabras de la memoria del filósofo, la recuperación de un estado de infancia en el que la vida es posible por obra de las palabras. Una vida que es descubrimiento, que es nuevo sentido para la existencia, que es un modo particular de decir "yo" en el señalamiento de una verdad acerca de sí: "yo que escribo". Resaltemos el verbo y su acción fundante: al escribir, existía. Luego de su nuevo nacimiento en el arte de escribir, Sartre insiste en asociar experiencia con la palabra a imágenes de relación con la divinidad, dice en algún momento del relato que, cuando ya escritor, "erigiría catedrales de palabras bajo el ojo azul de la palabra cielo" (9). Y concluye su obra de relato de experiencia de sí, de relato de formación de cómo ha llegado a ser quien es, con la apelación a las palabras, las palabras de las que nace y con las que nace la obra y el propio ser del escritor, como modo de salvación, de una salvación no necesariamente trascendental sino particularmente contingente, existencial, atravesada por la temporalidad y lo que la define como propiamente humana. Acerca de una existencia definida y condenada por su propia elección a la escritura, Sartre escribe:
"(...) mi pura opción no me elevaba por encima de nadie: sin equipo, sin herramientas, me he metido entero en la tarea para salvarme entero. Si coloco a la imposible Salvación en el almacén de los accesorios, ¿qué queda? Todo un hombre, hecho de todos los hombres y que vale lo que todos y lo que cualquiera de ellos" (10).
5
Me atrevo a afirmar, y a modo provisorio, que hay en el relato de Sartre mucho más que un modo de contar la propia historia: habría, quizás, en sus palabras leídas entrelíneas un desafío que podríamos arrojar en el centro de la palabra educación. Ese desafío es el que invita a la preocupación por el cuidado de la formación de una subjetividad libre, creadora, dueña de su propio destino, renovadora de la cultura, transformadora de sí misma, siempre naciente y arrojada a asumir la condena a elegirse. Hay unos versos que Atahualpa Yupanqui nos ha entregado a su regreso de un viaje por Japón. Se trata del último poema de Boksuí que dice:
…cuántos montes tendré que atravesar,
cuántos ríos, cuántos lagos,
para llegar, al fin, a una región
donde no tenga cabida
la tristeza...
Hay en las palabras del poema cierto espíritu de nostalgia de todo caminante. Y, volviendo a Nietzsche, recordemos que el sujeto de la educación es un caminante, esa persona es un viajero con derecho a una formación en la que pueda ser su propia experiencia: apropiarse de sus palabras, jugar con sus imágenes frente al espejo, inventar universos nombrando en artificios a las cosas, celebrando su modo de llegar a ser quien es en virtud de ese trabajo que ha hecho consigo mismo y que no es otro que el trabajo de la educación. Y decimos que la educación es un trabajo entendiendo por tal toda experiencia de realización, todo proceso en y por el cual una persona conquista su propia autonomía, llega a ser quien es, se da un nombre e inventa una forma propia a su existencia. De modo tan preciso así lo ha expresado Gadamer: "educar es educarse". Trabajo de realización de sí mismo, arte de conquista de la mayor posibilidad que cada quien pueda hacer de sí, la educación como arte de educarse no sería ajena a lo que Aristóteles tan sabiamente señaló como el fin de la ética: la felicidad. Si el poema japonés que nos dona Yupanqui anhela un estado de olvido de la tristeza, apela para eso a un recorrer caminos, esos caminos en los que Sartre descubre, en el universo de las palabras, la savia de la vida de su propia formación. La memoria de Sartre es afirmación de sí en un acto de conocimiento vital, el niño lector-escritor que se narra a sí mismo expresa con toda frescura: conocí la alegría. ¿Y si la educación se atreviera a recuperar la alegría? ¿Qué sucedería en nuestras escuelas (todas) si el conocimiento viniera de la mano de la vida a recordarnos que, esencial y éticamente, somos animales inteligentes capaces de aspirar a la felicidad sin desconocer la alegría? ¿No estaríamos así frente a la posibilidad de una educación digna de todos? Acaso podríamos responder tentativamente reescribiendo la premisa para una declaración que afirme una educación para todos de la siguiente manera: toda persona tiene derecho a una educación para llegar a ser quien es, camino errático e incierto que, obstinadamente vivo, se transita con alegría en el horizonte de la felicidad, para que cada quien pueda hacer de la educación el espacio de formación de su propia experiencia, su propio ethos o modo de ser, su propia singularidad y creación.
Liliana Judith Guzmán
Argentina, primavera de 2002.
Notas:
(1) Conferencia para la I Feria del Libro, San Luis, noviembre de 2002. Publicada en Setiembre, poemas y ensayos breves sobre educación poética, ISBN 987-43-9797-7, publicación digital independiente, San Luis: Argentina, publicación independiente.
(2) Me refiero a la denominada "Satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje", Jomtien, Tailandia, 5/9 marzo de 1990.
(3) J. Larrosa "Cómo se llega a ser lo que se es. Nietzsche y el estallido de la idea de Bildung", en Revista Instantes y Azares, n° 1, p. 23, Buenos Aires: Eudeba, 2001.
(4) Tomo la hipótesis de J. Larrosa en carácter de préstamo para intentar dar cuenta de la educación como formación de una obra de arte sin carácter de totalidad sino como trama fragmentaria que se configura poiéticamente en una obra, el sí mismo. Ob. cit.
(5) Uso aquí la interpretación de J. Larrosa de la caracterización de la subjetividad como resultado de "tecnologías del yo" según la hermenéutica del sujeto, de Michel Foucault. Véase M. Foucault Tecnologías del yo, Barcelona: Paidós, 1991, y J. Larrosa Escuela, poder y subjetividad, el capítulo “Tecnologías del yo y educación”, Madrid: La Piqueta, 1996.
(6) Ibid.
(7) J-P. Sartre Las palabras, Buenos Aires: Losada, 1997, p. 40
(8) Ob. cit. p. 97.
(9) Ob. cit. p. 116
(10) Ob. cit. p. 159
(11) A. Yupanqui Del algarrobo al cerezo, San Luis: Nueva Editorial Universitaria, UNSL, 2002, p. 36
13 de mayo de 2009
Aportes para una historia del arte
APORTES PARA UNA HISTORIA DEL ARTE EN SENTIDO HERMENÉUTICO
Maximiliano Gonnet
Comunicación leída en las I Jornadas Internacionales de Hermenéutica
(UBA, 6-9 de mayo de 2009)
La hermenéutica ha tenido una gran influencia en la reflexión filosófica del siglo pasado, a tal punto que autores como Gianni Vattimo se han referido a ella como a la nueva “koiné” o “idioma común dentro de la filosofía y de la cultura” (Vattimo, 1991: 55). Tal influencia, sin embargo, no ha tenido que ver con la aceptación de una doctrina filosófica sustancial, sino más bien de una determinada orientación teórica que, a partir de la conciliación de diversas tradiciones, permite la apertura de numerosos horizontes de análisis. Las siguientes observaciones se inscriben dentro de uno de esos horizontes, el de la reflexión estética, cuya importancia es decisiva para la comprensión del planteo hermenéutico en su totalidad. Nos centramos en el análisis crítico del concepto de “historia del arte” como plataforma a partir de la cual iluminar el carácter específicamente hermenéutico de la experiencia del arte. Para ello tomamos como punto de partida la situación del arte actual, un arte atravesado por la tensión entre las expectativas cobijadas en la tradición y los nuevos hábitos que él mismo contribuye a introducir, e intentamos establecer los presupuestos para una apropiación de la pregunta gadameriana acerca de la unidad de las viejas y de las nuevas formas de arte. La posibilidad de responder a esta pregunta exige la superación de tal tensión en términos de una conciencia histórica lo suficientemente dispuesta para hacer nuestras “en su alteridad” las formas artísticas pasadas.
Algo de cierto hay, para Gadamer, en la idea casi intuitiva según la cual en la experiencia del arte nos enfrentamos a algo que parece hablarnos de un modo inmediato, como si no hubiera ninguna distancia que salvar entre nosotros que comprendemos y la obra, como si se creara allí una simultaneidad que no se ve en modo alguno perturbada por el “aumento” de la conciencia histórica, es decir, por la conciencia de la distancia cada vez mayor que nos separa de la obra. A primera vista, entonces, parece no ser necesaria una especial hermenéutica de la obra de arte. Sin embargo, esta idea no debe inducirnos a creer que la obra de arte no plantee efectivamente una tarea de comprensión, y que, por lo tanto, no haya que “encontrar” su origen histórico. Este origen histórico es lo que funda la necesidad y legitima la función de una hermenéutica histórica.
Tal hermenéutica se presenta como la mediación entre la “inagotabilidad conceptual” que caracteriza a toda declaración artística y la exigencia de normatividad, es decir, del establecimiento de una pauta acerca de lo que es “adecuado” o “correcto” interpretar en la obra. El problema “estética y hermenéutica” cobra así relevancia en el siguiente interrogante:
“¿Es que realmente una obra de arte procedente de mundos de vida pasados o extraños y trasladada a nuestro mundo, formado históricamente, se convierte en mero objeto de un placer estético-histórico y no dice nada más que aquello que tenía originalmente que decir?” (Gadamer, 1998: 56).
De la respuesta negativa a esta pregunta se deriva el sentido hermenéutico de la relación estética. La obra de arte no determina plenamente su sentido sólo en el espacio “cultual” en el que ella se originó y fue inicialmente contemplada. Esto no quiere decir, sin embargo, que ese espacio original no sea digno de una reconstrucción histórico-crítica. Lo que sí significa es que es necesaria una “superación” del horizonte histórico en el cual la distancia entre la obra y el público era mínima. Pero ello no con el fin de obtener una distancia crítica que fuera necesaria con respecto a la obra, como si sólo desde hoy pudiéramos juzgar imparcialmente la “calidad” o la “relevancia” de la obra (1), sino más bien para captar una verdad que excede ese horizonte:
“La realidad de la obra de arte y su fuerza declarativa no se dejan limitar al horizonte histórico originario en el cual el creador de la obra y el espectador eran efectivamente simultáneos. Antes bien, parece que forma parte de la experiencia artística el que la obra de arte siempre tenga su propio presente, que sólo hasta cierto punto mantenga en sí su origen histórico y, especialmente, que sea expresión de una verdad que en modo alguno coincide con lo que el autor espiritual de la obra propiamente se había figurado” (Gadamer, 1998: 55).
La obra de arte se transforma en objeto de la hermenéutica en la medida en que ella nos dice algo y que, por lo tanto, pertenece al contexto de todo aquello que tenemos que comprender. El encuentro con ella viene a iluminar, según Gadamer, la dimensión específicamente hermenéutica de la existencia humana, en tanto hace patente al hombre como el ente comprensor que él es, y cuya disposición fundamental es la de comprenderse a sí mismo a través de las tradiciones que le pertenecen. La obra de arte pone en funcionamiento procesos de integración o de “fusión de horizontes” destinados a confluir o acordar en un “sentido comunitario”. Que haya algo así como un sentido en el cual acordar implica la disolución de la variable estética del dualismo sujeto-objeto, es decir, la imposibilidad de seguir pensando, de acuerdo a la estética del genio de raíz kantiana, en los términos de un artista creador que le imprime un sentido definido y cerrado a su obra, y en un espectador que “congenialmente” a la genialidad creadora, “capta”, y por lo tanto “disfruta”, de ese sentido.
Esta crítica de la noción de “creación” es de importancia porque permite elaborar una teoría estética que otorga preeminencia metodológica al lado hermenéutico de la experiencia del arte, y no sólo, o mejor dicho, no principalmente, a la producción de la obra de arte. En este punto es oportuno esbozar una doble objeción a las teorías “institucionales” del arte: por un lado, en nuestra relación con las obras de arte no hay meros “objetos estéticos” que yacen ante nosotros en la forma de “artefactos”, y que fueron producidos por alguien que se encuentra dentro de ciertas “instituciones” que le dan sentido a su tarea; y, por otro lado, tampoco hay un “público” que se limita a participar “institucionalmente” de la obra, es decir, ésta no posee sólo un sentido institucional (sentido que determinaría, según autores como Danto o Dickie, la especificidad de la experiencia del arte). Creemos que esta crítica tiene relevantes consecuencias, no sólo para la consideración de lo que auténticamente sea esta experiencia (lo que la obra de arte es “en sí misma”), sino también para la concepción de historia del arte que pretendamos derivar desde ella.
En efecto, la historia del arte tiene que ser pensada no como una mera sucesión de manifestaciones artísticas, relacionadas sólo “externamente” entre sí, sino como el intento de comprender el arte del pasado en tanto fenómeno histórico, y desde la distancia histórica que determina nuestra situación hermenéutica. Sólo desde esta situación podemos decir que nos encontramos “frente” a una tradición que queremos comprender (tradición de la cual, sin embargo, y como trata de mostrar el planteo hermenéutico, no nos podemos desprender para obtener de ella un saber objetivo). El punto central es que esta situación, lejos de ser algo dado, tiene que ser elaborada y mostrada, poniéndose en evidencia en tal elaboración las limitaciones del propio historiador a la hora de abordar las tradiciones que llegan hasta él. La contracara de esas limitaciones es la “obtención” del horizonte “correcto” a la luz del cual comprender el horizonte de esas tradiciones.
Esta idea resulta crucial en tanto viene a cuestionar un prejuicio otrora extendido, en la reflexión sobre historia del arte, acerca de la “incomprensibilidad” del fenómeno artístico fuera del propio espacio temporal y cultual en el cual fue gestado. El abordaje hermenéutico, como vimos más arriba, parte del “prejuicio” de que la obra de arte nos habla desde una excedencia de sentido que rebasa los límites dentro de los cuales fue inicialmente presentada –desde luego, no porque sea la manifestación sensible de algo que está más allá de la historia, sino porque puede ser comprendida aun cuando las condiciones históricas de su recepción hayan cambiado. A su vez, cuestiona la idea historicista en virtud de la cual se sostiene que podemos comprender una tradición pasada sólo desplazándonos absolutamente a su situación histórica, y por lo tanto, renunciando de lleno a nuestro propio horizonte histórico. En opinión de Gadamer, es precisamente el reconocimiento de este horizonte que nos determina la condición de posibilidad para efectuar el desplazamiento. A su vez, tal desplazamiento ya no asume la forma de un “renunciar a los propios prejuicios” en el afán de comprender objetivamente la obra de arte en tanto hecho histórico, sino más bien la de ascender hacia una generalidad superior, que está más allá tanto de la particularidad propia como de la del otro, esto es, la del contexto originario en el cual se produjo y se presentó la obra de arte.
Sólo podemos concebir la obra de arte como “declaración”, que nos esforzamos por comprender, en la medida en que su horizonte nos es “extraño” pero a la vez “familiar”, en tanto reconocemos que el horizonte del presente no se forma al margen del pasado (sin ser, sin embargo, idéntico a él, pues la conciencia de la propia alteridad es lo que da lugar a la distinción de horizontes) sino que se fusiona con él. Esto significa también dejar abierta la posibilidad de que la obra de arte que experimentamos trastoque y modifique nuestras propias opiniones y prejuicios.
La tarea hermenéutica consiste entonces en intentar explicar, es decir, interpretar, algo -la obra de arte- que nos sale al encuentro en la tradición y que nos es incomprensible de un modo inmediato, pero comprensible por principio en tanto “declaración de sentido”. Esta declaración de sentido que la obra es de ningún modo se deja reducir a su aspecto meramente objetual. Aquí es donde creemos que la hermenéutica tiene mucho que decir a la concepción tradicional de la historia del arte. En efecto, la obra no es un documento histórico o algo que le hable al historiador como un residuo fijo del pasado. La obra que se interpreta es más bien ella misma interpretación, o el fragmento de una interpretación del mundo que, como tal, se transmite lingüísticamente (“Un ser que puede comprenderse es lenguaje” (Gadamer, 1977: 17)).
Tal interpretación se nos revela como extraña en la medida en que alcanza “más allá de nosotros”. Su comprensión, por lo tanto, no puede ni debe ser la comprensión literal de lo dicho en ella, es decir, la mera “traducción” de la lengua original a nuestra propia lengua, sino más bien la realización de un sentido que, excediendo a lo dicho, excede también a lo “puesto” por el autor en la obra (su intención). El verdadero significado de “comprender una obra” estriba entonces en el dejarse decir algo “por ella”, independientemente de que se entienda o no lo dicho sin más “en ella”.
En función de esto, resulta evidente la futilidad de todo afán por reconstruir o reproducir las opiniones del autor como criterio para definir la identidad de la obra. La especificidad de la misma no puede estar subordinada a la búsqueda de una simultaneidad con el pasado. Cuando intentamos entender la obra de arte nos movemos en una dimensión de sentido que es comprensible en sí misma y que, como tal, no requiere de un retroceso hasta la subjetividad del otro, esto es, del artista que la creó. “Comprender” significa principalmente entenderse “en la cosa”, sobre la base de que tenemos una relación previa con el asunto de que trata la obra. La premisa de la cual parte la hermenéutica en tanto tarea eminentemente histórica (y en su aplicación a la historia del arte en particular) es la de “precomprender” (2) que, en tanto que pretendemos comprender, estamos vinculados esencialmente al asunto que se expresa en la tradición. A pesar de la extrañeza que podamos encontrar en aquello que queremos interpretar, poseemos la “seguridad” de saber que tenemos que ver con el mismo asunto. Sin embargo, el vínculo que esta precomprensión expresa no puede darse al modo de una unidad incuestionable sino que, por el contrario, es algo que tiene que ser elucidado y mostrado en sus tensiones internas.
Dentro de este círculo hermenéutico, el encuentro con la obra de arte está mediado por las expectativas de sentido que tenemos a la hora de encontrarnos con ella. “Tener expectativas” no implica el mero “esperar que la obra nos diga algo”, sino también, y de un modo más esencial, un deseo, o más bien una disposición, a sentirse alcanzado por el sentido de lo dicho. En la experiencia del arte no sólo reconocemos un sentido (como sí tal vez en otro tipo de discursos) sino que también confrontamos ese sentido con nosotros mismos. Que hagamos o tengamos una “experiencia” del arte, y no meramente una “percepción” o “apreciación estética”, quiere decir que el arte nos plantea la tarea de integrar esa experiencia en “el todo de la orientación propia en el mundo y de la propia autocomprensión” (Gadamer, 1998: 60). Lo que Gadamer llama el “lenguaje del arte” consiste precisamente en su potencialidad de interpelarnos de manera tal que nos compromete totalmente con aquello que nos dice. En este sentido la obra de arte es siempre “actual”, es decir, está ilimitadamente abierta a nuevas integraciones, en las cuales va en juego la posición ontológica del hombre en el mundo.
Hemos realizado un breve recorrido por algunas de las consecuencias centrales que se desprenden, para la historia del arte en particular y para la reflexión estética en general, a partir de las ideas fundamentales de la hermenéutica como filosofía. En otros términos, hemos intentado mostrar la relevancia filosófica de una consideración hermenéutica de la obra de arte. El punto de partida para ello ha sido la convicción, expresada por autores como Heidegger y Gadamer, de que la meditación sobre la obra de arte es importante para iluminar la posición del hombre en el mundo. En efecto, estos pensadores encontraron en ella no sólo un objeto, un producto de la manifestación de la espiritualidad del hombre, sino también un momento de verdad que “abre mundo”.
Esto lo efectúa, según sostiene Gadamer en Verdad y método, en la medida en que posibilita la apertura de un ámbito de sentido que se resiste a toda conceptualización, cuya verdad escapa a toda verificación con los medios de que dispone la metodología científica. Por ello el arte sirve como disparador para el análisis de formas de experiencia que quedan fuera de la ciencia. La tarea hermenéutica, entonces, debe tener como objetivo, partiendo de esta alteridad, y considerando la existencia como comprensión, hacer visible el lugar desde el cual el hombre comprende y se autocomprende. Ello implica renunciar a atribuirle un sentido unívoco y estable a aquello que se comprende, así como también a proponer una “metodología” que guíe la comprensión y que le otorgue el status de “ciencia” a esas formas de experiencia:
“(…) ya desde su origen histórico el problema de la hermenéutica va más allá de las fronteras impuestas por el concepto de método de la ciencia moderna. Comprender e interpretar textos no es sólo una instancia científica, sino que pertenece con toda evidencia a la experiencia humana del mundo” (Gadamer, 1977: 23).
Se trata de mostrar la excedencia de sentido que reside en la obra de arte, es decir, su impermeabilidad a toda apropiación meramente historicista de ella. Una apropiación cuyo objeto es sólo ver la obra en su horizonte originario de producción y recepción, olvidando la situación hermenéutica desde la cual se comprende y el horizonte de expectativas con el que salimos a su encuentro en la tradición. No elaborar este horizonte, mostrando verdaderamente las tensiones que lo conforman (entre lo “viejo” y lo “nuevo”, entre lo “conocido” y lo “novedoso”), es caer en el ideal decimonónico de un saber objetivo, desinteresado o carente de prejuicios, acerca de la tradición histórica. La hermenéutica nos plantea la imposibilidad de seguir pensando en una historia del arte estática, de horizontes cerrados, resultante de una conciencia basada en un placer meramente estético-histórico por la obra de arte. En su lugar, intenta verla de acuerdo a las diversas integraciones que ella ha propiciado históricamente, y cuyo producto ha sido la conformación de una tradición que llega hasta nosotros.
La historia del arte, en resumen, no se define por una función valorativa o de “identificación” de las obras de arte del pasado, sino por el hecho de ser conciente de su historia efectual, bajo cuyo influjo nos encontramos esencialmente en la experiencia estética. Toda historia del arte que se precie de ser tal debe partir del reconocimiento de que la historia nos precede, y de que, en cierto sentido, adelanta nuestra reflexión. No podemos sustraernos al devenir histórico de modo que el pasado sea para nosotros un objeto. Sólo en relación a él podemos juzgar la identidad de la obra de arte, su carácter “hermenéuticamente vinculante”, su potencialidad siempre actual de “alcanzarnos”. Tal identidad desoculta nuestro habitar hermenéutico en el mundo.
Notas:
(1)Uno de los aspectos centrales de la hermenéutica estética es precisamente la crítica de una conciencia estética que aprecia sólo la calidad de la obra pues, como dice Gadamer en su ensayo Sobre el cuestionable carácter de la conciencia estética, “(…) apreciar una obra sólo desde el punto de vista de su calidad estética implica una pérdida ontológica de la obra de arte”
(Gadamer, 1998: 65).
(2) En este sentido, Gadamer retoma la noción heideggeriana de “precomprensión”, entendida como movimiento anticipatorio que configura la comprensión, es decir, en tanto “anticipación de sentido” que se determina desde la comunidad que nos une con la tradición y que describe el momento ontológico de la comprensión.
Bibliografía
Carroll, N. (1993). “Historical narratives and the Philosophy of Art”, en The Journal of Aesthetics and Art Criticism, Volumen 51, número 3.
Dickie, G. (2005). El círculo del arte. Buenos Aires: Paidós.
Gadamer, H.G. (1977). Verdad y método. Salamanca: Sígueme.
Gadamer, H.G. (1998). Estética y hermenéutica. Madrid: Tecnos.
Gadamer, H.G. (2005). La actualidad de lo bello. Buenos Aires: Paidós.
Gadamer, H.G. (2001). El problema de la conciencia histórica. Madrid: Tecnos.
Heidegger, M. (1958). Arte y poesía. México: Fondo de cultura económica.
Vattimo (1991). Ética de la interpretación. Barcelona: Paidós.
Shiner, L. (2001). La invención del arte. Una historia cultural. Barcelona: Paidós.
3 de mayo de 2009
Elogio de la risa
Reírse, la forma más sublime de la resistencia
Dana Barimboim
Mediante esta pequeña exposición, no pretendo más que transmitirles aunque sea un poco de todas aquellas cosas que la película “El dedo en la llaga”, de Alberto Lecchi, me permitió plantearme. ¿Mis expectativas? Que puedan terminar la jornada de hoy con algo haciendo ruido, con preguntas que, sin respuestas, les brinden la posibilidad de pensar, reflexionar y de alguna manera, también actuar.
Alberto Lecchi nació en Buenos Aires en el año 1954. Fue director, guionista y merecedor de gran cantidad de premios internacionales. Entre sus películas más destacadas se encuentran: “Una estrella y dos cafés”, “18-J”, “El juego de Arcibel”, “Déjala correr”, “Nueces para el amor”, “Apariencias”, “Operación fangio”, “Secretos compartidos”, “Perdido por perdido”, “El sueño de Cecilia” y, la obra que tomo como punto de partida para mi ponencia, “El dedo en la llaga”, del año 1996.
La película “El dedo en llaga” narra la historia de dos actores españoles, Eduardo (Karra Elejalde) y Angel (Juanjo Puigcorbé), que intentan hallar éxito en Argentina con una obra de teatro que habla del hombre y su tránsito por la vida, los espectadores escasean cada vez más. Tras el fracaso en Bs. As. intentan una gira por el interior, pero su viejo auto se detiene por fallas mecánicas en las cercanías del pueblo de Zapallares. A cambio de la reparación del vehículo, Angel tiene la ocurrencia de venderle al corrupto concejal del pueblo una función de la obra en el banquete de recaudación de fondos para la construcción de un hotel cinco estrellas, base de la campaña electoral del alcalde, quien promete que el hotel revitalizará la moribunda economía local. La función se transforma en pelea cuando el idealista Eduardo improvisa una amarga crítica al engaño que el hotel supone. En ese momento Eduardo descubre que el profesor de la secundaria y comentarista radial, Tolosa (Darío Grandinetti), es su viejo compañero de estudios y rebeliones en la España de los 60. Los estudiantes de Tolosa proponen montar la obra para recaudar fondos para su viaje de egresados. La maquinaria política percibe el montaje de la obra como una afrenta de Tolosa y los forasteros que debe suprimirse a toda costa. El profesor, los estudiantes y los actores conciben un plan que apela a la ciudadanía frente a los intentos de opresión y censura del "establecimiento".
La película aborda varias temáticas muy interesantes, entre ellas la libertad de expresión, el contraste entre el idealismo propio de la juventud y su transformación en escepticismo con el paso del tiempo, la democracia, y el arte y la risa como modo de resistencia, es este último el tema que deseo abordar en particular.
No hay placer más delicioso que la risa. Sobretodo cuando se ríe de aquello que de otra manera oprime. La risa utilizada de esta forma tiene un enorme poder de resistencia intelectual. Parece decir: no dejaré que tu lógica invada mi pensamiento. La risa es el último recurso de una dignidad amenazada.
Desde el chiste más embrutecido a la ironía más silenciosa, la risa, que puede ser invisible, desgarra un orden, trastorna su ‘evidencia’ consensuada: sólo por eso ya cualquier risa es revolucionaria.
La fuente inspiradora de la obra, la “creación”, parte de una doble relación dialéctica, que se da entre lo que vivo y lo que pienso, y luego entre lo que pienso y lo que hago. Si lo que vivimos en la cotidiana y cruda realidad que nos rodea es la opresión y la relacionamos con lo que son los artistas como tales, tendremos una creación siempre subversiva.
La expresión artística surgida se convierte en resistencia, se opone a aquello que nos silencia, se niega a ser muda. Arte en resistencia es medio masivo que repara nuestros sueños, es voz de la utopía que sana, voz del pueblo empobrecido. Arte en resistencia es no aguantar más el aplastamiento, el desarraigo y la miseria.
El arte se hace resistencia en las paredes, en las esquinas, en las plazas… en cualquier lado. Se transforma en comunicación alternativa. Es una permanente expresión que se manifiesta poderosamente cuestionadora. Sólo quien resiste halla la alegría de gozar con las cosas más sencillas, porque sabe que algo está haciendo. Desarrollar la capacidad de la sonrisa, cultivar nuestros sueños y expresar la risa en medio de la desgracia, son el modo más eficaz de resistir, son el único motor de cambio que nadie jamás podrá quitarnos y son en definitiva, el verdadero camino a la libertad.
“Risa, la que soñó Miguel Hernández, ponedora de alas, quita penas, que derrumbe los muros y nos haga no despertar de lo que siempre se despierta.
Reír a gritos saludablemente ante la cara del verdugo, del tirano.
Reír hasta que entiendan que es en vano pelear a ciegas contra la alegría.
Reír, que suene como decir no. Reír, que suene como decir basta. Reír, sabiendo de qué nos reímos. Arremetiendo contra los molinos con la risa como escudo y como espada. Hasta que una insolente carcajada, llena de convicción y de firmeza, estalle desafiante ante el que manda, cada vez que decrete la tristeza.
Reíd, reíd, reíd…!!!”
(Eduardo y Angel)
Dana Barimboim
San Luis, agosto de 2007
I Jornada de Cine y Filosofía
SEU-UNSL
24 de abril de 2009
Laberinto de arrabal: el pensar poético en una obra teatral de V. Novarina
LABERINTO DE ARRABAL.
EL PENSAR POÉTICO EN UNA OBRA TEATRAL DE V. NOVARINA
Capítulo publicado en “Lectura, ciudadanía y educación”
(Valera Villegas, G. Madriz, G., comps.)
ISBN 978-980-396-997-4. Caracas: El Perro y La Rana, 2008.
Dra. Liliana J. Guzmán
Quizás del otro lado de la muerte
sabré si he sido una palabra o alguien.
J. BORGES (La Cifra)
FIGURA E INVERSIÓN
Este conjunto de notas van de camino por los pasadizos de algún laberinto circular que se prefigura en el horizonte dialógico de filosofía y poesía. Elijo trazar las palabras como quien descubre algunas huellas en los senderos circulares, y como quien abraza esas huellas oyendo lo que, de suyo, señala a la palabra. A la palabra poética.
Así, estas palabras caminantes bordean el laberinto. Tomo esta figura no por arbitrio sino, precisamente, porque me permitirá sugerir (desde un texto poético) una imagen del pensar como en círculo, en bucle. Pues el laberinto, como en la tradición griega antigua, es una figura de la razón, una instancia de ejercicio inteligente. Y como tal, como desafío a la razón en un entramado de senderos inconclusos y erráticos, el laberinto es un espacio para perderse, un ir de camino encontrando (encontrándose) y perdiendo (perdiéndose) a una vez.
Para GIORGIO COLLI, el laberinto es ese espacio de juego artístico entre belleza y artificio inteligente, apto para desenredar una situación sombría (1). Cito a COLLI: “Así que el Laberinto se presenta como creación humana, del artista y del inventor, del hombre de conocimiento, del individuo apolíneo, pero al servicio de Dionisos, del animal-dios. (…) La forma geométrica del Laberinto, con su insondable complejidad, inventada por un juego extraño y perverso del intelecto, alude a una perdición, a un peligro mortal que acecha al hombre, cuando se arriesga a enfrentarse al dios-animal (…) Pero, como arquetipo, como fenómeno primordial, el Laberinto no puede prefigurar otra cosa que el “logos” de la razón. ¿Qué otra cosa, sino el “logos”, es un producto del hombre, en que el hombre se pierde, ser arruina? El dios ha hecho construir el Laberinto para doblegar al hombre, para devolverlo a la animalidad: (…) la razón está al servicio de la animalidad, de la voluntad de vivir…” (2) Así, el laberinto es un lugar para perderse, para jugar con la razón y perderse en el mismo acto del juego. Un lugar misterioso donde, aún a riesgo de perdernos en las inquietudes inciertas de la razón, aún así, decidimos transitarlo.
A su vez, el laberinto es la figura elegida por JORGE LUIS BORGES (1899-1986) para poner en juego su palabra poética. Para BORGES, hay algunas imágenes que redundan en el mismo sentido en distintos formatos, y que son el hilván de su obra literaria tanto como el corazón de su vida en el poema. Tales imágenes son el laberinto, la biblioteca, las torres babélicas, los jardines de senderos bifurcados, las ruinas circulares, entre otros.
De este modo, el lugar filosófico del pensar como el lugar poetizante de la palabra literaria, motivan la elección de la figura del laberinto. Y del laberinto circular, como ese pedazo de cielo que, al menos por un instante ante la imagen de un círculo trazado sobre un cuadrado, podemos atisbar en contemplar. Porque quizás en ese espacio de búsquedas concéntricas y erráticas, siempre tentativas y de estancias provisorias, quizás allí cohabitan (como las fuerzas apolíneas y dionisíacas) los dos modos fundamentales de aparecer de la palabra: el modo poético y el modo filosófico.
Por otra parte, elijo situar mi camino laberíntico en el arrabal. El arrabal también como espacio de tránsito, como figura de frontera, de orilla, de margen. Ese costado frágil y sugerente, en el umbral entre un adentro y un afuera, en los bordes. Y si se prefiere, vuelve recurrente la elección de una imagen visual en función de la palabra poética de BORGES: sus primeras obras tienen por centro y motivo la vida del arrabal (los puñales, los malevos, los patios con aljibes, el viejo barrio de Palermo, las milongas).
Así, este caminar incierto con palabras elige recorrer una figura de la razón perdiéndose circularmente en un espacio de borde, de umbral entre un adentro y un afuera imprecisos, indeterminados. De este modo, propongo interrogar el espacio y modo del pensar a través de una puesta en juego de la pregunta por la dialógica filosofía-poesía y en un sentido de dispositivo circular, en las orillas.
En principio, para que ese tránsito circular en los márgenes sea posible, propongo una inversión de premisa, una inversión en tono más retórico que falsacionista o refutativo o de contraposición conceptual. En un pasaje de su bello Filosofía y Poesía, MARÍA ZAMBRANO interpreta el primado (en Occidente) de la palabra del logos, la razón filosófica, por sobre la palabra poética. Y explica tal condición filosófica de nuestra tradición cultural de pensamiento en función de un hecho específico: en algún momento histórico de la antigua Grecia, se sientan los cimientos filosóficos de un modo tal que, con énfasis centralizado en la asociación (institucional) entre logos y razón, el efecto es la proscripción de la palabra a los márgenes del logos, a la periferia del filosofar. La premisa de ZAMBRANO dice: “desde que el pensamiento consumó su “toma de poder”, la poesía se quedó a vivir en los arrabales” (3). Premisa que suena consecuentemente tal como ZAMBRANO traza la genealogía de la relación ambigua entre filosofía y poesía. Entonces, lo que aquí propongo es una inversión de la premisa, de tal suerte que en lugar de ver la palabra poética como juego del pensar en los márgenes de la razón pensante en registro filosófico, pueda entonces sugerir un juego inverso. De lo que podría expresar en términos provisorios que la filosofía (o ciertos modos del pensar) vive en los laberintos arrabaleros de la palabra poética. De ser así, de ser verosímil este juego de inversión aquí propuesto, tendríamos por ejemplo que el aparente (o parcial y relativo) exilio de los poetas del Estado Ideal platónico sería una manera (inteligente, y también marginal) de poner a resguardo el poetizar como otro modo del pensar.
IMÁGENES DE PALABRA Y HERMENÉUTICA
De este modo, con la inversión de una premisa zambraniana como punto de eje para poner en palabras un signo de inquietud, trataré en lo que sigue de mostrar la dialógica pensar-poetizar por dos modelos de huellas seguidas en el recorrido circular propuesto:
a) cuadros (o secuencias) de un modo de pensar poético en un discurso teatral, con un texto dramático;
b) notas hermenéuticas de un modo de comprensión del lenguaje como experiencia del mundo.
Ambos modelos me permitirán jugar circularmente con la inversión de la premisa tal como propongo, y que sólo quiere jugar con una inquietud: la filosofía vive en los laberintos arrabaleros de la palabra poética.
A partir de esa apuesta en dos planos, a la imagen visual como signo de un pensar, y a la premisa filosófica que da a pensar el problema del pensar poetizante, me permito entonces buscar cierta lectura de una prosa poética en tanto forma del pensar. Elijo a tal fin la prosa poética de un discurso dramatúrgico. Se trata de la obra teatral Ante la palabra, de VALÈRE NOVARINA (n. 1947) (4), en las que construye espacios y formas escénicas donde el lenguaje toma relevancia en un plano de protagonista principal, como ritmo de espera que inventa mundo, como arma de finitud contra la muerte. Motivo dual por el que suele describirse el teatro de NOVARINA como un teatro de signos donde, amén del hombre, los animales y los muertos tienen la palabra. Palabra de signos, analogías, neologismos, palabra viva en el devenir del universo y motor de la acción en escena (5).
EL PENSAR, EN UN DISCURSO DRAMÁTICO
Quizás podemos podamos leer el texto con un pretexto donado por BORGES, desde un pensamiento sobre la palabra poética. En una conferencia llamada La Poesía, BORGES es categórico: “el lenguaje es una experiencia transformadora” (6). De este modo, la palabra poética es metáfora (conversión de nombres de las cosas), es sentido (dirección, orientación) y es espejo (reflejo hospitalario que dona una apariencia del hombre en el mundo) visto con ojos de poeta.
Veamos ahora cómo NOVARINA pone a jugar en pretexto escénico la palabra poética. En el monólogo Ante la palabra (1999), la actriz principal (aunque no la que emite su voz, sino sobre quien se habla) es, justamente, la palabra. La obra participa de un volumen homónimo cuya edición en castellano se compone de un conjunto de cuatro obras: Ante la palabra, Opereta reversible, El debate con el espacio, y Morada frágil (7). Como señala su nombre, el libro de NOVARINA se compone de cuatro guiones sobre el lenguaje como espacio de la palabra, como juego del tiempo y como morada de finitud de nuestro estar en el mundo.
En sí, el primer guión del libro es el que aquí nos ocupa en su decir: Ante la palabra. En una interpretación escolar de la obra, voy a descomponer el texto dramático del autor. Esto sólo a fin de señalar en él ciertos cuadros o tópicos que luego leeré en consonancia con la noción de lenguaje como experiencia del mundo, según la filosofía hermenéutica de H-G. GADAMER. Los cuadros que advierto en Ante la palabra van de estos tres ejes:
a) el don de la palabra: la palabra es un don que nos es dado para oír. Por ello, como don, la palabra no tiene lugar en el mercado actual de nuestras relaciones materiales, ni cotiza en ningún tipo de Bolsa. Algo dice, la palabra. Algo se nos da a oír. Y cuya materia excede el mercado.
b) el espacio de la palabra: el lenguaje es un pasadizo hablado. En ese recorrido por el espacio, por medio del lenguaje, los hombres damos sentido a la materia, y conminamos el peso de la muerte. Ese pasadizo del lenguaje delimita en nosotros un afuera y un adentro, porque el lenguaje es la caverna del cuerpo. Una caverna en la que estamos aparentemente capturados y de la que, a su vez, nos liberamos por ese pasadizo del lenguaje.
c) el hacer de la palabra: la palabra hace mundo, dice el dramaturgo. La palabra dibuja un trayecto respirado. La palabra es verbo: una danza en la noche, una danza en el cuerpo que, mientras danza, espera.
Tratemos de ver el texto en forma de bucle más bien concéntrico que espiralado, cuya primera afirmación (la palabra habita en nosotros) se retoma en la última (el mundo es un lenguaje sellado en el cuerpo cual relámpago). Esta circularidad del texto teatral transita por los tres ejes señalados.
Leeré los ejes con sus correspondientes afirmaciones poéticas, retóricas o metafóricas. Las palabras del autor son citadas literalmente tal como se leen en la obra, las resalto en cursiva.
EL DON DE LA PALABRA
El primer punto o plano escénico es el de la palabra como don. Signos de ella como tal son señalados en el texto según estas marcas:
1. Hoy intercambiamos palabras como si fuesen monedas. En nuestra sociedad de consumo devoramos el mundo, sin cuidar el misterio del habla:
“Desorientados por el intercambio de todo, volveremos a ser devoradores del mundo y materia para la muerte.”
2. Ante el sistema mecánico e instrumental del lenguaje como transacción de mercancías, el texto invita a hacer una experiencia con el lenguaje: “un viaje al interior de la palabra”:
“Opongo nuestro descenso (…) a la noche de la materia de nuestro cuerpo a través de las palabras, y la experiencia singular que realiza cada hablante, cada hablador de aquí, de un viaje al interior de la palabra (...) una apertura interior, un pasadizo hablado.”
3. Cada terrestre se sabe de tierra. Y lo sabe porque habla. Somos una morada terrenal del lenguaje en nuestra habla. Una morada del habla, una morada que habla, la morada de un soplo extraño:
“En lo más profundo de nosotros mismos, existe una vía abierta de par en par: estamos agujereados, calados como un encaje, a cielo abierto (…) la palabra habita en nosotros fuera de todo intercambio, fuera de las cosas, e incluso fuera de nosotros mismos.”
Esa morada en nosotros, ese lugar extraño de la palabra, ese pasadizo horadado donde la palabra es nuestra habla, ahí debemos oír. Oír la palabra que nos habla, oír ese don. Suspender, para ello, las palabras del mercado.
EL ESPACIO DE LA PALABRA
El segundo plano escénico es el del espacio de la palabra. Las marcas de este espacio se representan aquí de este modo:
1. Algo pasa en ese espacio: hay un decir de las palabras resonando en nosotros: son la carne del espíritu, la materia de la que estamos hechos, con la tierra. Ni herramientas ni eslóganes de intercambio, ni artículos de venta, la palabra es el don que pide ser oído como tal, como ofrenda, como danza misteriosa:
“Ha resonado mucho antes que nosotros (…) Las palabras son la auténtica carne humana y son como el cuerpo del pensamiento (…) Nuestra carne física es la tierra, pero nuestra carne espiritual es la palabra; es el paño, la textura, la tesitura, el tejido, la materia de nuestro espíritu.”
2. En ese espacio acontece un habla. Un habla que hace mundo, lo transforma, y entonces aparece el pensamiento, desde el espacio en el que hablan nuestras palabras, nos llaman, hacen mundo.
“Al hablar horadamos el mundo, lo ponemos boca abajo, lo transformamos (…) la palabra apareció un día como un hueco en el mundo horadado por la boca humana –y el pensamiento, al principio, como un hueco, como un vacío introducido en la materia (… ) Se ha abierto una corriente de aire por el pensamiento: surge del nacimiento del espacio entre las palabras (…) aparece entonces algo extraño, nuestro cuerpo más próximo: el lenguaje.”
3. Lo extraño en el espacio es el lenguaje. El lenguaje es nuestra carne, el pasadizo horadado que hace de nuestro cuerpo una caverna. Adentro, las resonancias. Afuera, el espacio que abrimos con el habla. Entonces, ¿qué es hablar? Desde el texto, NOVARINA dice:
“Hablar es tener la experiencia de entrar y salir de la caverna del cuerpo humana en cada respiración (…) Nosotros los hablantes excavamos la lengua que es nuestra tierra.”
¿Y qué hace el habla en el espacio?
“La palabra avanza en la oscuridad. El espacio no se extiende sino que se oye. Por la palabra, la materia está abierta, atravesada de palabras. El espacio no es el lugar de los cuerpos (…) El lenguaje lo lleva ahora ante nosotros y en nosotros, visible y receptivo, tenso, presentado, abierto por el drama del tiempo en el que estamos colgados con él (…) el lenguaje es el lugar donde aparece el espacio.”
4. En el espacio, la palabra dibuja trayectos, direcciones, sentidos. El llamado de la palabra es provocar, evocar, anunciar, transformar. Por eso nos pasan las palabras como nos pasa la respiración, como un latido. Las palabras dan sentido al espacio que habitamos. Las palabras tejen una dinámica verbal, dice el dramaturgo:
“El lenguaje es una tierra, un suelo (…) La lengua es una materia, innombrable, invisible, va y viene. Estamos dentro de ella como en el teatro de la materia universal.”
EL HACER DE LA PALABRA
Algo hace la palabra, algo hace en el mundo. Tercer plano del círculo. Estas son sus direcciones:
1. En el ir y venir hacia fuera y adentro de la caverna del cuerpo, el juego de la palabra arroja logaedros en el espacio. El espacio es el campo físico donde el lenguaje respira:
“Las palabras van por el espacio como objetos que se abren (…) pensar, hablar, es una alteración (…) Pensar respira: es respirar el espacio y contradecirlo. El pensamiento no expresa sino que abre paso, levanta, hace tambalear.”
¿Qué hacen estos logaedros en el espacio? Abren ese juego de fuerzas, el teatro magnético del lenguaje. Abren el juego en el espacio con el hecho del respirar: pensar. ¿Cómo el lenguaje abre juego al pensar? Por obra del verbo. Dinámica verbal:
“Lo que libera a nuestra lengua de las palabras, es el verbo: propulsa, libera, suscita, altera, actúa. Liberador, hace que el pensamiento respire (…) En el verbo, en la acción del verbo, se oye que todo existe no para que exista sino para ser liberado.”
2. En el espacio, por obra del verbo, acontece el pensar, acontece el sentido liberador del lenguaje:
“Las palabras buscan el pensamiento que las deshace: el pensamiento se libera por las palabras que captura (…) En toda palabra se oye este encadenamiento, y este desencadenamiento es nuestra liberación a través de las palabras. Pensar es un rapto.”
Y en la palabra que espera, acontece el pensar. Si hablar es esperar la palabra, pensar es esperar el pensamiento, como la palabra en su danza de espera, espera una palabra. Y respira.
3. En el espacio, el don de la palabra se nos da en su ser extraño, es fragmento, el sonido extraño que atraviesa el silencio de un lado a otro, en un tiempo de espera y silencio:
“Invisible y ahora ante nosotros, la palabra se nos ofrece (…) La palabra lleva ante la extrañeza del hablar y nuestro primer silencio ante las palabras (…) Eso es porque nos llega de la noche (…) Por la noche, cuando hemos oído por primera vez.”
4. El juego de la palabra en el espacio es siempre misterioso y único. Pero, a diferencia de las palabras de intercambio o mercancía, el juego logaédrico de la dinámica del verbo se compone de tres acciones fundamentales: transformar-transformarse, pasar, darse:
“La palabra libera. El lenguaje es una trayectoria, es nuestro camino de salida de aquí.”
¿Qué camino de salida traza, entonces, esa dinámica de la palabra? El lenguaje respira, se nos da, nos pasa. Y nos pasa para liberarnos de nuestra propia finitud. Doble trayecto del don: El don de abrir con nuestra boca un pasadizo respirado en la materia. El don de abrir con nuestra boca un pasadizo en la muerte.
5. Más allá del espacio de intercambio y comunicación, más allá de nosotros, la palabra espera y da. Espera lo indecible. Da lo desconocido. La palabra nos llama a decir eso extraño que nos pasa y que puede atravesar el espacio con el verbo. Decir. Esperar. Pensar. Hablar.
“Los comunicantes que comunican como máquinas, nunca dicen lo que saben (…) La palabra, por el contrario, se sobrepasa a sí misma, viene de más lejos que de sí misma, va más allá de lo que se puede decir.”
6. Dinámica del verbo: en su respirar, las palabras nos donan lo extraño, nos llevan a su más indecible y silencioso misterio. La palabra nos llama respirándonos, aún sin ser comprendida por nuestros hablantes, nos envuelven en su misterio comprendiéndonos. Somos comprendidos por esa palabra que nos respira, nos piensa, nos llama en su dinámica imprevisible, silenciosa, de espera:
“Las palabras nos llevan al misterio y mueren, quemadas naturalmente por nuestra respiración, en la misma combustión que nosotros y pasando con nosotros. Mueren por decirnos eso de lo que no se puede hablar.”
7. ¿Cómo aparece el pensamiento? ¿Dónde ocurre el pensamiento? ¿Cuándo la palabra abre lugar y acción para pensar? En nuestra habla, lanzamos las palabras. Las palabras buscan el pensamiento, y lo buscan con el universo ante nosotros, la materia ante nosotros. La reunión del tiempo y el espacio en un instante frágil e infinito donde el mundo se nos da por la palabra. Aquí, en el afuera y el adentro de la caverna. Aquí, en el respirar. Aquí, en la memoria. Aquí, en el habla.
“En el interior de las palabras oímos las cosas en suspenso, el mundo colgado de nuestros labios, el instante hablado, toda la materia, todo el universo colgado del instante de las palabras (…) Estamos unidos al mundo por suspenso en el interior de las palabras. El universo está unido a nosotros en el instiempo hablado (…) Aquí, donde estamos prisioneros de la palabra y liberados por la palabra (….) Aquí, donde no éramos animales que teníamos algo que decir sino animales atravesados por el placer de hablar.”
Un modo de ser de la palabra en el tiempo y en el espacio vacío en que nos comprende una forma del pensamiento es la plegaria: una forma de comprensión, por la palabra, de nuestra finitud.
“En medio del lenguaje, fuera del cuerpo en medio de nosotros hay un vacío. En el centro de todas las cosas existe el hueco de este lugar mudo, la plegaria (…) Es una detención de la palabra unida a la vista de la sangre. Es en el pensamiento, la ofrenda del pensamiento, su destrucción y su afirmación. La afirmación de un pensamiento inmóvil en nosotros comprende la muerte.”
8. ¿Qué nos dicen las palabras? Dicen el mundo. Nos dicen en el mundo. Nos hacen ver y nombrar el espacio donde las cosas ocupan la materia. La palabra llama: llama el mundo, nos llama. La palabra dibuja con su respiración un teatro donde ella, la palabra, da vida a las cosas, nos da la vida, nos piensa, nos habla, nos ama:
“Nada existe sin voz. Nada existe sin lenguaje. La palabra le dice a la cosa que falta y la llama (…) Como si ese movimiento amoroso de la palabra hubiese llamado al mundo (…) El universo está siempre inquieto.”
Hay un espacio en nosotros donde resuena el universo en que nos llama la palabra. Un verbo en el instiempo que nos ama, nos piensa, nos habla. Su nombre dice Ven.
“El verbo abierto en el fondo del lenguaje. El verbo actor, abierto y operante. En el fondo y más profundo que nosotros mismos, no hay nadie y hay una alteridad. En el fondo del pensamiento: un verbo abierto en el fondo del pensamiento: Je suis (…) Je suis escribe en ti el movimiento de la palabra (…) Ven, es nuestra aparición la que esperamos. (…) Nuestra respiración le echa en falta y su nombre es Ven. Oímos su orden en el lenguaje.”
9. ¿Puede el verbo hacer mundo? ¿Puede hablarnos? ¿Puede pensarnos? ¿Puede el verbo decirnos ven y acudid a la presencia ante nosotros? Bajo una condición: debemos aprender a sentir su danza, sin miedo… debemos aprender a oír… debemos aprender a comprender:
“En el mundo todo está ordenado y eso es lo que provoca en el hombre un miedo extremo (…) Lo que provoca este miedo extremo no es el caos de aquí, ni lo laberíntico, sino el orden absoluto de todo y la aparición súbita del universo en una lengua ordenada. Lo que da miedo no es el cúmulo, lo innombrable de la materia, sino oír una orden en su interior (…) Y oímos una orden en el lenguaje. Y oímos una orden en el tiempo. Y es bello que en francés utilicemos la misma palabra, oír, para designar a la vez el acto de oír y el de comprender.”
10. ¿Para qué se nos da esa palabra? ¿Por qué oír? ¿Para qué la danza del verbo en el espacio? ¿Por qué pensar nace de ese juego de la palabra? ¿Por qué respiramos, en su tiempo, la palabra?
“Muere sin cesar y renace continuamente; pronuncia el tiempo. Camina, hace que aparezca el espacio por el que avanza, muestra cómo el espacio nació hablado (…) El mundo está hablado desde su nacimiento. La palabra no nombra, llama. Es un relámpago, un rayo (…) El mayor secreto de la materia es el mundo verbal. El mundo es un lenguaje; nuestra palabra lo recuerda porque lo precede. El universo, al abrirse, se imprime en ti. Nada material en el fondo del hombre, excepto su boca abierta, su pasadizo horadado (…) Nacido horadado y espejo del abismo.”
LOS SENDEROS CIRCULARES DEL TEXTO DRAMÁTICO
La palabra es un don con que la memoria del mundo nos llama, nos habla, nos piensa. Primer sendero circular. La palabra es un don que nos llama, nos habla, nos piensa, y lo hace en ese espacio frágil y único donde habita el lenguaje, donde somos el habla. Segundo trazo de círculo ampliado. Y otro bucle: en esa morada frágil del lenguaje, el verbo actúa en el tiempo haciendo mundo, llamándonos a oírle en el vacío del fondo del espejo del espíritu. Y la palabra sigue aquí, en nosotros, en nuestro deseo de conjurar la muerte por el habla y la palabra, en el fluir sanguíneo de nuestro pensar con los desgarros del lenguaje en nuestro espejo.
Pero la palabra sigue aquí. En la inquietud inicial sobre las posibilidades del pensar en los márgenes de la palabra poética, en los bordes de un laberinto circular en cuya trama un texto dramático nos da a pensar. Nos da a pensar con la palabra poética. Y nos da a pensar lo que sea el mismo acontecimiento del pensar. Por los senderos circulares que la palabra de NOVARINA nos hace oír y seguir, tenemos entonces que pensar es un respirar del habla en el espacio. Pensar es un rapto de espera en el tiempo. Pensar es abrir un pasadizo secreto cual espejo del abismo. Pensar es abrir senderos hacia un adentro y un afuera, donde la palabra nos respire atravesándonos por entero. Donde el camino que el lenguaje abre en el espacio es el de los senderos inquietos de un laberinto caminado. Dice el texto teatral:
“Pensar, hablar, no es emitir ideas, encadenarlas, desarrollarlas, sino conducir a toda la palabra hasta el umbral y hasta el reverso de las palabras. Hay un pensamiento subyacente en el mismo pensamiento que siempre dice: “Ve hasta donde las palabras desanden su camino”. Ir hasta el límite, franquear una orilla, pasar de una orilla a otro, de un umbral a otro, es el movimiento respiratorio profundo, el paso, la marcha, el impulso de nuestro espíritu que es un espíritu de travesía.”
Una palabra ha dejado resonando el texto de NOVARINA: es la palabra experiencia. Y a esa resonancia la oíremos en clave hermenéutica. Así, ¿qué espacio ante nosotros inventa la palabra poética? ¿Es la palabra poética una condición que nos permite hacer experiencia? ¿Puede el pensar, a través de la palabra poética, darnos la posibilidad de la experiencia?
PALABRA POÉTICA Y EXPERIENCIA
Quizás podamos responder esta inquietud por vía de la perspectiva de GADAMER. No porque el texto de NOVARINA sirva aquí de ilustración a una mirada teórica proveniente de la filosofía hermenéutica, pues el discurso dramatúrgico expuesto da de sí un modo de comprensión de la palabra poética que, como tal, nos da que pensar. En este sentido, la filosofía hermenéutica aquí nos hace de correlato, de consonancia de pensamiento (como si fuesen variaciones de un mismo pensamiento), nos permite un abordaje de la misma inquietud presente en el texto teatral pero en un registro de discurso filosófico. Para atender a esta inquietud sobre el pensar a través de la palabra poética, el discurso hermenéutico nos da la posibilidad de captar el lenguaje como experiencia, y como experiencia constituida de logos y verbo.
Partimos para ello, para interrogar el lenguaje como experiencia, de un supuesto: dado que hemos buscado el pensar en un texto teatral de prosa poética, y puesto que asumimos que el sentido de un texto es lo que allí dice, que el sentido de un texto es la verdad que el texto nos da a leer, entonces aceptamos la condición bajo la cual leemos tal texto: comprendiendo su sentido y verdad en el horizonte histórico de nuestra representación, en el horizonte temporal del mundo que abarcamos por el través del lenguaje. Y comprendemos así ese algo que nos pasa, nos habla y nos transforma, allí, en la palabra del texto. Palabra por cuyo oír, pensamos. Comprendemos pensando ese algo que ocurre en el espacio abierto por las palabras. Pensamos comprendiendo, aquí y ahora, el sentido siempre único, cada vez, que nos abraza en el texto, hablándonos. Pues el lenguaje que vive en el hablar (que comprende, en el habla, toda comprensión) está tan involucrado en la realización del pensar tal como del interpretar.
Excede los fines de este ensayo el indagar acerca de la relación entre lenguaje y logos, por un lado, y lenguaje y verbo, por otro. Pero es preciso mencionarlas.
Lenguaje y logos. Desde PLATÓN, sabemos que el logos que hablamos por la boca es un caudal de pensar que fluye resonando (8). Y, también desde PLATÓN, sabemos que tanto en la caverna como en el ágora y el gimnasio, los hombres buscaban en el habla del diálogo nuevas formas de comprender la verdad. La llamaban alétheia: el movimiento por el que, desvelando, nombramos las cosas, hacemos mundo. Pero también era el movimiento en virtud del cual algo sucedía: la palabra se ponía en la escena de la presentación, la palabra era morada de una verdad, era morada del logos, de tal suerte que la verdad (la palabra en tanto verdad del logos) daba al hombre una mirada, le donaba perspectiva –el modo de ver algo respecto de los sentidos del habla-. Signos, indicaciones, sentido. Por la alétheia, el logos daba sentidos. El lenguaje era un espacio de signos para hacer morada, en el habla, a la verdad. Para pensar.
Lenguaje y verbo. Desde el cristianismo, en sus primeros momentos apostólicos (me refiero a JUAN, el discípulo amado) sabemos que el verbo se hizo carne. Se hizo carne y habitó entre nosotros. No nos corresponde aquí buscar rastros genealógicos acerca de las variaciones de este concepto del lenguaje como verbo y sus entrecruzamientos con la idea general del lenguaje y el logos. Sólo nos ocupa el considerar estos dos elementos como propios a nuestra tradición del lenguaje como perspectivas que hoy nos ayudan, quizás, a buscar el pensar en los bordes del lenguaje de la palabra poética.
Entonces, tenemos que lenguaje y verbo vienen a ensamblar a lenguaje y logos. En cuanto a lenguaje y verbo, señalemos algunos signos:
- El primer signo que nos da la tradición cristiana es la realización del verbo como encarnación. “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”: el verbo se hizo cuerpo, fue materia, asumió estatuto y condición terrestre. Se hizo carne, la carne el espíritu.
- Otro signo: el verbo es la palabra cuya presencia y manifestación es puro suceder. GADAMER aquí pone en relación análoga esta manifestación del lenguaje como el vínculo enigmático entre pensar y hablar, vínculo que compara al misterio de la trinidad. Analogía fundada en el lenguaje: el misterio de esa relación se refleja, sucede, en el lenguaje.
- Un signo clave: si el verbo se hizo carne en la palabra, la palabra es la posibilidad de creación por la que el mismo verbo se manifiesta en la palabra. Eso constituye el milagro del lenguaje, signo por el cual el verbo entra en la interioridad del pensamiento. Por ello, los padres apostólicos (léase AGUSTÍN, en este caso) comprendieron la relación humana entre pensamiento y lenguaje bajo el nombre de palabra interior: la palabra finita que es misterio, espejo e imagen de la palabra infinita.
Pero en su condición de finita, la palabra y el pensar humanos, atravesados por el verbo que (nos) sucede, son actos dotados de temporalidad. Somos palabra en el tiempo, palabra de tiempo, un decirse de nuestra finitud en el pensar, en el habla. La palabra emana en una relación temporal, por eso el pensar es un surgir, por eso la palabra es la realización del pensar (y por eso la palabra es clave de formación: la palabra es un accidente imperfecto y formable), y por eso pensar es un espacio de la memoria, porque busca, refleja, (nos) refleja, nos da una imagen del mundo y de nuestro estar en el mundo, como si fuera un espejo. Un espejo, un espacio abierto en el tiempo.
Esta relación entre lenguaje y verbo como la acción viva en palabra interior, tiene dos consecuencias:
a. la unidad del pensar y el decirse son un trabajo del espíritu,
b. la palabra que dice y piensa es un movimiento dialéctico entre unidad y multiplicidad, porque es humana, es finita, es accidente, es tiempo (9).
De esta manera, comprender el lenguaje como logos y verbo es un modo de comprenderlo como posibilidad de verdad y acción transformadora del espíritu. Pero esta condición doble del lenguaje no se agota allí, sino que el lenguaje es experiencia del mundo. Retomo allí lo que deja resonando el texto dramático.
En primer lugar, ¿qué es una experiencia? Ante todo, la experiencia es experiencia de finitud humana (10), toda experiencia sucede en el tiempo y está hecha de la misma materia, la experiencia es tiempo. Y la experiencia acontece en un dejarse oír, un dejarse hablar por la palabra que nos encuentra.
En segundo lugar, caracteriza a toda experiencia el hecho de que, en sí, toda experiencia es una experiencia única, singular e irrepetible. En cada caso, acontece la experiencia, y siempre diferente cada vez.
En tercer lugar, la experiencia es un modo de comportamiento del espíritu, en tanto reconocerse a sí mismo en el ser otro. La alteridad, y la palabra como alteridad, es lo que hace posible la experiencia. Por eso, la experiencia sólo es tal cuando le hemos permitido a eso que nos encuentra que nos hable, cuando nos hemos permitido oír.
En cuarto lugar, la condición y guía de la experiencia no es otra cosa sino el lenguaje. En la experiencia, nos habla el lenguaje. La palabra viene a nosotros como un relámpago, y hace experiencia: “la experiencia tiene lugar como un acontecer del que nadie es dueño, que no está determinada por el peso propio de una u otra observación sino que en ella todo viene a ordenarse de una manera realmente impenetrable (…) La experiencia surge con esto o con lo otro, de repente, de improviso (11).
Para que todo eso suceda, para que la experiencia sea, en verdad, el acontecer de la misma va de disponerse a cierta apertura: a que algo pase, y a que nos pasen nuevas experiencias. Este carácter de transformación, en nosotros, con que nos forma la experiencia es un volverse sobre sí mismo, un movimiento del saber hacia nosotros, una certeza provisoria acerca de sí, una verdad por cuyo través nos pensamos, históricamente, en el horizonte del lenguaje como el mundo que comprendemos para nosotros.
Entonces, el lenguaje es experiencia. El lenguaje es experiencia del mundo. En el lenguaje, somos captados por la palabra (12). De esto consta, precisamente, la experiencia hermenéutica del lenguaje: somos captados por la palabra, porque eso que nos dice la palabra lo vivimos como dicho para nosotros. Y esta “acepción del lenguaje” es la “acepción del mundo” (13), puesto que hay mundo porque hay lenguaje, porqué éste es su representación. El mundo es lo que se enuncia, lo que se manifiesta de él ante nosotros, en el lenguaje. Y por eso mismo, la constitución lingüística del mundo hace en nuestra experiencia la posibilidad de apertura a las más diversas relaciones vitales. Es nuestro estar en el mundo, nuestros estar con las cosas, nuestro estar con nosotros mismos y con el deseo de verdad con el que abrazamos el lenguaje, con el que oímos la palabra, nuestra experiencia humana del mundo hecho palabra en el cuerpo.
Esa experiencia lingüística del mundo es posible porque entre lenguaje y mundo hay una tensión de conocimiento: esto es, el lenguaje mantiene y guarda en nosotros la inmediatez de nuestra contemplación, de nuestro modo de mirar –conociendo, comprendiendo- el mundo por los ojos del lenguaje. Ello señala a la theoría tal como los sabios antiguos enseñaban: como un modo de ver el mundo participando plenamente en la cosa, dejándose hablar por el lenguaje y las cosas, por la palabra del mundo. Pues en ese oír, la theoría señala todo un camino del logos, un camino en el que la experiencia del mundo reside en el trabajo esencial del oír, y del oír con apertura, con acepción, estando dispuestos a una experiencia con ese algo que se oye. Y que se oye no sólo en el camino donde el logos señala a la razón, sino también hacia el mito, la leyenda, el poema. El logos, así, es ese lapso de espera en el tiempo con el que el lenguaje indica algo que se oye. En este sentido, y bajo una mirada que nos permite comprender nuestra experiencia del mundo en términos del lenguaje, dejemos oír lo que sobre la palabra poética como experiencia, y como otro signo del logos, dice GADAMER: “también la palabra poética se convierte con frecuencia en una prueba de lo que es verdad, pues el poema resucita una vida secreta en palabras que parecían desgastadas e inservibles, y nos ilustra así sobre nosotros mismos. Y el lenguaje puede todo esto porque no es evidentemente una creación del pensamiento reflexivo sino que contribuye a realizar el comportamiento respecto del mundo que vivimos” (14).
Esta experiencia lingüística –de palabra poética- del mundo es lo que nos pasa, ese algo que nos habla, y que es preciso oír. Para pensar. O al menos para seguir buscando los guiños del logos en otras direcciones de las ya conocidas y harto cultivadas por nuestras tradiciones de pensamiento en Occidente.
En ese tono, y con el giro propio de todo tránsito de laberinto circular, me permito retomar la palabra de ZAMBRANO, esta vez no para proponer con ella un ejercicio de inversión sino para dejarla resonando en lo que inquieta: “¿No será posible que algún día afortunado la poesía recoja todo lo que la filosofía sabe, todo lo que aprendió en su alejamiento y en su duda, para fijar lúcidamente y para todos su sueño?” (15).
Quizás valga la pena soñarlo, y soñarlo en laberintos al costado, para empezar a oír los signos del logos hacia otros lados, incluso hacia ese otro lado donde tampoco el poeta conoce el nacimiento y destino de su palabra, donde busca tratando de oír la experiencia que fue: ¿palabra?, ¿muerte? Al menos, arriesgo al juego de pensarlo en el trazo incierto de la palabra poética. Pretexto señalado aquí desde la palabra hecha teatro, para invitar a pensar.
Notas:
(1) G. Colli El nacimiento de la filosofía, Barcelona: Tusquets, 1996, p. 23.
(2) Ibid. p. 34
(3) M. Zambrano Filosofía y poesía, Madrid: FCE, 2001, p. 14
(4) Valère Novarina (Bélgica, 1947). Pintor, poeta, estudió Filosofía y Filología. Luego de investigar el teatro de A. Artaud, y realizar adaptaciones de Shakespeare, comenzó a escribir sus obras teatrales, entre ellas: L’Atelier volant, Le Babil des classes dangereuses, Le Drame de la vie, Le Discours aux animaux Vous qui habitez le temps, Pendant la matière, Je suis, L'Animal du temps, L'Inquiétud, L'Espace furieux, Devant la parole, L'Origine rouge, La Scène. Para detalle de su obra, producción artística y bibliografía sobre la misma, veáse su sitio web: www.novarina.com
(5) Remito a tal fin a la revista Primer Acto. Teatro Francès Actual, Valère Novarina Dossier y Antología, España: Madrid, n°292 / ene-feb-mar 2002.
(6) J. Borges "La poesía" (conf.), en Siete Noches, Obras Completas, Buenos Aires: EMECÉ, 1980. Ese mismo año, Borges es galardonado con el Premio Cervantes.
(7) Edición castellana de Ante la palabra, en Valencia: Pre-textos, 2001.
(8) Platón Sofista, 263e, 264a.
(9) He seguido estos análisis de H. Gadamer Verdad y Método I, Salamanca: Sígueme, 2003.
(10) Ibid. p. 433 Veáse también p. 420 y ss.
(11) Ibid. p. 428.
(12) Expresión de H. Gadamer, Ibid.
(13) Idem.
(14) Ob. Cit. p. 539. Cfr. Verdad y Método II, Salamanca: Sígueme, 2004. En especial, Cap. 11 “Hombre y lenguaje”, Cap. 14 “Lenguaje y comprensión”, y Cap. 15 “Hasta qué punto el lenguaje preforma el pensamiento?”. Las cursivas son mías.
(15) M. Zambrano, ob. cit. p. 99.
15 de abril de 2009
Obra teatral LOS IDIOTAS, en Auditorio de la UNSL
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El viernes 17 de abril, en el Auditorio Mauricio López de la Universidad Nacional de San Luis, se presentará la obra Los Idiotas, de Carlos Liscano
Los Idiotas, una obra sobre la difícil tarea de avanzar juntos
Dos personajes, ke y ku, se llevan el uno al otro en un espacio que podría ser un desierto, o una selva, o lugares vírgenes. Estas acciones se suceden mostrándose como metáfora de la convivencia y el “aguantarse” entre dos personas. En la puesta en escena se plantea a estos dos personajes como muñecos, tratando de retirar del conflicto problemas de género, regionalismos o religiones. Sólo se muestra la difícil tarea de avanzar juntos.
“Un trabajo con una fuerte concepción estética”. Alberto Ligaluppi para Picadero Nº 19, revista del Instituto Nacional de Teatro (INT).
Ficha técnica:
ELENCO - Vanesa González y Verónica Peinado
OPERACIÓN DE LUCES - Domingo Beltramone
DIRECCIÓN Y PUESTA EN ESCENA - Alberto Palasí
El grupo La Bandera comienza su actividad en el año 2003 a partir de un taller de teatro dirigido por Alberto Palasí, subsidiado por Becas BAS XXI, programa del Gobierno de la provincia de San Luis. En ese período, con gran afluencia de participantes, se realizó la puesta en escena de la obra de Meter Weiss, "Persecución y asesinato de Marat, representado por el grupo teatral de la casa de salud de Charenton bajo la dirección del señor de Sade", presentada en diversas salas de la ciudad San Luis.
En el 2004, La Bandera, ya de forma independiente, realizó una creación colectiva llamada Menú del Día, llevando a cabo funciones en espacios no convencionales. En el año 2005 se reabre el taller de forma independiente, momento en que se comienza la producción de la obra Los Idiotas del uruguayo Carlos Liscano, presentando varias funciones en distintas salas de las provincias de San Luis y Mendoza. En el año 2006 el grupo realiza la obra Herida, de Bernardo Cappa, realizando funciones en espacios no convencionales.
Ganador del Festival del Río San Luis 2007, en el rubro Teatro, categoría Consagrados, desarrollado en febrero de 2007 en la ciudad de San Luis. Al mes siguiente fue Ganador, en la misma categoría, del 3º Festival Los Pueblos de San Luis Cantan en el Río V, en Villa Mercedes, provincia de San Luis.
El mismo año, La Bandera participa del Encuentro Nacional de Teatro Universitario (ENTU) con Los Idiotas y Herida. En la cuarta fecha presenta Herida, en Panacea Casa Cultural, y la noche de cierre del ENTU, Los Idiotas, en el Auditorio Mauricio López de la Universidad Nacional de San Luis, con muy buenas críticas y a sala llena. El 2 de noviembre de 2008 el grupo estrena La espera espera trágica, adaptación de la obra de Eduardo Pavlosky, en Panacea Casa Cultural de la ciudad de San Luis. Actualmente, el grupo continúa trabajando con estas dos últimas obras y en la próxima producción.
Entradas: $10 estudiantes y jubilados y $15 público general (por función).
Contacto:
grupolabandera@gmail.com
O2652 15375261
Fuente: Prensa de la Universidad Nacional de San Luis.
1 de abril de 2009
3 de marzo de 2009
Recolectores de Sueños: acerca de "No te mueras sin decirme adónde vas" (E. Subiela)

RECOLECTORES DE SUEÑOS
Acerca del film No te Mueras sin decirme adónde vas (E. Subiela)
Liliana J. Guzmán
En primer lugar existió el Caos...
Del Caos surgieron Érebo y la Negra Noche...
HESÍODO, Teogonía
(y dijo Yahveh)
... hasta que vuelvas al suelo,
pues de él fuiste tomado...
MOISÉS, Génesis
Qué difícil es decir algo de una película. E innecesario. Porque las obras hablan por sí mismas, no necesitan traductores ni intérpretes. Pero, a fin de desafiar las imposibilidades y a conciencia de acuñar palabras innecesarias para una obra, me atrevo a confesar en estas líneas mi mirada. Y sólo eso. Obvio que toda obra es expuesta al infinito de todas las miradas y obvio que es inagotable en su estado dispuesto a todas las interpretaciones. Y ahí su valor, en la multiplicidad de miradas a que se da la obra. Justificativos al margen, asumo la dificultad de estas palabras en el reconocimiento de un estado de experiencia indecible. NO TE MUERAS SIN DECIRME ADÓNDE VAS es, quizás, la mayor y más compleja producción de ELISEO SUBIELA. Una obra de arte que conjura la muerte y que, consecuentemente, casi significó la muerte de su creador (1).
Lo cierto es que si no es sencillo emitir palabras sobre el film, la dificultad proviene del orden de una experiencia indecible (como toda obra de arte, no necesita de palabras que traduzcan su experiencia) tanto como del mismo nudo de la trama, de lo que va la obra, lo que hace al corazón de su relato y el sentido que SUBIELA teje como soñador romántico que hace de las preguntas artificios fílmicos de verdades/enigmas. Entonces, todo lo que se diga de la obra está de más. Pero vale esta ofrenda de un espíritu aquejado que agota sus palabras.
UN INVENTO PARA UNA PREGUNTA
"Recolectores de sueños" sería la imagen que elijo para esbozar una pequeña y parcial interpretación de la obra. La metáfora es de SUBIELA y se la pido para usarla no sólo por ser leimotiv del film sino porque me parece apropiada para ver en la obra un símbolo, o una armonía de presentaciones simbólicas que indican, en la figura de los recolectores de sueños, a un objeto de lo verosímil en el orden de lo posible para mitigar lo grave de lo imposible. Pues, ¿qué es un "recolector de sueños"? Una imagen que instaura, aquí, la pregunta: ¿es la muerte un fin de camino?
Quizás conviene esquematizar, para ensayar un sentido posible de la metáfora, el hilo de la trama fílmica:
La primera escena, en blanco y negro, transcurre en un laboratorio científico. New Jersey, 1885, William expone a Thomas A. Edison su proyecto de diseñar un aparato que registre las imágenes en movimiento: "la posibilidad de imágenes que alivien, imágenes que liberen, imágenes que curen, imágenes que devuelvan la esperanza... la maravillosa posibilidad de miles de personas soñando el mismo sueño al mismo tiempo, la posibilidad de vencer la muerte. Esas imágenes van a estar ahí para siempre: seres moviéndose, amándose, odiándose, metidos para siempre en una máquina que podrá proyectarlos en una pantalla. Como una ventana por la que puedan echar a volar los sueños liberados. Un preservador de sueños. Para que no se esfumen cuando nos despertamos, cuando volvemos a la espantosa realidad." En una escena fílmica de fines de siglo XIX, aparece un funeral bajo la lluvia: la esposa de William, cantante de ópera, ha muerto. Finalmente, William duerme mientras jugaba con una "zoetrope".
Luego la escena se traslada, en color y un siglo más, a una máquina de cine en la Argentina de los ´90: Leopoldo es un operador de cine, en una sala de barrio, que en sus ratos libres hace de inventor. De hecho, está trabajando con su amigo Oscar en un aparato que podría registrar los sueños de las personas. Una noche, luego de asistir al velorio de un trabajador del cine, Leopoldo prueba el aparato en su cuerpo: se trata de unos cables que terminan en electrodos que se adhieren a la cabeza de alguien mientras duerme, los electrodos registran las imágenes de la actividad del cerebro en ese momento del soñar, las señales son enviadas a una caja que las lee (cuyo signo es un ojo) o convierte, osciloscopio mediante, amplificándolas, haciéndolas visibles a través de una pantalla o fondo blanco.
En alguna de las pruebas de su invento, Leopoldo sueña con una mujer del siglo anterior, quien se le presenta en forma visible luego de una jornada de trabajo en el cine, en el pasillo de la sala. Al soñarla, Leopoldo comienza a sentir algo "extraño", siente amor... por la mujer de sus sueños. Luego de su aparición en cuerpo virtual y visible sólo a los ojos de Leopoldo, el espíritu de Rachel (así se llama) le acompaña a todas partes. Lo llamativo es que luego de soñar con ella, el recolector de sueños contiene en su interior una sustancia semejante a las cenizas, quizás radioactiva. Rachel pone a Leopoldo de cara a una verdad hasta ahora desconocida por él: se han amado en otras vidas, él es William inventor del cine, y ella tiene miedo de nacer en cuerpo porque teme padecer el dolor de estar viva. Entretanto, Leopoldo atraviesa una lección de vida que supera toda expectativa y lo dispone a otras miradas del mundo y la vida, entre otras, que la muerte tal vez no sea el fin de la vida, que la vida no vale la pena si no es plenamente vivida, que la vida sin sueños no es vida, y que el amor es el aguijón de la muerte.
EL SÍMBOLO EN EL ANDAMIO
De comienzo, desde la escena de 1885, dos problemas van a estar presentes y darán sentido al film: el CINE y la MUERTE. Relación manifiestamente recurrente en las situaciones de muerte de la amada de quien parece que inventó el cine, la muerte del trabajador de cine, el agotamiento del dueño del cine, la venta del cine.
Además de abordar SUBIELA otros temas propios a sus obras (vivir el amor, buscar a los padres, padecer la angustia de existir en un mundo, hacer del arte la línea de fuga de la cruel realidad) y de apelar a objetos e imágenes recurrentes en su producción (los espejos, los trenes, el tiempo), hay en NO TE MUERAS... la apelación a una constante del arte de SUBIELA (y de todo arte): la pregunta por la muerte. La muerte con relación al arte del cine, la muerte con relación al destino de los mortales, la muerte con relación al deseo por la vida, la muerte con relación a los sueños, la muerte con relación al tiempo, la muerte con relación a la misma pregunta por la muerte. Por algo el nombre indicativo de la obra: un pedido de amor que asume la conciencia de un imposible y se reconoce finito (no te mueras), en un gesto desesperado de encontrarme con el otro en el camino de lo finito (sin decirme adónde vas), en la vida.
Pero son el CINE y la MUERTE las imágenes que darán vida a esta obra. Una vida colmada de interrogantes, abundante en riqueza de imágenes reales, míticas, históricas, oníricas, científicas, poéticas. Con un andamiaje en estas dos preocupaciones inquietas y dinámicas del CINE y la MUERTE, SUBIELA hace de NO TE MUERAS... un relato-símbolo. Como arte que construye una imagen del mundo, o mundo-imagen, el cine es el arte que establece un puente para entrelazar la distancia entre lo que presenta y lo que sugiere, y allí construye símbolos, en el uso y entramado con otros símbolos, se erige en símbolo (2). Y es este film un relato romántico: atravesado y constituido por el padecimiento de sentirse vivo del hombre que se descubre arrojado en un mundo que no alcanza a comprender y, sin embargo, en el que construye mundo (por su condena al trabajo), se reconoce finito y se angustia ante la muerte (Leopoldo pregunta al robot: "¿vos sabés qué es la muerte?, ¿te metieron en tu programación la angustia de que todo esto que conocés un día se va a acabar?").
Y todo en un relato de amor. Si bien no se trata aquí de relatos para personajes wagnerianos, la historia de SUBIELA en la película es el artificio de personajes heridos de amor y de muerte, preñados de deseo de vida e inquietos de sueños. Allí su color a romanticismo: en el descubrimiento (en el alma que padece y sueña) de un lugar oscuro, cubierto en las sombras de lo que la razón no puede ver, y en la creación de una racionalidad que aúna vida y sueños para imágenes de lo aún no conocido, lo que permanece a nuestros ojos en su condición de enigma.
LO TRÁGICO Y LO IMAGINARIO
Con ese andamio en la díada del CINE y la MUERTE, el relato-símbolo de NO TE MUERAS... construye sentidos de realidad con los problemas humanos que presentan el suceso inevitable del morir, los sueños, la utopía, el tiempo, la ciencia, la música y la vida misma en su mayor expresión y posibilidad (como fecunda). NO TE MUERAS... es quizás un relato inactual (por el sello romántico de la obra) para un problema siempre actual (el existir en un tiempo hacia la muerte), con el color de lo trágico.
El film es un quiebre de límites en todos los órdenes: del acá y de algún allá, del saber cotidiano, lo experimentable y lo aún no pensado, del umbral de la vida en su tránsito por el tiempo. Entre la vida y la muerte, en ese lugar agónico, vital y propiamente humano: el lugar de la herida trágica.
Con NO TE MUERAS..., SUBIELA hace ese juego de transposiciones escénicas entre lo que fue, lo que es, el quizás de lo que haya sido o esté siendo y el nunca se sabe de lo que aún no es. Pero ese juego de transposiciones, en cierto modo, viene en el orden del conocimiento del mundo.
En tanto tal, el arte es una manera de conjurar la muerte y el tiempo, o de manifestar la cruel (pero siempre presente) herida de la que va la vida. Como modo de comprensión del mundo, el arte se sitúa entre un tiempo mítico y un tiempo histórico (y esta película no es ajena a este estado intermedio) (3). Para dar cuenta de un tiempo que narramos como el nacimiento de nuestro estado mortal y escindido (de sí, de la naturaleza y de los dioses), y atenuar el peso de lo fáctico y perecedero del tiempo histórico que nos atraviesa, los hombres somos creadores de símbolos. Son los símbolos los que en el presente de su propio acontecer hablan y dan cuenta, en ese espacio intermedio de los tiempos mítico e histórico, de los estados (humanos) de la añoranza y el anhelo, estados de los que emergen otros estados posibles, la utopía, por ejemplo. En ese espacio intermedio de ambos estados con relación al tiempo, se ponen en juego modos de saber acerca de sí, el mundo y lo desconocido, que responde a tres órdenes que Lanceros distingue en:
a) normativo-funcional: regido por saberes técnicos y prácticos, este modo de conocimiento tiene valor de uso;
b) hipotético-teórico: con las características propias de la ciencia, este conocimiento se vale de hipótesis, experimentos y pruebas, en el orden de lo "predecible" y/o probable;
c) imaginario: lo que hace a la actividad simbólica del hombre (y la construcción de la cultura) y cuyo modo es la fantasía.
Si vemos este juego escénico (de interpenetración) en el film de SUBIELA, tenemos que los personajes están ambientados y actuando en los modos de conocimiento con que interactúan con el mundo: así, tendríamos en el nivel de lo funcional a Susana cosmetóloga, Leopoldo operador de cine, y Carlitos, el robot con la voz de Gardel y "con cerebro argentino". En el nivel de lo hipotético, los pares de William y Edison (inventores del cine un siglo atrás, para registrar imágenes en movimiento, las imágenes del soñar) y Leopoldo y Oscar (inventores de aparatos extraños en un hoy real, también para registrar imágenes en movimiento, las imágenes del soñar). Y en el nivel de lo imaginario, Leopoldo y Rachel, en la frontera de lo real, lo racional, lo creíble, lo posible. Más allá de sus límites. Y Leopoldo es aquí el hombre que atraviesa todos los límites, cruza los umbrales de los tres modos de conocimiento señalados y sus límites (acción, comprensión y sospecha), atravesando un doloroso proceso de transformación a partir de su camino de aprendizaje en la vida pero, eventualmente, en compañía de quien viene de la muerte. Y ahí el valor del conocimiento simbólico: como posibilidad de dar cuenta, mediante la fantasía y la creación de imaginarios, de sus otros conocimientos, sueños, angustia, deseo. Ahí aparece el símbolo, por la vía primaria de la fantasía: pues "la primera y permanente prolongación del instinto es la fantasía. Las pasiones y sentimientos primarios se tematizan individual y colectivamente a través del imaginario; de un imaginario en continuo crecimiento: allí encuentran su sitio las mil formas de la ambición y el rostro múltiple del deseo... y se dialoga con la muerte" (4). Y entonces nace el símbolo.
Dotado cada plano, o escenario mencionado, de autonomía y carácter relativo, el hombre produce en cada uno de ellos discursos de verdad acerca del todo, con base a imperativos o axiomas correspondientes ("todo puede ser dominado", según el saber funcional; "todo puede ser conocido", según el saber hipotético; y "todo está fracturado", y por eso el saber de lo imaginario). Es allí cuando entra en escena el símbolo: como intento de restauración de lo escindido, como instancia de mediación y vínculo de sentido. Para arrojarse a la vida en la certeza de la muerte, "la única certeza... la presencia desnuda del radical trágica perpetuamente actualizado" (5). Entonces el sentido toma formas de imagen desbordante, plena en racionalidad simbólica que reúne sentidos, sentimientos, razón y pasión. Pero es un sentido que se inventa, desde la vida, en respuesta al destino de la muerte: pues "la muerte... resume la vigencia de la herida trágica, de la fisura inicial en torno a la cual se constituye el imaginario... Es la presencia indiscreta y constante de la muerte en todas sus formas lo que constituye el punto de unión de las tres escenas antes mencionadas. Y en ese punto es donde se muestra la especificidad de la escena imaginaria; pues mientras la escena normativa y la especulativa entablan una relación con la herida trágica describible en términos de explicación, captura y superación, la escena imaginaria ensaya un tratamiento comprensivo y simbólico" (6).
Asumiendo el radical trágico para la creación de símbolos, la obra de arte constituye una búsqueda de sentido metafísico entre lo bello y lo terrible (y lo terrible es el estado trágico, la herida trágica que nos hace seres para la muerte). Pues "el desgarro o herida se manifiesta como radical trágico: abismo en el que se libra eterna batalla cuya continuidad es condición de ser y devenir" (7). Ser y devenir del que el arte se apropia en términos de belleza y creando otros universos de realidad, otros sentidos de realidad, otras verdades. De este modo, el arte como símbolo del radical trágico es una manera de reunir y dialogar con la ausencia, una forma de intersección entre los tiempos mítico e histórico, de sentido dinámico y plural, de realización en el plano de lo imaginación, y a modo de conocimiento entre ambos límites del escenario del imaginario, entre la comprensión y la sospecha. De tal suerte que el arte asume lo trágico del existir humano para, en y mediante las obras, conjurar la muerte (en la condición de la contingencia, la finitud y el tiempo), esa "presencia desnuda del radical trágico perpetuamente actualizado" (8). Como también el arte asume lo trágico del existir humano en lo suyo propio, en la relación consigo mismo, el mundo y el misterio.
En esa doble esfera de la obra de arte, nace el sentido, esa creación del nivel de lo imaginario que, como el logos y el mito, tiende un puente o un lazo de relaciones evocando la totalidad primigenia. Por lo que es el sentido una "sutura simbólica de una fisura real" (9). ¿Cómo es posible, el sentido? Puesto que el desgarro de la herida trágica, fundamental y constitutivo, es lo que se convierte en perpetua búsqueda de sentido. Entonces, el símbolo se instaura en objeto implicativo de lazo o unión, de estar-con. El valor cuasi sagrado del símbolo, en Grecia (symballo), era el de ser aquella pieza que garantizaba una unidad anterior, que mantenía el recuerdo en la distancia, y que aseguraba el reconocimiento en el futuro. Y el sentido, emergente del radical trágico, se construye como radical simbólico que admite infinidad de expresiones y manifestaciones concretas, que pretende reparar la totalidad quebrada de la que el hombre es sólo un fragmento, y que asume la distancia/fisura, proclamando que el fundamento es la herida y la vida, precisamente, ese conflicto (en la certeza de estar en la vida camino de la muerte). Invención de sentido para una infinidad de sentidos, la inquietud sigue en camino de mitigar el peso y lo inevitable de lo que nos es más propio, el morir. Así en NO TE MUERAS... se deja entrever.
RACHEL, O UN ANGEL
Rachel, ¿mujer o ángel?, ¿o ambas figuras? Hasta lo visible de NO TE MUERAS... , Rachel sería el espíritu de una mujer que aún no ha podido nacer nuevamente, aún no se encuentra lista para asumir la forma de un cuerpo humano. Ocasión que se le presenta, ahora que Leopoldo la evoca en sueños. Y oportunidad que ella misma le ofrece para seguir amándose, en la vida, de una manera que a ella le haga posible el acontecimiento de estar viva y a él, la oportunidad de renacer a la vida con la plenitud de quien nace de nuevo.
Pero ¿podría ser que Rachel no fuese una mujer?. ¿Podría ser que Rachel fuese un ángel? No un ángel mensajero ni guardián ni guerrero, sino quizás el ángel tal como lo emblematizara la poesía de Rilke: un ángel que trae a la memoria la presencia de la muerte, pero para celebrar la vida. El ángel, en los poemas de Rilke, es una imagen de lo terrible: lo propio e inevitable del morir, la fragilidad de la existencia, la posibilidad del amor como antídoto a una vida sin color ni sentido. Lo terrible, en Rilke, es el reconocer que la vida es un abismo, puesto que una herida trágica nos constituye. Y reconocer ese abismo es la posibilidad de aliviar la herida y el espanto inventando sentidos. El ángel es una figura emblemática de un espacio intermedio entre el amor y la muerte, ya que "su epifanía permite desbordar la muerte y reconocerla como propia, en el espectáculo del amor" (10). El ángel rilkeano es la diferencia, la manifestación de la distancia entre tiempo y eternidad: el ángel anuncia (el arte da cuenta de ese anuncio) el devenir incesante del vivir, la fugacidad de lo humano y el anhelo de permanencia. El ángel instala la contradicción entre la vida y la muerte, el ser y no-ser. El ángel de Rilke, como la Rachel de SUBIELA, es quien anuncia a los mortales la necesidad de albergarla para implicar nuevos nacimientos:
... la muerte,
toda la muerte contener desde antes
de comenzar la vida... (11)
Porque, ¿qué hace Rachel, sino permanecer en el curso de la historia fílmica en un estado intermedio entre la vida y la muerte? ¿Qué hace este espíritu de mujer/ángel, si no mostrar la fragilidad de la vida? ¿Qué hace Rachel, sino enseñar a Leopoldo a mirar con nuevos ojos el porvenir de una existencia que se elige a sí misma en virtud de su amor? ¿Qué hace Rachel, sino orientar la mirada de Leopoldo hacia las infinitas posibilidades de nuevos nacimientos? Rachel, espíritu femenino de presencia angelical, dadora de luz desde un u-topos o ausencia de lugar, es expresión de la nostalgia de quien anhela su condición existencial. Y también es expresión del deseo de vida y anuncio destinal ante la propuesta de Leopoldo por morir para reunirse con su amada Rachel en el otro lado, a lo que ella responde: "ni se te ocurra, tenemos que encontrarnos en la vida... ya va a ocurrir".
Es Rachel un espíritu padeciente, que tampoco puede evitar ser "tango", pues padece la separación de quien ama, por eso el pedido: "la próxima vez, no te mueras sin decirme adónde vas". También enuncia su costado angelical cuando enseña a Leopoldo que debiera ser el amor "la única forma de vida posible" (quizás ahí está el milagro del u-topos señalado por el ángel: en hacer posible un mundo en el que el amor sea la única forma de vida posible). Rachel, a los ojos de Leopoldo, es la dualidad ser/no-ser en presencia del ángel, pues ya desesperado y creyendo estar loco, le dice Leopoldo: "podría ser todo una mentira, podría ser que no sos quien decís que sos". Y es Rachel la ausencia: la presencia de una forma mujer/ángel que aparece a los ojos de Leopoldo como lo imposible, pero que al hacerse posible con un beso, desaparece de la escena visible, regresa a ese no-lugar, ahora dispuesta a nacer. Pues Rachel, como los mortales, padece el deseo y los sueños: es ella quien ha soñado con su infancia jugando con una "zoetrope" girando entre sus manos, la misma que ha confesado a Leopoldo acerca de su nostalgia del cuerpo.
¿Y si fuera, también, la muerte la imagen arquetípica en forma de mujer que, como el ángel, anuncia los nuevos nacimientos en el despertar a la vida por obra del amor? Así parece haberlo aprendido, en sueños, Oscar. Tras abandonar la silla de ruedas y reencontrarse con un amor de juventud, Oscar confiesa sus inquietudes a Leopoldo: "Estoy teniendo sueños muy extraños... soñé que moría y que nacía varias veces, pero en la misma vida, en ésta... ¿Viviremos muchas muertes y renacimientos a lo largo de a vida?... porque si es así, es posible que no haya una sola muerte sino muchas. Muchas. De las que renacemos con cada cambio que la vida nos propone, con cada despertar..."
AQUELLA EXTRAÑA MUJER
En consonancia con los relatos románticos, colmados del radical trágico, el relato-símbolo de NO TE MUERAS... es un correlato del drama romántico. Si el Romanticismo fue la contracara de una misma moneda de la modernidad, si mostró las sombras de la razón a través de la aparición de imágenes de la decadencia, la noche y la muerte, también ese espíritu romántico es lo que hizo emparentar los sueños y la muerte para dar cuenta de un fundamento sin fundamento, en tanto ausencia de plenitud. Día-noche, luz-sombras, vida-muerte fueron díadas con las que el soñador romántico iba al encuentro del lado oscuro de los mortales.
Y también el Romanticismo hizo lugar a la emergencia de la música con forma de mujer, como la presencia del desgarro o la marca del destino. Así lo reflejan las historias y densidades armónicas wagnerianas, por ejemplo. Quien fuera el mayor admirador (y detractor) de la música de Wagner, supo describir a la música como a aquella "extraña mujer": la música es, decía Nietzsche, ese canto de la interioridad, ese tiempo de los minutos del alma que invitan a los mortales a la aceptación de un destino. La música es el nacimiento de acordes para nuevos nacimientos. La música es, como el ángel de lo terrible, la epifanía de las sombras, lo oscuro, la armonía que emerge entre la tensión y la extraña ternura del vivir. La música romántica, como Rachel, demarca el límite entre lo posible y lo imposible, entre lo real y lo soñado, entre la tierra y el u-topos, el lugar no conocido en el que aguardan las almas su hora de nacer.
La música, para románticos y "post-románticos", era el arte del tiempo en el que se iba la vida. La música era el arte interior que daba la vida y renovaba la vida, la abundancia de vida transmutada en fuerza creadora. La música era el tiempo para amar lo íntimo, la pasión, el dolor, las incertidumbres y enigmas del vivir. La música era la invitación a ese no-lugar en el que se cantaba a la vida, no sólo por amor a una mujer sino por amor a la música misma: al extremo que, en las fronteras del mundo y lo desconocido, quienes se atrevieron a expresar estos límites con sus décimas sinfonías atravesaban ellos mismos el umbral de sus propios límites (pienso en las obras en las que se les iba la vida a Beethoven, Mahler, Schubert.... y en este caso, con una presencia contundente de la música en el film, al mismo SUBIELA). Límite entre el mundo y lo desconocido que, en invitación al amor, Mahler sugería a Alma: "quiero llevarte a esas regiones en las que atisbamos la eternidad y lo divino" (12). Quizás la música aquí sea, en el paisaje romántico de NO TE MUERAS..., como la Muerte, una mensajera del silencio. Un espíritu que nos visita desde un no-lugar para señalarnos un destino auroral, en manos del amor y la creación, desde el silencio. En su carta VIII, de agosto de 1904, Rilke escribe a su discípulo: "Si nos fuera posible mirar más allá de lo que alcanza nuestro saber, incluso pasando un poco sobre las avanzadas de nuestro presentimiento, quizá soportaríamos entonces nuestras tristezas con mayor confianza que nuestro gozo. Pues ellas son los momentos en que ha entrado algo nuevo en nosotros, algo desconocido... surge un silencio, y lo nuevo, que nadie conoce, se yergue en medio y calla" (13)
INVENTANDO EL NO-LUGAR DE OTRO TIEMPO
¿Es la muerte un fin de camino?
En todo lugar y tiempo, el arte y todas las creaciones simbólicas de las diversas culturas, han señalado a ese enigma. Así lo muestra una obra de un arte del tiempo, como lo es el cine. En una obra de tiempo para crear simultaneidades de tiempos y configurar nuevos tiempos, esta película de SUBIELA ha dejado rastros de su inquietud vital por el arte del cine, el arte de la vida, y el acontecimiento mágico del soñar. Porque, sueño o no, la vida es ese tránsito en camino de la muerte en el que, estos animales heridos que somos los mortales, desafiamos el tiempo y morimos y renacemos y amamos para seguir vivos. Y para eso apelamos a todos los artificios simbólicos que la imaginación nos procura: desde el cine como arte del tiempo, hasta la invención de aparatos que registren los sueños y la entrega a los nuevos nacimientos que la vida nos dona.
Recolector de sueños, según Leopoldo. Preservador de sueños, para William. Productor de almas, a los ojos de Rachel. No importa el nombre. Lo que importa es que esas metáforas del ensoñar de un relato literalmente fantástico nos convoquen a un lugar de sentido para que la dinámica de los sueños nos devuelva a la vida. Para mirar, con otros ojos, a la propia muerte. Para comprender que el amor es el antídoto a lo perecedero, y que es la condición (frágil y de un instante, pero posible) de asegurarnos fragmentos de inmortalidad (dixit Platón). Y para callar, con el canto de una mujer/ángel, viviendo y amando, sin saber el lugar del no-lugar, de los enigmas.
Liliana J. Guzmán
Ficha de No te mueras sin decirme adónde vas
Año: 1995
Dirección: Eliseo Subiela
Guión: Eliseo Subiela
Producción: Jorge Rocca
Asistente de dirección: Fabián Bielinsky
Fotografía: Hugo Colace
Dirección de Arte: Margarita Jusid
Música: Pedro Aznar
Montaje: Marcela Sáenz
Intérpretes: Darío Grandinetti, Mariana Arias, Oscar Martinez, Mónica Galán, Tincho Zabala, Leonardo Sbaraglia
Voz del robot: Jairo
Notas:
(1) En la instancia de post-producción de este film, en Barcelona, Eliseo sufre un infarto.
(2) Cfr. M. Tassara El Castillo de Borgonio, la producción de sentido en el cine, Buenos Aires: Atuel, 2001, p. 104
(3) Sigo aquí, y en lo sucesivo del texto, la corriente interpretativa de la filosofía simbólica de Patxi Lanceros, en La herida trágica, Barcelona: Anthropos, 1997.
(4) Ob. cit. p. 41
(5) Ibid. p. 44
(6) Ibid. p. 45, el resaltado es mío.
(7) Ibid. p. 17
(8) Ibid. p. 44, la cursiva es mía.
(9) Ibid. p. 47
(10) Ibid. p. 196
(11) R. Rilke Elegías de Duino, IV Buenos Aires: Assandri, 1956
(12) Citado por A. Liberman Gustav Mahler o el corazón abrumado, Buenos Aires: Milá, 1986, p. 4
(13) R. Rilke Cartas al joven poeta, Madrid: Alianza, 1996, p. 80
26 de febrero de 2009
Clip García-Aznar Estoy hablando a tu corazón
ESTOY HABLANDO A TU CORAZÓN
(Charly García-Pedro Aznar)
Del álbum "Tango" -1986-.
Link en http://www.youtube.com/watch?v=uJzjf5s6SX8
Oh no puedes ser feliz
Con tanta gente hablando a tu alrededor
Oh dame tu amor a mí
Le estoy hablando, hablando, hablando a tu corazón
Cuando estas muy sola, sola en la calle
Con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor
Necesitas a alguien que te acompañe
Le estoy hablando, hablando, hablando a tu corazón
No importa el lenguaje ni las palabras
Ni las fronteras que separan a nuestro amor
Quiero que me escuches y que te abras
Le estoy hablando, hablando, hablando a tu corazón.
17 de febrero de 2009
Pequeñas doctrinas de la soledad (M. Morey)

Pequeñas doctrinas de la soledad
Miguel Morey
México: Sexto Piso, 2007. Colección Noesis
460 pags.
Los casi treinta ensayos (escritos entre 1976 y 2007) que componen este libro invitan a sonar en el oído y memoria del lector el mundo abierto entre la filosofía y la literatura, o la poética trazada en otras artes (el rock, el teatro) con ecos de canciones como Like a Rolling Stone (Bob Dylan), o Soledad Jujuy 1941 (Atahualpa Yupanqui). En la primera de ellas, por su energía inagotable escrita en la soledad de las palabras que sienten y piensan (How does it feel to be without a home like a complete unknown, like a rolling stone?), en la segunda, por su tejido de experiencia construida en la palabra de un viaje interior a la soledad, a la soledad transitada por caminos de piedra (“en el viento que pasa y en la estrella que sueña, aprenderé canciones para mi soledad”). En ese puente entre el entusiasmo inspirador y la soledad escribiente, encontramos al filósofo proponiéndonos un texto compuesto linealmente por cuatro problemas de contenido filosófico, y transversalmente por un estado de inquietud que genera inquietudes, que hilvana esos problemas filosóficos en la mayor decibilidad de la pregunta filosófica por ¿qué (nos) pasa?, o la pregunta por la experiencia de pensar(nos), hoy. Globalmente, los cuatro problemas enunciados serían: la relación entre filosofía y literatura como un lugar del pensar, la formación como invención o relato, el tiempo como soledad, la experiencia de la palabra, del sonido y de la lectura como un ejercicio del pensamiento.
¿Qué sentidos traza la posibilidad de vincular obras de Michaux, Beckett, Burroughs, Descartes, Lowry, Bataille, Rollings Stones, Artaud? Los primeros guiños de Miguel Morey en Pequeñas doctrinas van orientados a poner en nuestra imaginación una cámara móvil por los laberintos escriturales de esos autores, cual envites a pensar(nos) y demorar(nos) en la palabra de los márgenes, de los “excesos”, de la meditación filosófica que abre y hace posible el deseo de gritar el pensamiento entre sus bordes, la voluntad creadora por entre los pliegues de los dogmas, las verdades, las normas, los protocolos, lo simple, lo santificado, lo determinado, lo incierto del entrelíneas sostenido Satisfaction (I Can´t Get No) lo… Desde palabras que quiebran el orden de las palabras. Desde heridas abiertas que abren y horadan las palabras. Desde la inquietud calma y entusiasta por decir-se, escribir-se, hablar-se en el lenguaje sentido de aquello que (nos) pasa, de nuestra experiencia, allí Morey busca los lugares para las preguntas, los lugares para pensar desde otros lugares, otros signos, otros gestos, otras miradas. Las miradas y signos de la errancia, del cuerpo, de los viajes, de la música, de los animales, de la risa, de la locura. Desde lo que no habla con el lenguaje instrumental sino con el poema, los riff de las canciones que desbordan en belleza nuestra memoria, los excesos de las carencias.
El hilo de Ariadna que teje una segunda secuencia de textos de Pequeñas doctrinas de la soledad se deja visualizar por la pregunta acerca de la inquietud de la formación. De la formación en, desde, con cierta voluntad de estilo. María Zambrano y Friedrich Nietzsche son fuente, entre otros, de este segundo tramo de textos. La resonancia de ambos autores en este conjunto de escritos está atravesada por la llamada de Nietzsche al lector-oyente, el lector-paseante, el lector-capaz de danzar con el pensamiento. Danza del pensamiento que, en este caso, en este libro, se “define” u orienta en aquella voluntad con deseo de leer, escribir, pensar. O cierta voluntad de escritura filosófica. Con ello, Morey nos recuerda algunas nociones o enunciados acaso olvidados en la filosofía académica, o que no cotizan en el mercado de lo rentable, medible, comprobable, en el panorama actual dadas las circunstancias de hoy. Tales enunciados son aquellos que nos recuerdan que antiguamente, prosa y filosofía nacen simultáneamente (Anaximandro), que la “razón” no está tan alejada de los mitos, que la escritura es una experiencia que nos permite asumir la conciencia de una palabra memorable, que la experiencia poética no es un imposible para la experiencia filosófica, para el filosofar. En suma, que la filosofía es y ha sido siempre “literatura, es decir: palabra memorable que conserva el testimonio de lo que es la experiencia de los hombres cuando se hace pensamiento” (1). Testimonio de cuya experiencia ya vemos hecha escritura (dialogal) en toda la obra de Platón, clásico que en este libro tiene un lugar no sólo transversal sino, más aún, inspirador y clave.
Dos preguntas articulan un tercer apartado de textos, ellas enuncian: primero, ¿qué es un poema en prosa?, y segundo, ¿por qué se escribe? Quizás como respuesta fragmentaria y sugerida, aquello que se nos dice desde María Zambrano a esa pregunta sobre ¿por qué se escribe?, ilumina algunos atisbos del pensamiento y la pluma para la primera pregunta, sobre el modo de ser de un poema en prosa. Y es que el interrogante clave para este tercer grupo de ensayos es la pregunta zambraniana ¿por qué se escribe? Y se escribe para “defender la soledad en que se está”… “se escribe para reconquistar la derrota sufrida siempre que hemos hablado largamente”… ¿Por qué se escribe? El llamado de las palabras al ejercicio filosófico por la inquietud escribiente aquí se traduce en esa morada solitaria del tiempo, la subjetividad y las palabras. En esa soledad hablante que (se) escribe, (se) dice en la voluntad, el deseo y el acto de dar con el hilo de las palabras, como dice Morey. Y en esa soledad escribiente, las palabras (nos) inventan sentidos para la soledad, para el abismo, para la noche sin sueño y sin lenguaje del tiempo, para la experiencia de un viaje oscuro, insondable, hablado y escrito entre los trazos de la inquietud por aquello que somos, animales de preguntas, de preguntas escritas en soledad.
Walter Benjamin es la figura inspiradora y el corazón del pensar en el cuarto apartado del libro, como reunión de todo lo pensado e interrogado previamente. Y es que en las preguntas de Benjamin, en sus pensamientos caminados, Morey encuentra las pistas para seguir viaje en la inquietud por el pensar entre los bordes y los pliegues de la palabra que poetiza, de la escritura danzante, de la soledad escribiente en trazos de poeta. En los signos de Benjamin, Morey encuentra los hilos para ese hilván de las palabras al que (nos) convoca en cada página de su obra. Con Benjamin, el filósofo traza el mapa de la inquietud traducida en la necesidad del viajero por caminar, leer, escribir, pensar. Y en esa experiencia, la recuperación de cierta actitud contemplativa y hoy acaso necesaria en tiempos de agotamiento de las verdades, de enclaustramiento de las reproducciones de manual que se arrogan el nombre de “filosofar”, allí nos propone la tarea (urgente) del filosofar, del pensar con la palabra, en las preguntas, y de la mano de la escritura literaria, de la palabra poética.
En suma, Pequeñas doctrinas de la soledad, como toda la obra escrita y enseñante de Miguel Morey, es –cada vez, en cada texto- un llamado renovado a aquello que nos toma de los hombros para sacudirnos de los riesgos al cotidiano e instituido embrutecimiento creciente: aquella llama persistente, entusiasta, vital, comprometida ética e intelectualmente por reclamar al pensamiento un ejercicio y estado de lucidez filosófica, como pasión y tarea (2). Como preguntan las palabras que suenan blowin`in the wind, y que enuncia el canto del poeta:
En el viento que pasa y en la estrella que sueña,
aprenderé canciones para mi soledad (3).
Liliana J. Guzmán
Febrero de 2008.
Notas:
(1) Morey, M. Pequeñas doctrinas de la soledad, México: Sexto Piso, 2007, p. 266
(2) Morey, M. El orden de los acontecimientos. Sobre el saber narrativo. Barcelona: Península, 1988.
(3) Baguala de Yupanqui (Soledad Jujuy, 1941), musicalizada por Pedro Aznar, grabada en Parte de volar (Tabriz, 2002).
3 de febrero de 2009
Ensueño de Hadas

ENSUEÑO DE HADAS
Texto homenaje a Eliseo Subiela, por su obra más "femenina" (Pequeños Milagros, 1997). Una de las escenas más emotivas del film, en memoria de Francisco Rabal, se encuentra en este vínculo por su propio director:
http://www.youtube.com/watch?v=4GD1plCamNk
Había una vez un hada que quedó atrapada en este mundo, por eso "... déjame alcanzar el cielo para ti". Pero, ¿dónde es posible ese cielo que alcanzamos por amor?, ¿en el otro lado, en éste lado, o en ese espacio intermedio habitado por cuerpos reales e imaginados que dan vida a otra vida con milagros, sueños y juegos de identificaciones y desidentificaciones con las que se elige ser quien se es? ¿Qué es ese cielo en el que soy por y para un otro? ¿Dónde está ese cielo que asiste al nacimiento de otra mirada en un cuerpo ahora mío? ¿Es posible, ese cielo?, ¿dónde, en el mundo real, o en el país de los sueños?
ELISEO SUBIELA parece señalarnos a ese cielo como al lugar de los PEQUEÑOS MILAGROS (1997) (1), o al reino soñado de un hada, o de quien sueña ser hada. O de quien pudiera cantar alguna canción indescifrable, como en el film, o como cierra títulos en la voz de quien susurra:
... deja que un milagro de amor
se despierte en tu corazón...
Narra SUBIELA en la voz de Rosalía (Julieta Ortega) al oído de su padre: "Había una vez un hada que vino a la tierra a cumplir una misión y quedó atrapada en este mundo. En este mundo, las hadas pierden su inmortalidad, pueden morirse como cualquiera. El hada había perdido sus condiciones mágicas y estaba muy triste por las injusticias y atrocidades del mundo de los humanos frente a las cuales sentía que muy poco podía hacer. Un día decidió dejar de buscar las puertas para volver a su mundo. Pero si se iba a quedar en éste, quería que le pasara algo muy especial. Basta de truquitos, se dijo, vamos a ver si somos capaces de hacer un milagro en serio. El gran milagro. Y un día, el gran milagro se produjo..." Pero, ¿cuál es ese milagro? ¿Ser un hada? ¿Existen las hadas? ¿Es posible alcanzar ese cielo, en este lado, en el que los milagros y las hadas convivan con la realidad? ¿No será el amor, el cielo de las hadas?
Lo verosímil juega con lo real y lo fantástico, en el film PEQUEÑOS MILAGROS. Y entonces es posible preguntarse acerca de lo real e irreal sobre la posibilidad ya no de la existencia de las hadas sino de los milagros, la facticidad del cuerpo y el poder de la mirada.
I
Son los MILAGROS una realidad irreal, dada la procedencia enigmática de su propio acontecer. Según dicen quienes saben del tema, los milagros serían acontecimientos que provienen de fuerzas extrañas a la voluntad humana. Los milagros serían intervenciones de orden "sobrenatural" en el orden de lo "natural", o el orden establecido, o la realidad así conocida por tal. Acontecimientos que instauran discontinuidades en el curso virtual de la “linealidad” de lo real, los milagros pueden ser apreciados como tales sólo en quienes dispongan para ello su fe y su mirada, es decir, no hay milagros para quien no esté dispuesto a ver y creer. Pues los milagros son como los sueños, una realidad de la que nos permanece velada su verdad con valor de objetividad y exterioridad. Los milagros, como los sueños, son reales sólo en quien así los padece, los vivencia como tales. Esa sería la condición (singular) de su posibilidad: en el terreno de la vivencia, en tanto experiencia propia y, en cada caso, siempre única, intransferible.
En este film de SUBIELA, los pequeños milagros se reservan la posibilidad, en todo el film, para el gran milagro. Los pequeños milagros del hada Rosalía anticipan la verdad de ese gran milagro que es dado de acontecer cuando los pequeños ya no pueden ser. Son del orden de los "pequeños milagros" algunos grandes acontecimientos de este relato, tales como:
... el reencuentro de Rosalía con sus padres,
... lo real indescifrado de cantar una canción al despertar, "una canción que nunca aprendí y en un idioma que no conozco",
... la vuelta a la vida "real" de este estado de ser-mujer luego del encuentro con el padre (este padre mortal al que tanto le asusta el paso del tiempo),
... el ver -más allá- de sus amigos ciegos con los ojos del alma,
... la percepción en los ojos del físico (Antonio Birabent) de la tristeza de Rosalía esperando el bondi,
... el sueño de la maternidad (ese deseo que aparece cada vez que un bebé es visto o soñado),
... el quiebre del hada en manos de las otras hadas (o la inauguración de otro estado, "terrenal", más humano de la mujer que hay en Rosalía),
... la posibilidad de alterar el orden de los objetos por acción de la mirada,
... la música que combina versos poéticos y preguntas de Pessoa con el adagio para Oboe de Marcello (2),
... el saber que es un don, y misterio, esto de "ser un hada",
... el "ojo salvaje" cibernético, que sobrevuela imágenes de distintos lugares de este mundo a un mismo tiempo,
... la salvación de la muerte, por un hada, en los sueños de todas las noches de Rosalía,
... el aligeramiento de la rutina (y el hastío) que da el cotidiano transcurrir tras una caja registradora sumada a otras tantas en pleno ruido del mercado...
... el llevar admiración o alegría a un alma en tránsito de rutina, aunque prefiera no oír...
Pero hay un gran milagro. Luego del quiebre de su estado de hada, Rosalía no puede evitar la contradicción entre el dolor de su tristeza solitaria y la nostalgia de ese estado perfecto de la ilusión ser un hada. Ahora es una mujer, se sabe mujer, se siente mujer. Rosalía se dispone al encuentro de ese gran milagro: una mirada de amor con un hombre que no la ve hada, la ve mujer, la espera mujer, una mujer tan dueña de su mirada como de su cuerpo. Milagro del tiempo para un tiempo que ha permanecido solidario con, en todo el film, cierta duración de lo real (con el ruido de las cajas de supermercado, los horarios de llegada del ómnibus, el viaje en ómnibus, el peso de los días, los meses y los años que hacen olvidar el cuánto pero aumentan la necesidad humana del hada-mujer que solicita a sus padres mortales), el gran milagro se manifiesta con todo su efecto por desvanecer esa linealidad de lo real para la simultaneidad de lo nuevo que viene con una mirada de amor (el giro inmediato de las antenas satelitales con el Gloria de J. S. Bach que consuma la irrupción de la novedad).
II
El cuerpo es una realidad, en PEQUEÑOS MILAGROS, desde la ilusión por creer que soy un hada. Mi cuerpo es una realidad, y su imagen me es devuelta por el espejo, ese lugar incierto pero mío para los juegos de mis identificaciones.
En la interpretación de Chantal Maillard, a propósito de la construcción de universos imaginados poéticamente, respecto del CUERPO, habría dos modos de comprensión implicadas: todos los cuerpos reales son trascendentes (ajenos al sujeto que los conoce, es decir, representados mediante un acto de la imaginación), e inmanentes (son los cuerpos que no le son ajenos al sujeto por ser procurados por su propia imaginación, son imaginados e imaginarios) (3). En esta dicotomía, trascendencia e inmanencia me proporcionan la posibilidad de hacer de mi cuerpo un objeto de presencia, representación y reflexión. Siendo los cuerpos trascendentes la condición de posibilidad de los cuerpos inmanentes que la imaginación procura (4), Maillard distingue los cuerpos en: a) de imaginación representativa: cuerpos susceptibles de transformarse en imagen; y
b) de imaginación simbólica: imposibles de transformarse en imagen.
Entre los cuerpos de imaginación representativa, aquellos que se transforman en imagen a partir de la realidad, encontramos cuerpos reales y cuerpos ficticios. Cuerpos reales son los cuerpos ajenos representados en la consciencia del sujeto. Cuerpos ficticios son los cuerpos propios tanto como los imaginarios: cuerpos ficticios propios son aquellos imaginados a partir de una representación, en los que la ficción se establece por similitud con la realidad; cuerpos ficticios imaginarios son aquellos también imaginados a partir de una representación, pero en los que la ficción se establece por diferencia con la realidad.
En el terreno de los cuerpos de imaginación simbólica, Maillard incluye cuerpos infinitos y cuerpos imposibles, que "no se transforman en imagen, aunque sí son representables simbólicamente", por ej. el no-gato (5).
A riesgo de aventurar una transposición, podríamos suponer que hay todo un juego de relaciones con el cuerpo (y los cuerpos) en PEQUEÑOS MILAGROS. Rosalía, la joven mujer que sueña que es un hada, es un cuerpo ficticio propio: al encuentro con otras chicas, esta chica que sueña que es un hada se convierte en mujer. Y pone en duda su condición de hada ("¿qué clase de hada soy?"). Es ahora una joven de este mundo en un hoy que le gusta vivir aunque con miedo, por eso la alegría de descubrirse bella luego del coiffeur y las nuevas prendas, y el asombro de la pregunta ante el espejo: “¿seguiré siendo un hada, no me castigarán por ser tan vanidosa?”. Claro, pero esta imagen que devuelve el espejo, ahora, se trata de la imagen de un cuerpo de mujer, la misma que se levantaba y cantaba frente al espejo la canción indescifrable del hada. Cuerpo ficticio pero propio, Rosalía se descubre tal como es a partir de un juego de reflexión de la conciencia frente al espejo de sí misma. Es ahora una mujer, ya no un hada.
Un cuerpo ficticio imaginario, diferente al cuerpo de las mujeres tal como se manifiestan en lo real, sería el del hada que visita en sueños a quien creía ser hada: en sus sueños en blanco y negro, Rosalía está a punto de morir o en situaciones de riesgo extremo y un hada acude a salvarla. Se trata de un hada tal como en los cuentos y relatos fantásticos: un cuerpo angelical envuelto en un aura, con alas enormes y ropas blancas. El hada de Rosalía durmiente es una figura maternal y salvadora, que cada vez que aparece dice algo en silencio. Sus labios marcan "la muerte no existe", secreto que Rosalía devela ya casi en el final de la trama del film. Pero es un hada, ese personaje de los sueños, es un hada con cuerpo de mujer pero papel y misión de hada, y cuyo modo de ser difiere de la mujer real con cuerpo real. Es un hada. Estos cuerpos ficticios imaginarios de las hadas, según lee Rosalía al comienzo del relato, serían aquellos "seres fantásticos que se presentan bajo la forma de mujer, a quienes se les atribuye poder mágico y en donde adivinar el futuro. Su principal misión es ayudar a cumplir los deseos de los demás". En el caso de Rosalía, y más allá de sus pequeños milagros para ayudar al deseo de su entorno familiar y afectivo, el hada de sus sueños es quien asiste a la mujer llamada Rosalía en el deseo que, por vía doble, más le preocupa, y que corresponden a las preguntas de sus miedos: “¿podré enamorarme de un hombre?, ¿podré tener hijos?, ¿seré amada, alguna vez?...”.
Y quizás, entre los cuerpos infinitos e imposibles del film, aparecerían mundos imaginarios tales como el reino de las hadas, universo imaginado que tanto desvela a Rosalía. Pues el reino de las hadas es un artificio de su imaginación para señalar ese mundo (nuevo) que tiene ventanas a éste (ensombrecido), ese lugar donde viven las hadas y que no se corresponde con la triste realidad que aqueja a los hombres del mundo de hoy. Ese lugar soñado por Rosalía como el reino de las hadas sería un no-lugar, un no-mundo, un espacio imaginario que vendría a representar un lugar de tiempo, de un tiempo diferente al que transcurre fotografiado en la película. Descripto por SUBIELA, en un fragmento del guión: "el reino de las hadas es un misterioso territorio que convive con nuestro mundo... hay entradas a ese mundo mágico, afortunadamente a salvo de nuestro ruidoso y salvaje tiempo". Pero ese reino es sólo real y verdadero en las palabras de Rosalía. El reino de las hadas, aquí, no tiene forma ni lugar específico o estado real, ni representación. Es sólo un lugar ensoñado en la palabra de Rosalía.
Y desde luego, están los cuerpos reales. Todo el relato está colmado en figuras y personajes de una realidad, con la historia propia del cuerpo real en la vida cotidiana de Rosalía: una madre frustrada (Ana M. Picchio), un padre asustado (Héctor Alterio), las compañeras envidiosas del supermercado, los 27 años, los hermanos desconocidos pero que existen en verdad, los bebés ante cuya presencia sueña con su bebé, los amigos ciegos por cuya mirada vela todo el tiempo que no trabaja en el supermercado, las personas tristes en las calles y plazas, y él, quien siempre ha estado dispuesto a venir a esta extraña mujer con su mirada.
III
La mirada es una toma de un horizonte que excede, definitivamente, el alcance recortado (y acotado) de la realidad.
El alma habita otro reino, dice María Zambrano, y llama a ese reino claro del bosque: un centro donde no siempre es posible entrar, un templo del tiempo y la luz con que el corazón hace lugar al mundo y la vida, y que se descubre como un don (6). Para llegar a ese claro del bosque, es ineludible el papel de la mirada, o el iluminar de lo que Zambrano designa con la palabra visión. Los claros del bosque no se descubren luego de tanto buscar, a los claros del bosque se llega cuando la voluntad cede a la entrega y se dispone a la visión. Siendo una visión traducida en arte de mirar, se trata de una mirada que instaura discontinuidad. La visión acontece en un instante de quiebre donde la imagen se hace real, donde pensamiento y sentir se identifican y proyectan sin sombras de anularse. Y ahí comienza la vida nueva, o el despertar a otra vida, aunque ella suceda en este lado, en la orilla de lo finito y perecedero. Pues, ¿cómo se hace para vivir en este lado? ¿Aprendiendo a mirar? ¿Atreviéndose a otro modo de la visión?
La imagen zambraniana para la visión, esa vía en camino del claro del bosque, es de sentido primordial: la llama, el fuego. La llama de la visión es tan develadora como cubierta en misterio. La llama de la visión funde, en ese instante del mirar, sentido y realidad, y en ese fundir inaugura la belleza como la posibilidad de su propio vivir que se enciende por sí mismo, como el gran milagro del hada-mujer: "la llama que es la belleza misma, pura por sí misma. La belleza que es vida y visión, la vida de la visión. Y, mientras dura la llama, la visión de lo viviente, de lo que se enciende por sí mismo" (7). Quizás nada más revelador que la carta de don Francisco a su amada ciega, que entrelíneas dice: "... no entiendo por qué, si usted no me ve, cuando me mira yo siento algo que no he sentido desde la adolescencia. Tanta gente ve pero no mira. Usted no ve, pero nadie nunca me ha mirado así... Sus tinieblas son, para mí, la parte más luminosa de mi corazón".
Tal vez algo de esa visión se refleja también en la imagen que devuelven los espejos, esos objetos constantes en el cine de ELISEO SUBIELA, pues los espejos son en PEQUEÑOS MILAGROS la medida del tiempo. Los espejos de Rosalía son la medida de un tiempo para la mirada de sí: los espejos traducen los momentos de celebración -en otro tiempo- en los salones de baile, los espejos reflejan el cuerpo de hada-mujer con el cantar del alba, los espejos son esos objetos que reflejan un "ya estás lista, Rosalía" como también la nostalgia del "soy un hada" en un juego identitario de transformación. Y el padre también es un espejo, en cuya primera mirada exclama: "¡sos una mujer!".
Quizás esas visiones del espejo sean los lugares y tiempos donde ambos mundos, el real y el de las hadas, se encuentran... entre un parpadeo y otro. Pues ¿dónde, sino en los espejos, descubre Rosalía su belleza de mujer? ¿Dónde habitan sus miedos (de vida, de futuro, de posibles, de sueños) sino en sus incertidumbres frente a las imágenes que de sí tiene, frente al espejo? ¿Dónde nace su deseo del gran milagro, sino en el espejo en que se ve mujer real de cuerpo real? ¿Dónde se viste de fuego, Rosalía, sino en esa imagen frente al espejo donde sus ojos la traen a la vida?
Porque sin esa mirada reflexiva que acontece en el espejo, no hay disponibilidad en el cuerpo -ahora real y propio- de Rosalía para la espera del gran milagro. El encuentro con el otro, en el mirar. Milagro de mirar más allá de la vista cotidiana, más allá de la apariencia de lo real.
IV
¿Cómo se hace, para vivir de este lado? Pues, como Rosalía leía en Pessoa, éste lado sería el lado de fuera de la muerte: "la vida es el lado de fuera de la muerte... tanto es así que el lado de afuera es el que se ve". Por eso la pregunta del hada-mujer: "¿cómo se hace, para vivir de este lado?"
Quizás, en este lado, la vida sea ese lapso de tiempo que nos es donado para aprender a descubrir que la vida es un milagro, que un sí mismo frente a un espejo es un milagro, pero que el gran milagro sucede cuando nos permitimos hacer lugar a la mirada, a otro modo de la visión. Tal vez la respuesta más sensata a la pregunta de Rosalía es la certeza que el científico compartía con su bella compañera canina, Lola: "¿Lola, sabés qué me quita el sueño? Tengo la certeza que las señales están, pero no las miramos de manera adecuada". Será cosa de disponerse al milagro de otro mirar, para hallar (y crear) otros modos de la visión, más allá (y más acá) del sueño de las hadas.
Sinopsis de Pequeños Milagros
Rosalía es una empleada de supermercado que sueña, ensueña o imagina ser un hada. De pronto, su extraño mundo solitario se rodea de personajes que buscan amor (dos ciegos, sus padres, varias muchachas corrientes), hasta que el camino del hada parece devenir en un encuentro de amor con un joven investigador de física que contempla fotográficamente al hada-mujer en el mayor de los silencios. Todo el film se llena de preguntas sin otro destino que el preguntar y palabras poéticas oníricas (entre otras, de Pessoa).
Ficha técnica
Argentina (1997), 105 min.
Intérpretes: Héctor Alterio, Julieta Ortega, Antonio Birabent, Ana María Picchio,
Mónica Galán, Francisco Rabal, Guadalupe Subiela
Guión y Dirección: Eliseo Subiela
Producción: Eliseo Subiela, Omar Romay y Ricardo Avelluto
Producción ejecutiva: Sabina Sigler
Jefe de Producción: Susana Castiglioni
Asistente de Dirección: Eduardo Ripari
Fotografía: Daniel Rodríguez Maseda
Cámara: Daniel Rodríguez Maseda
Dirección de arte: Margarita Jusid y Rubén Greco
Vestuario: Ruth Fischerman
Montaje: Marcela Sáenz
Música: Osvaldo Montes
Sonido: Carlos Abbate
Notas:
(1) Protagonizada por Héctor Alterio, Francisco Rabal, Julieta Ortega, Ana María Picchio, y Antonio Birabent.
(2) Concerto in D minor, para oboe y orquesta.
(3) C. Maillard La razón estética, Barcelona: Laertes, 1998, p. 169
(4) Ob. cit. p. 175
(5) Ibid. p. 177
(6) M. Zambrano Claros del Bosque, Barcelona: Seix Barral, p. 11
(7) Ob. cit. p. 51
21 de enero de 2009
Gimme Shelter (Rolling Stones)
GIMME SHELTER
Escrita por Mick Jagger y Keith Richards, Gimme Shelter nació como un juego, en un boceto melódico de Richards mientras Jagger estaba trabajando en el filme Performance (D. Cammell-N. Roeg, 1968-1970). Sobre su grabación y la del disco, Jagger comentó en una entrevista de la Rolling Stones en 1995: "fue una muy dura y muy violenta era. La Guerra de Vietnam. Violencia en las pantallas, los robos y los incendios. Y Vietnam no fue la guerra típica que conocíamos en el sentido convencional..." (1).
La canción fue producida por Jimmy Miller y grabada en Londres, en 1969 (álbum Let it Bleed). Con una lírica bella y comprometida con la paz mundial, Gimme Shelter sumó a su singular musicalidad la hermosa voz negra de Mary Clayton. La poética dice:
Oh, a storm is threat'ning
My very life today
If I don't get some shelter
Oh yeah, I'm gonna fade away
War, children, it's just a shot away
It's just a shot away
War, children, it's just a shot away
It's just a shot away
Ooh, see the fire is sweepin'
Our very street today
Burns like a red coal carpet
Mad bull lost its way
War, children, it's just a shot away
It's just a shot away
War, children, it's just a shot away
It's just a shot away
Rape, murder!
It's just a shot away
It's just a shot away
Rape, murder!
It's just a shot away
It's just a shot away
Rape, murder!
It's just a shot away
It's just a shot away
The floods is threat'ning
My very life today
Gimme, gimme shelter
Or I'm gonna fade away
War, children, it's just a shot away
It's just a shot away
It's just a shot away
It's just a shot away
It's just a shot away
I tell you love, sister, it's just a kiss away
It's just a kiss away
It's just a kiss away
It's just a kiss away
It's just a kiss away
Kiss away, kiss away
Enlaces en video a esta canción hay en You Tube, con muchas opciones, entre ellas:
http://www.youtube.com/watch?v=LJMnES7WoT4
o también:
http://www.youtube.com/watch?v=FGZlAi7N1wk
o ésta, fantástica (de la gira Bridges to Babylon, 1997), con link en:
http://www.youtube.com/watch?v=W0J3XCGeIIU
En tiempos de renuevo global, me pareció bonito compartir esta canción. Hermosa, ¿no?
Notas:
(1) Wenner, Jann. "Jagger Remembers", Rolling Stone (14 de diciembre de 1995).
15 de enero de 2009
Stand there listening (Jim Morrison)

Stand there listening
Stand there listening
you will hear them
tiny shapes just beyond
the moon
Star-flies,
dismal fronds
stirring ape-jaws striving
to make the morning
mail call
Cry owl.
Hark to the wood vine.
Suckle-snake crawls, gnawing
restive
I know you.
The one who left to go
warning. Wishless now
& sullen. Transfer
deferred.
Steal me a peach
from the orange tree
groove-keeper
She fell.
James Douglas (Jim) Morrison
1943-1971
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